La crisis del girasol deja unas ventas de récord de aceite de oliva en origen

Estanterías de botellas de aceite de girasol y de oliva.

Justo antes de la pandemia y la llegada del confinamiento, los olivareros andaluces, especialmente los de Córdoba y Jaén, se echaron a las calles. En octubre de 2019, miles de olivareros se manifestaron por las calles de Madrid pidiendo “precios justos”. Entonces, el kilo de aceite en origen se pagaba a menos de dos euros. El umbral de la rentabilidad, según el Consejo Oleícola Internacional, está en los 2,75 euros. Los olivareros clamaban entonces por unos precios razonables y pedían no tener que vender a pérdidas.

Dos años y medio después, con una pandemia en medio, una guerra en Ucrania y la alta demanda del aceite de girasol, la situación ha cambiado absolutamente. Los precios han alcanzado en origen niveles desconocidos desde 2015 y el consumo se ha disparado. Los productores señalan que febrero ha cerrado con unas ventas en origen de récord, que las perspectivas del mes de marzo están siendo similares y que los precios, y por tanto la rentabilidad, son ahora muy buenos.

Por ejemplo, Asaja Córdoba ha destacado este lunes que, transcurridos cinco meses de la presente campaña oleícola en la provincia cordobesa, se ha superado ya en la misma una producción acumulada de 280.000 toneladas de aceite de oliva. A este respecto y en una nota, la patronal agraria cordobesa ha señalado que, además, hasta el pasado mes de febrero, se han producido “unas salidas de 150.000 toneladas”, con un balance provisional del que resultan “unas existencias finales de 188.000 toneladas” en la provincia.

A nivel nacional y según los datos provisionales de la Agencia de Información y Control Alimentario (AICA), la producción del pasado mes de febrero a nivel nacional fue de 105.476 toneladas, con un acumulado en lo que va de campaña de 1.454.434 toneladas en España.

Con respecto a las salidas totales, Asaja ha precisado que “éstas fueron en febrero de 140.778 toneladas, lo que supone la cifra más alta de lo que se lleva de campaña y con un acumulado de 707.391 toneladas, lo que implica un magnífico ritmo de ventas que, además, se está haciendo a un precio razonable”. Las existencias totales a final de febrero eran de 1.331.670, suponiendo 7.350 menos que en el mes anterior.

En opinión de Asaja Córdoba, “las altas salidas, la situación de la producción, el consumo mundial, la guerra de Ucrania y la sequía, a pesar de las últimas lluvias, indican que la situación de los mercados no debe cambiar manteniéndose precios razonables para los olivareros”.

Los precios se mantienen estables tras subir más de un 20% en tan solo una semana. Según el sistema PoolRed, que informa de los precios en origen en tiempo real, este lunes se estaba el pagando el kilo de virgen extra a 3,66 euros. Ha bajado cuatro céntimos desde que hace una semana se alcanzara su máximo desde 2015, 3,7 euros el kilo. El aceite de oliva virgen, por su parte, se paga a 3,55 euros el kilo. El caso más curioso es el del lampante, el aceite de oliva de peor calidad, que casi siempre tiene un precio mucho más bajo que el resto. La demanda es tan alta que este tipo de aceite se está pagando ahora mismo a 3,50 euros el kilo, un valor desconocido.

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