La entrevista al 'niño lobo' de Sierra Morena hace 15 años: “Me abrigaba con la piel de los ciervos que matábamos para comer”
Son las 11 de una mañana fresca de abril de 2010. Nos espera el cineasta Gerardo Olivares en la plaza de Cardeña. Allí nos ha citado para hacerle una entrevista sobre su prolífica y admirable trayectoria profesional. Entramos en un bar, tomamos asiento y pedimos un café con leche. Viene acompañado de un señor menudo vestido con un chaleco de cazador. Arranca la grabadora y Gerardo Olivares va desgranando la increíble historia que protagoniza su próxima película.
El filme rescata la insólita odisea de un niño de posguerra que logra sobrevivir durante doce años en mitad de Sierra Morena acogido por una manada de lobos. La sorprendente historia apareció incluida en un amplio reportaje publicado en El País sobre niños salvajes. Y, entre todas ellas, figuraba el caso asombroso de Marcos Rodríguez Pantoja, el niño lobo que fue encontrado en los años sesenta en la serranía de Fuencaliente, a escasos 18 kilómetros de donde nos encontramos.
Justo por esa razón se encuentra en Cardeña con el equipo de grabación. Ya solo les queda rodar los últimos planos de primavera. A la cuarta pregunta sobre la inaudita historia que está relatando, Gerardo Olivares se gira a su izquierda, señala al señor del chaleco de cazador y dice: “Pregúntele a él. Yo no he vivido entre lobos”.
Allí estaba sentado en silencio Marcos Rodríguez Pantoja. Sus padres lo entregaron a un cabrero en 1953 y fue encontrado doce años después en estado semisalvaje, vestido con pieles de ciervo, descalzo y sin apenas balbucear palabras reconocibles. Más de medio siglo después se encuentra en esta cafetería del pueblo que le vio nacer a punto de relatar ante la grabadora una de las historias más alucinantes de Sierra Morena.
Fragmentos de aquella entrevista fueron reproducidos parcialmente por ABC Córdoba el 18 de abril de 2010. Hoy la rescata Cordópolis en su versión completa con motivo de su reciente fallecimiento en Ourense. “Yo vivía de pequeñito aquí en Cardeña, pero para mí era una vida muy desarraigada. En la sierra me sentía un personaje porque a mí todos los bichos me acogían. De tal manera me acogieron que hacía más que ellos. ¿Comprende? Yo era como un jefe casi para todos”.
PREGUNTA. ¿Con cuántos años se quedó usted solo en la sierra?
RESPUESTA. Me quedaría con 9 o 10 años. Yo aquí en Cardeña lo pasé muy mal.
P. ¿Se quedó solo?
R. Sí, solo. Al final ya me quedé solo. A todas las personas humanas las temía porque me pegaban muchas palizas de pequeñito.
P. ¿A usted?
R. Sí, muchas palizas.
P. ¿Quién le pegaba?
R. Casi todo el mundo.
P. ¿Y por qué le pegaban?
R. Porque era muy pequeño. Yo guardaba guarros y pavos cuando mis padres se iban a la cebada. Eran todo palizas y, cuando mi madrastra volvía a casa, me pegaba otra más grande.
P. O sea, usted se refugió en la naturaleza para huir de aquello.
R. Sí. Totalmente.
P. ¿Lo decidió usted o sus padres?
R. No. A mí me llevaron con un señor de Fuencaliente que tenía cabras.
P. Para que trabajara de pastor.
R. Sí. Me llevaron con el viejo.
P. Y el cabrero lo tomó a usted como aprendiz.
R. Más o menos.
P. Y usted estuvo con él.
R. Pero muy poco tiempo.
P. Porque él se fue.
R. Y me quedé solo. Luego se llevaron las cabras y, como yo le temía a la gente, ya me quedé allí viviendo.
P. ¿Cuánto tiempo?
R. Bastante tiempo. A mí me cogieron con 20 años y estuve en Madrid con las monjas, hice la primera comunión y luego me llevaron a Cerro Muriano a hacer el servicio militar.
P. ¿Estuvo doce años perdido sin tener ningún contacto con nadie?
R. Al principio sí tenía contacto con el viejo cabrero donde me llevaron mis padres. Luego se lo llevaron a él y me quedé solo. El contacto más grande era con los animales.
P. ¿Dónde dormía?
R. En un caserón viejo. El cabrero había puesto unos palos y unas ramas, pero yo no podía estar con él porque era más salvaje que yo. Cogía un conejo, lo partía por medio y me lo tiraba.
P. ¿Crudo?
R. Sí, claro. Yo tenía hambre y veía a los animales comer.
P. Y usted se lo comía crudo.
R. Algunas veces se acercaba un lobillo, me lo quitaba y yo salía corriendo detrás de él. Hasta que me metí en una cueva con los lobitos.
