El Córdoba vuelve a la vida entre infarto e infarto (3-2)
De los partidos del Córdoba se pueden decir muchas cosas. Buenas y malas. Pero lo que nunca se puede decir es que te dejan impasible. Ya sea delante de la televisión o en el mismo estadio. Porque el conjunto blanquiverde es un concierto de éxtasis e infartos difíciles de dirigir. Tan pronto en la cúspide como, de golpe, sacudiéndose el polvo de la caída. Un vaivén, en el fondo, maravilloso. Sobre todo cuando, como esta noche, el respetable sale de El Arcángel con los tres puntos en el zurrón.
El de esta noche fue uno de esos encuentros que se podrían considerar como un punto de inflexión. Especialmente gracias a la figura protagonista del colegiado, Alejandro Ojaos Valera. El murciano sintió la extrema necesidad de ser protagonista y que le vieran desde casa. La lio especialmente en la primera mitad y, a partir de ahí, perdió todo el control del choque. Primero expulsó a Rubén Alves por un encontronazo con Enric Gallego en el 27’. Pero muy pronto se tuvo que desdecir VAR mediante, ya que la infracción la infligió el delantero del Tenerife. ¿La solución? Salomónica. Amarilla para ambos. Para entonces El Arcángel ya estaba encendido, pero ese puntito fue la mecha que necesitaba para engancharse al 100% a su equipo.
Hoy, Iván Ania tiró del once más lógico; es decir, Tasende al lateral zurdo y Nelson Monte como pareja de Rubén Alves en el eje de la zaga. A partir de ahí, Éder García sustituyó la ausencia de Diarra y el ovetense le dio las riendas del equipo a Adnane. Quizá uno de los mayores aciertos de lo que va de temporada. Porque el de Rocafonda estuvo en todas. Y con un porcentaje de acierto altísimo. Mejoraba todas las acciones que pasaban por sus botas. De hecho, inició el 1-0 con un cambio de orientación en el minuto 3 que Carracedo transformó en una asistencia sobre Éder para inaugurar el marcador. No sin suspense, ya que el balón rebasó la línea después de tocar en el larguero, aunque el VAR estuvo valorando una posible injerencia en la acción de Diego Percan. Un minuto de incertidumbre y alegría consumada. El Arcángel estallaba por primera vez en la noche.
A partir de ahí, el Córdoba tenía la pelota y amagaba con aumentar la renta, pero un nuevo error defensivo importante, en este caso del debutante Nelson Monte, servía para que Gomis estableciera la igualada en el 17’. El central portugués rompió el fuero de juego por más de un metro, posibilitando así una acción de mano a mano en la que el delantero chicharrero no perdonó. Tocaba volver a remar y los de Iván Ania lo hicieron bien pronto, respondiendo con un tímido disparo de Tasende un minuto más tarde. La diana en contra no le hizo especial daño al conjunto blanquiverde, que firmó una de las mejores acciones colectivas de lo que va de temporada llegando al ecuador del primer acto. Progresó Isma Ruiz, combinó Tasende con Adnane y el ex del Europa, otra vez, se inventó una asistencia al espacio sobre Diego Bri para que este, de primera, le ofreciera un servicio perfecto al segundo palo a Percan que, a placer, sellaba el 2-1.
Cinco minutos después llegó el despropósito de Alejandro Ojaos Valera que tuvo que rectificar el VAR y, por suerte, el conjunto blanquiverde supo reponerse al inconveniente. En el 37’, Percan estuvo muy cerca de repetir el gol del 2-1, mientras que en los últimos minutos el Tenerife se estiró y también se encontró al filo de la igualada. Tasende, bajo palos, evitó en el 46’ lo que parecía el 2-2.
En la segunda mitad, el Córdoba añadió a su registró el contragolpe. Un apartado del manual que no suele ser muy habitual en el equipo de Iván Ania que, no obstante, entendió que en este caso el partido le podía ir de cara si era capaz de aprovechar la velocidad al espacio. Y lo cierto es que, cuando era capaz de salir, juntaba pases con facilidad, progresaba y encontraba situaciones muy claras de gol. Tres tuvo Adnane entre el 46’ y el 57’. Especialmente clara esta última, perdonando a puerta vacía después de un ‘caramelito’ servido en bandeja por Diego Bri.
Sin embargo, el marcador era exiguo y los fantasmas recorrían cada rincón de El Arcángel. Solo el Córdoba era capaz de darle vida a un Tenerife que, más allá de apretar arriba, no tenía la capacidad de poner a prueba a Guilherme. Para entonces, Ania apostó por darle aire a la banda izquierda con Kevin y más fuerza por dentro con Damián, pero apenas dio tiempo para asentar nada, pues en un error en salida de Nelson, Ranos convirtió el 2-2.
No se resignaron los blanquiverdes, que rozaron el 3-2 apenas un minuto después tras una gran acción individual de Kevin que se marchó cerca del palo izquierdo de la portería defendida por Dani Martín. El partido entró entonces en un ida y vuelta en el que tan pronto se temió por el 2-3 como la grada estalló a falta de un cuarto de hora para el final. Isma Ruiz, desde la frontal y con la zurda, hacía inútil la estirada del portero chicharrero para poner por delante de nuevo a los blanquiverdes. Si la Premier lo ve, quizá los diez kilos se queden hasta cortos.
A partir de entonces, Iván Ania lo tuvo claro: intervencionismo total. Retiró del campo a Carracedo para cerrar el costado con doble lateral y metió a Theo para oxigenar un centro del campo que Adnane dejó desfondado. Y lo cierto es que se jugó poco. Y, además, con ventaja numérica en los minutos finales, ya que Ojaos Valera expulsó por doble amarilla a Juanjo Sánchez en el 87’. De ahí al final, y pese a la inferioridad, el Tenerife encerró al Córdoba en su área, que, entre infarto e infarto, supo sobrevivir para celebrar una victoria vital. Como en las grandes noches.
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