Ricardo Gallén, íntimo

Ricardo Gallén en el Teatro Gongora FOTO: MADERO CUBERO
El maestro de la guitarra clásica conquista a un público exigente con obras de Sor y AguadoEn general, el público que suele asistir a los conciertos de música clásica en Córdoba suele ser un público bastante entregado. A veces incluso demasiado generoso. Sin embargo, los asistentes a los conciertos del festival de la guitarra, los que acuden a los conciertos de guitarra clásica, son en cierta medida especiales. No son los típicos melómanos de abono, sino que se trata de un público mucho más exigente: personas que incluso han recorrido miles de kilómetros para estar aquí y escuchar a los maestros; alumnos y profesores de conservatorio; profesionales afamados y colegas de los instrumentistas que suben a las tablas. Reunidos en la pequeña sala de la planta alta del Teatro Góngora, no hubo que esperar mucho tiempo para ver cómo Ricardo Gallén subía al escenario entre la oscuridad, casi como un furtivo. Pantalón y camisa negras, guitarra clásico-romántica en mano.Desde un pianissimo casi misterioso, Gallén comenzó a tocar. Fernando Sor era el compositor elegido para abrir el concierto con dos de sus obras más significativas: La 7ª Fantasie et Variations Brillantes op. 30 y La Deuxieme Grande Sonate op. 25. En la fantasía, Ricardo fue de menos a más, desde una reflexión íntima hasta una intensa plenitud en su final. Acababa de terminar la primera obra y el público ya estaba completamente entregado. En la sonata, el guitarrista nos elogió con su rico repertorio tímbrico, resolviendo con gran soltura los pasajes más exigentes.Sin dejar tiempo al descanso, Gallén prosiguió con la obra de Dionisio Aguado, Trois Rondo Brillants op. 2. Una pieza compleja estructuralmente, pero que el maestro supo hacerla fácil de escuchar. Sin lugar a dudas, el momento más cálido del concierto estuvo en los primeros compases de esta pieza, de melodía lenta, pero penetrante. La interpretación fue tan deliciosa que tras acabar consiguió arrancar del público los primeros bravos y un largo aplauso.Para finalizar, el maestro tocó Grande Sonate op. 22 de Sor. En ella nos demostró que un gran guitarrista no sólo es aquel que consigue que los pasajes más difíciles sean resueltos con gracia deportiva, sino también el que logra hacer interesantes hasta las partes más sencillas. El trabajo del maestro se nota en cada uno de sus fraseos, cada acorde, cada nota.Aquellos que habían acudido al concierto a contemporizar, huyeron en cuanto se abrieron las luces. Sin embargo, la mayoría se mantuvo aplaudiendo durante mucho tiempo. Tanto, que el tímido Gallén salió tres veces a saludar antes de que por fin le arrancamos un bis: un pequeño estudio de Sor que interpretó tras bromear un momento con el auditorio. Cercano y brillante.Al salir del teatro ya era de noche. Habían pasado casi dos horas. Ricardo Gallén en el Teatro Gongora FOTO: MADERO CUBERO
El maestro de la guitarra clásica conquista a un público exigente con obras de Sor y Aguado
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