Me metieron en Madrid y eso fue criminal. Era insoportable aguantar tanto ruido
P. Usted se metió en una cueva con lobos.
R. Esto es muy largo de contar. Jugando en la orilla del río me encontré con una bocamina. Una especie de cueva. Jugaba con los lobitos y pensé que si me iba allí con ellos el pastor no me arreaba. Mi vida ha sido todo a palos.
P. Usted prefiere vivir con lobos antes que con hombres.
R. Yo sí. Toda la vida lo he preferido. Pero ya he aprendido muchas cosas y sé que esta vida es así.
P. El cabrero se murió.
R. No. Se lo traerían a Cardeña.
P. Y se quedó usted solo allí.
R. Sí.
P. Se tiró mucho tiempo sin hablar.
R. Sí. Yo ya vivía en la cueva. Aprendí a vivir de otra manera.
P. ¿Cuánto tiempo vivió en la cueva?
R. Bastante tiempo. No le puedo decir, pero bastante.
P. ¿Y cómo se abrigaba?
R. Me abrigaba con las pieles de los ciervos que matábamos los lobos y yo para comer.
P. Los lobos y usted.
R. Sí.
P. Usted tenía una comunidad con los lobos.
R. Era mi familia. Yo me crie con ellos. Empecé a comer carne cruda con los lobillos pequeños y era uno más de la familia. Yo pegaba un aullido y ellos venían.
P. Increíble.
R. Yo me criaba en la orilla del río. Ellos bajaban de la montaña a donde sabían que yo estaba escondido con un palo grande y una porra. Y cuando los ciervos pasaban el río, yo me tiraba, me montaba en lo alto de uno, me agarraba a los cuernos y le pegaba con la porra en la cabeza. Se sentaban todos alrededor, le quitaba la piel, cogía las tripas y las echaba al agua. A cada uno le daba su parte y yo me quedaba con la mía. Me ponía la piel y todas las moscas venían detrás de mí. Y para pescar en el río, ponía cuatro piedras, cogía un conejo, echaba las tripas y cuando veía peces cogía otra piedra y la tiraba por encima. Donde yo lo he pasado muy mal ha sido en la ciudad.
P. Usted iba desnudo.
R. ¿Que iba a tener? La ropilla que yo llevaba se pudrió.
P. ¿Cuándo fue la primera vez que contactó con la gente del pueblo para abandonar su vida en la montaña?
R. Eso tiene mucha historia. A mí me sacó la Guardia Civil de Fuencaliente por un guarda que dio parte.
P. ¿Por qué dio parte?
R. Un guarda se asomó a lo alto de la sierra y vio a una persona que era persona y animal. Llevaba el pelo muy largo por la cintura, descalzo y con pieles. Entonces dio parte al cuartel de la Guardia Civil de Fuencaliente, me sacaron de allí y me cortaron el pelo.
P. ¿Usted sabía comunicarse después de tanto tiempo?
R. Pues no. Me daba miedo.
P. ¿Qué le daba miedo?
R. De la gente. Porque yo me acordaba de pequeño que me pegaban mucho aquí.
P. ¿Usted perdió el contacto con sus padres?
R. Con mis padres lo he tenido siempre perdido.
P. ¿Por qué?
R. Yo a mi padre casi no lo conocía porque se dedicaba a hacer carbón. Tenía una madrastra que me ponía a guardar vacas por ahí y a robar bellotas para traérselas y, si no, me pegaba una paliza. Y luego me tiraban a dormir a la calle.
P. ¿Lo echaban a usted a la calle?
R. Sí.
P. ¿Pero eso en un pueblo era posible? ¿Que un niño durmiera en medio de la calle?
R. Sí. Aquí había una posada, en esa puerta de ahí [señala con la mano un portón de la plaza de Cardeña], donde entraban los burros. Yo me metía ahí con los burros y dormía en los pesebres.
P. O sea, sus padres se desentendieron de usted.
R. Sí. No me querían nada más que para cobrar las cuatro pesetas que le daban por guardar guarros.
P. ¿Usted en qué año nació?
R. La verdad es que no lo sé. No me lo han dicho nunca.
P. ¿No sabe cuántos años tiene?
R. Sí. Tengo 64.
P. ¿Y por qué sabe que tiene esa edad?
R. Porque me lo han dicho.
P. ¿Quién se lo ha dicho?
R. La gente. Saqué la partida de nacimiento el otro día en mi pueblo. Y el carné de identidad.
De la montaña echo de menos la tranquilidad y la amistad de los bichos
P. Usted siente más peligro en los hombres que en los lobos.
R. Ahora ya me he hecho más a las personas. Y voy comprendiendo las cosas. Un poco tarde, pero voy comprendiendo. Pero al principio no había manera. A mí me metieron en Madrid y eso fue criminal. Allí no podía vivir. Me tuvieron que llevar fuera de Madrid. A Pozuelo. Era insoportable aguantar tanto ruido y tanto jaleo. Era como si cogen a un bicho y lo sueltan en medio de Madrid. No podía aguantar eso de ninguna manera.
