Las salas de ocio infantil de Córdoba lanzan un grito: “Estamos cerrados y necesitamos ayuda”

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Paqui, Rocío, María José y María Jesús son tan sólo cuatro del medio centenar de familias que en Córdoba se dedica al ocio infantil, cuyos establecimientos llevan cerrados desde el día que se decretó el estado de alarma. Sus testimonios son los de las esperanzas truncadas en medio de un mar y sin un colchón que las auxilie. La Junta de Andalucía aún mantiene cerrados estos negocios y la situación no es nada halagüeña. La ayuda municipal al ocio nocturno en materia fiscal ha sido la puntilla para este sector, que se ha reunido en varias ocasiones con la teniente de alcalde Isabel Albás y el parlamentario Emiliano Pozuelo, pero sin obtener soluciones. Ya son ocho empresas cordobesas las que han tenido que cerrar y traspasar sus negocios.

Dentro de los establecimientos recreativos infantiles se encuentran hasta tres modalidades: las salas de fiestas celebraciones -cada vez más extendidas en Córdoba-, los parques de bolas y las ludotecas. Todos estos negocios, sin excepción, han tenido que mantener sus puertas cerradas tanto en la desescalada como en la “nueva normalidad”. La competencia para permitir su apertura reside exclusivamente en la Junta de Andalucía, que rechazó la petición de estos empresarios de retomar la actividad. El Gobierno andaluz fue claro en el boletín del 19 de junio: si las atracciones estaban dirigidas para menores de edades igual o inferior a 12 años, la prohibición de abrir continuaba.

Esta situación llevó a que los propietarios de estos negocios crearan a nivel regional la Asociación de Centros de Ocio de Andalucía, a la que pertenecen las empresarias entrevistas por CORDÓPOLIS. Paqui Ruiz regenta Happy Day, una sala infantil de celebraciones ubicada en Fidiana, y denuncia que el suyo sea el único sector que todavía no puede abrir. Con ingresos cero, sus gastos mensuales rondan los 700 euros entre el préstamo que solicitó para la apertura del negocio, las facturas de agua, luz, asesoría y teléfono y los impuestos, como el de la basura o el IBI. A esta ausencia de liquidez se une su escasa trayectoria como emprendedora, lo que le ha impedido solicitar el cese de actividad ordinario ya que esta prestación es sólo para los autónomos que llevan más de un año dados de alta. Sólo ha podido acogerse al cese de actividad extraordinario, que ya se le ha agotado.

En la misma situación se encuentra Rocío Ávalos, que el pasado mes de octubre abrió Más que peques, en la Huerta de la Reina. Al no tener más de 12 meses cotizados como autónoma se ha quedado fuera de acogerse al cese de actividad ordinario, lo que supondría además no tener que hacer frente al pago de la cuota de autónomos. El decreto del estado de alarma vino acompañado de un aluvión de cancelaciones de cumpleaños y comuniones. Estos últimos eventos se retomarán en septiembre y son varias las familias que le han llamado para alquilar sus instalaciones para ese día tan especial, pero Rocío no ha querido darles fecha. “¿Y si para ese día no puedo abrir porque no he podido sobrevivir a esto? La incertidumbre es constante porque desde el primer momento no se ha contado con nosotros, ni en las fases de la desescalada se nos nombraba”, denuncia la empresaria.

A pesar de que estas salas se encontraban en un auténtico limbo, desde finales de mayo, las propietarias de estos locales empezaron a adaptarlos a la “nueva normalidad” que creían que iban a vivir. Compraron todo tipo de materiales desinfectantes, maquinaria y juegos especiales para preservar la seguridad de los menores; un gran desembolso económico que, por el momento, no ha podido ser recuperado. “Tienes un plan de vida y todo se te queda paralizado”, se lamenta Rocío.

María José García, de La casa de Conchita, es de las pocas empresarias que sí se ha podido acoger al cese de actividad ordinario ya que lleva como autónoma tres años y medio. Cuando en junio supo que tenía que permanecer cerrada, pensó en abrir sus instalaciones para reuniones de público adulto. Decidió reinventarse hasta que pudiera volver a lo que realmente era su empresa. Sin embargo, su licencia de apertura restringe su actividad a ocio infantil, por lo que la persiana de su establecimiento sigue echada. El dueño del local que tiene alquilado le “perdonó” la cuota durante los primeros meses del estado de alarma pero ya ha tenido que realizar los pagos mensuales.

María Jesus Carrasco pertenece a otra pata de este tridente infantil: las ludotecas. Regenta El Búho, en Torres Cabrera, y su actividad está dirigida a niños de entre tres y 12 años. Su función es conseguir la ansiada conciliación para que la paternidad y maternidad no supongan una pausa en la vida laboral. La Junta de Andalucía tampoco ha autorizado su apertura y desconoce cuándo podrá volver. De las cinco personas que tenía contratadas, a cuatro se les acabó el contrato y la quinta se encuentra actualmente en un ERTE. Como María José, María Jesús está acogida al cese de actividad extraordinario, aunque denuncia que todo lo ha tenido que devolver en forma de impuestos. “Todo lo que tenía ahorrado lo he perdido”, concluye la empresaria.

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