Los costes del olivar se han disparado tanto que con los precios actuales la mitad de la producción nacional ya no es rentable
La agricultura y la ganadería cada vez es más costosa. Al menos en origen. En la Península Ibérica, el gran cultivo y el que siempre ha tenido la imagen de ser muy rentable, es el olivar, una producción milenaria que ya hizo rica a Hispania. En Roma sobrevive un monte artificial, el Testaccio, que creció por las ánforas arrojadas allí y que habían llegado llenas de aceite de oliva procedentes de la Península.
Hace unos 20 años, los agricultores consideraban que un buen precio para su cosecha era cobrar unos tres euros por kilo de aceite de oliva producido. Pero en las dos últimas décadas, los costes de producción han aumentado tanto que un reciente estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) considera que para que el cultivo siga siendo rentable los agricultores tienen que percibir un mínimo de cinco euros por kilo de aceite producido. Y eso es algo que actualmente no está pasando.
Este alarmante diagnóstico forma parte de la sexta actualización del estudio Aproximación a los Costes del Cultivo del Olivo, coordinado por José María Penco y actualizado a julio de 2026. El informe revela una escalada de gastos sin precedentes: los costes medios de producción se han elevado alrededor de un 57% en apenas los últimos seis años. Esta subida se ha producido en dos tramos; un incremento cercano al 40% entre 2020 y 2023, al que se ha sumado un 12% adicional detectado entre 2023 y 2026. Para entender la magnitud de la crisis, lo que en el primer estudio de 2010 se consideraba un precio satisfactorio —los ya mencionados tres euros por kilogramo— es hoy totalmente insuficiente para cubrir los gastos de la mayoría de los sistemas de cultivo.
La realidad del mercado en julio de 2026, con un precio medio ponderado de 3,265 euros por kilo, sitúa a gran parte del sector por debajo de la rentabilidad. Pero eso es algo que solo ocurre en España. En el resto de países productores es raro ver precios en origen por debajo de los cuatro euros el kilo. Es más, en Italia incluso se paga de media a nueve euros, algo que siempre ha demandado AEMO: concienciar a los consumidores del precio real de la producción de algo tan valioso como el aceite de oliva.
El estudio de costes según el tipo de olivar
La metodología empleada por AEMO, en colaboración con expertos de la Universidad de Córdoba y el Ifapa, ha analizado cuatro grandes sistemas de cultivo para determinar sus umbrales de supervivencia económica. El sistema más castigado es el Olivar Tradicional No Mecanizable (OTNM), típico de sierra o montaña con pendientes superiores al 20% que impiden el uso de maquinaria para la recolección. En estas explotaciones, el coste total de obtención de un kilo de aceite se dispara hasta los 5,31 euros por kilo, lo que las sitúa en una situación de vulnerabilidad extrema. Le sigue el Olivar Tradicional Mecanizable (OTM), con pendientes más moderadas que permiten cierta mecanización, pero que aun así presenta costes de 4,67 euros en secano y 4,18 euros en regadío. Estos dos sistemas tradicionales son el corazón del sector, ya que representan más de la mitad de la superficie de olivar cultivada en España.
El estudio de 2026 introduce como gran novedad la inclusión sistemática de la renta de la tierra y los costes de amortización de la plantación, calculados para un periodo de 25 años. Por ejemplo, en el olivar de seto en regadío, la inversión inicial necesaria alcanza los 11.986 euros por hectárea, incluyendo la preparación del terreno, la instalación del emparrado y el sistema de riego. Estos factores elevan el precio necesario para no perder dinero. Incluso en los sistemas más eficientes, como el Olivar Superintensivo o en Seto (OS), que permite una recolección integral con cosechadora, los costes totales no bajan de los 3,08 euros por kilo en regadío y 3,17 euros en secano. El olivar intensivo, con densidades de entre 200 y 600 árboles por hectárea, se sitúa en un punto intermedio con costes de 3,52 euros en secano y 3,20 euros en regadío.
La composición del gasto diario del agricultor también ha sufrido una transformación profunda. Los precios unitarios de la mano de obra se han fijado en este estudio según la media de los convenios del campo de Córdoba y Jaén para 2025: un trabajador cualificado (tractorista o podador) percibe 10,46 euros por hora, mientras que el peón cobra 9,85 euros a la hora. A esto se suma el coste de la energía y la maquinaria; operar un tractor de 95 caballos cuesta actualmente 47,20 euros por hora, una cifra que ya incluye la amortización, el combustible, el mantenimiento y el propio salario del operario.
Dentro de las labores de cultivo, la recolección sigue siendo la partida más pesada, suponiendo cerca del 40% de los costes totales en los sistemas tradicionales. La optimización de esta tarea mediante la máxima mecanización posible es, según AEMO, la clave absoluta para buscar la rentabilidad. Por otro lado, los costes de riego, que a menudo son ignorados por los propietarios debido a la mayor producción que generan, representan ya en torno al 20% del total de gastos en las explotaciones que cuentan con suministro de agua. La fertilización, por su parte, supone aproximadamente el 15% del total, aunque los expertos advierten que muchos agricultores gastan más de lo necesario al no realizar análisis foliares previos que indiquen las carencias reales del árbol.
El olivar de sierra en peligro de extinción
La situación es especialmente dramática para el olivar de sierra, donde la alta pendiente impide el cambio de sistema o el aumento de la mecanización para recortar gastos. Ante este escenario, AEMO propone que la única salida para estas explotaciones de sierra es la diferenciación: aumentar el valor añadido del aceite aprovechando su alta intensidad aromática y su contenido en biofenoles, así como apostar por la producción ecológica. Además, el informe sugiere potenciar el oleoturismo vinculado a estos paisajes singulares como una fuente de ingresos complementaria y reclama ayudas públicas adicionales que reconozcan el valor social y medioambiental que este tipo de olivar aporta a las comarcas más desfavorecidas.
El sector se enfrenta a una encrucijada vital. Con unos costes que han crecido de forma estable y desproporcionada frente a unos precios en origen marcados por la volatilidad, la supervivencia del olivar tradicional —que sustenta a miles de familias y municipios en España— depende de tres vías: el aumento del precio del aceite mediante la promoción y el fomento de la demanda, la reducción de costes a través de una mecanización extrema o la reconversión racional hacia sistemas más intensivos. Sin un escenario de precios que ronde los cinco euros por kilo, la mayoría de las explotaciones tradicionales españolas se verán forzadas a producir bajo el umbral de la rentabilidad, poniendo en riesgo el futuro de este cultivo milenario.
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