P. ¿Por qué lo llevaron a Madrid?
R. Me llevaron a un convento con monjas. Allí hice la primera comunión. Me pusieron unas tablas y una correa para poderme poner derecho porque yo andaba medio ladeado y casi a cuatro patas.
P. ¿No ha tenido la tentación de volver al campo?
R. Sí, muchas veces.
P. ¿Y por qué no ha vuelto?
R. Ya no sabía volver. Eso es lo primero. Lo segundo es que esta vida te coge como la droga. Te atrapa. Es otra manera de vivir.
P. ¿Qué es lo que echa de menos de su vida anterior?
R. La tranquilidad que tenía. La amistad con los bichos.
P. ¿Se puede llegar a tener amistad con los bichos?
R. Sí. La familia la hace el roce, no la sangre.
P. Con 20 años lo cogieron a usted del campo.
R. Sí, me cogieron con 20 años. Me llevó un cura de Lopera. Cuando me soltó la Guardia Civil me fui con unos pastores que iban por los caminos de carne, por donde van los animales. Me fui con ellos y fui a parar a Lopera. Y en Lopera conocí a un cura que me llevó a Madrid con las monjas. Y allí ya me pusieron una tabla para ponerme derecho.
P. Porque usted andaba a cuatro patas.
R. Casi. En el servicio militar lo pasé muy mal. Todo era pegar tiros y aquello me asustaba.
P. ¿Cuánto tiempo estuvo usted en Madrid?
R. No lo sé. Hasta los 21 años que me fui al servicio militar, pero no lo terminé. Yo me quería ir de allí, me lie a llorar y el coronel dijo: “Márchate que ya has pasado bastante. Vete con tus monjitas antes que me mates a mí”.
P. Lo licenciaron antes de tiempo.
R. Sí. Me vine otra vez a Madrid con las monjitas y luego me dice uno: “¿Vas a estar toda la vida aquí con las monjas? Vente conmigo a Mallorca”. Digo: “¿Y eso qué es?”. Dice: “Es una isla”. Se lo dije a las monjitas, tuvieron una reunión y dijeron: “¿Qué hacemos? Aquí no va a estar toda la vida”. Entonces me hicieron la maleta, me dieron un poco de dinero y me fui a Mallorca. Y el mismo día que llego aquel señor me robó la maleta, se llevó el dinero de las monjas y me dejó tirado. No lo he vuelto a ver más. Las monjas llamaron a la Policía, me buscó y en una pensión me acogieron para trabajar allí. Pero yo no sabía trabajar y formé la de San Quintín.
P. ¿Cómo fue la vida de la ciudad después de tantos años en el campo?
R. Una cosa muy rara. A mí me engañaba todo el mundo. Yo no sabía lo que era el dinero. Iba a comer y me decían que tenía que pagar.
P. ¿Cuál fue su primer trabajo?
R. Limpiar calamares en la cocina del bar de la pensión. Me puso una mujer unos calamares, apreté sin darme cuenta los ojos y saltó la tinta por los azulejos. Puse toda la cocina llena de tinta. Un desastre.
P. ¿Cuántos trabajos ha tenido usted?
R. Cantidad de trabajos. Yo quería saberlo todo y me engañaban. Me daban tres pesetas, yo creía que era más dinero y me iba tan contento.
P. ¿Usted vive aquí ahora en Cardeña?
R. No.
P. ¿Dónde vive?
R. Yo vivo en Galicia. En Ourense.
P. ¿Y qué hace aquí?
R. He venido a rodar.
P. ¿Por qué vive en Galicia?
R. Porque me llevó un señor policía retirado a arreglar un chalé allí.
P. ¿Usted conoce gente aquí en el pueblo?
R. Sí. Conozco alguna gente.
P. ¿Y cómo lo han recibido cuando lo han vuelto a ver?
R. Me han recibido bien. Tengo la suerte de que me recibe todo el mundo bien. No sé por qué.
P. ¿Se acordaban de usted?
R. Algunos viejos sí.
P. ¿Cuánto tiempo se ha tirado sin volver a Cardeña?
R. Mucho tiempo.
P. ¿Cuándo volvió por primera vez?
R. La verdad es que no lo sé. Cuando vine con este señor.
P. Con Gerardo Olivares.
R. Sí.
P. ¿Notó el pueblo muy cambiado?
R. Sí. Yo estaba en Fuengirola y trabajaba en una oficina de seguros. Había un policía que me escribía las cosas porque yo de escribir no sé. Y me dijo que si quería irme a Galicia. Fui, arreglé el chalé y me quedé. Me acogieron muy bien en un pueblecito al lado de Orense.
P. No se quiere volver.
R. No, porque he encontrado a mi familia allí. Todo el mundo me quiere y estoy muy contento.
P. Y a los lobos no los echa usted de menos.
R. Sí, pero yo ya tengo muchos pajaritos allí.
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