Investigación
Un investigador cordobés participa en una expedición en el Amazonas inexplorado hasta ahora por la ciencia

Agustín Camacho en la expedición en el Amazonas.

El pasado mes de noviembre, una expedición de investigadores exploraba por primera vez uno de los últimos rincones del planeta que no habían sido visitados para la ciencia. Se trata de Serra do Imerí, una zona al sureste de la región del Auyantepui, conocida por la novela de Arthur Conan Doyle El mundo perdido. Y hasta allí ha llegado el investigador cordobés Agustín Camacho, el único español en formar parte de esta aventura.

Camacho, de 43 años, lleva casi una década evaluando y desarrollando sistemas para medir tolerancia térmica en animales de diferentes lugares. Y, dada su especialidad, formó parte de esta expedición científica en busca de nuevas especies en este rincón del Amazonas, según ha explicado a Cordópolis.

La expedición aunaba a la Universidad de Sao Paulo y al Ejército de Brasil con 17 científicos y 22 soldados en el campo de investigación, además de otros muchos militares implicados en el transporte del material y la acogida de los investigadores para su viaje a través de la Amazonía, hasta el lugar de la expedición, propiamente dicho. El investigador cordobés colabora en proyectos de la universidad brasileña desde hace años y esta expedicion se había quedado en el tintero por culpa de la pandemia del Covid.

Zonas nunca antes exploradas

Agustín Camacho explica que la zona escogida para la investigación es “una de las regiones más antiguas de la tierra y cuenta con un sinnúmero de especies, muchas de las cuales han quedado relictas a zonas de altitud y valles nunca explorados antes, dentro de esta región montañosa, situada al norte de la Amazonia”. Se tratan de hábitats de altitud, que van desde los 1.400 a algo más de los 2.000 metros y, “estos probablemente no hayan sido pisados antes por el hombre, apenas hay algunos poblados yanomamis a decenas de kilómetros y ellos no suben por no haber expectativa de encontrar recursos, y tal vez por el mal tiempo y la geomorfología, bastante adversos para la actividad humana”.

De hecho, cuenta este investigador cordobés que la ayuda del Ejército fue fundamental, preparando un campamento y trasladando a los investigadores y el material hasta esta zona, por medio de transporte fluvial y aéreo, tanto en avión como en helicóptero.

“El objetivo de la expedición ha sido identificar especies nuevas para la ciencia, o nunca antes registradas para Brasil, pues esta zona está cerca de la frontera con Venezuela. Además, como muchas de estas especies son esperadamente restringidas a áreas de montaña, hay una preocupación porque el calentamiento climático las extinga, antes mismo de ser conocidas”, advierte.

Agustín Camacho viene acompañando desde hace años estudios de este tipo “para medir la tolerancia térmica de las especies encontradas, muchas de las cuales no van a volver a ser vistas en mucho tiempo, dada la dificultad de observarlas en su hábitat natural”.

Cambio climático y tolerancia térmica de las especies

Él ha desarrollado “un método particularmente ético -menos estresante y peligroso que las tradicionales- de medir la tolerancia térmica de pequeñas especies de anfibios y reptiles. Mido su temperatura voluntaria máxima, o sea la temperatura más alta que un animal está dispuesto a aceptar voluntariamente. Esta temperatura permite después identificar lugares que son térmicamente deletéreos para los animales, comparando las temperaturas locales con este valor estimado experimentalmente”, explica.

El investigador sostiene que “es muy necesario obtener más de estas medidas, porque, con el calentamiento climático, las especies, y particularmente las que están restringidas a hábitats de altitud, podrían extinguirse incluso en áreas protegidas y poco visitadas, como esta. La única forma de prever esto antes de que sea tarde, es midiendo su tolerancia a las altas temperaturas”.

Y en esa labor investigadora, Agustín Camacho ha creado la plataforma online Vulneraweb durante un proyecto Marie Curie desarrollado recientemente en la estación de Doñana-CSIC. Está dedicada a “generar mapas de vulnerabilidad climática que ayuden a gestores preocupados con el cambio climático a identificar poblaciones de especies que estén en peligro, debido al calentamiento”.

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