La reversión del callejero: una crueldad innecesaria

Cartel con la avenida del Flamenco | MADERO CUBERO

Francisco Acosta, Profesor titular de Historia Contemporánea de la UCO

En caso de prosperar, no sé qué objetivos o réditos obtendrá el gobierno municipal de la reversión del cambio de nombre de las calles que el anterior equipo municipal acababa de cambiar. Lo que no conseguirá, desde luego, es cambiar la historia. José Cruz Conde, Cañero y Vallellano seguirán siendo personas inequívoca, clara e indiscutiblemente vinculadas al golpe militar y al franquismo en nuestra ciudad.

En todo el prolijo proceso de documentación, análisis y elaboración de los expedientes de renominación del callejero que se llevó a cabo por parte de la Comisión Municipal de Memoria Histórica en el marco de aplicación de la ley de memoria histórica andaluza -y que no se nos olvidé, avaló la decisión del pleno en su día- no se esgrimió en ningún momento un solo argumento de tipo historiográfico que cuestionara la vinculación de estas personas con los hechos que, según la ley, los inhabilitan para nominar las calles. Y no se hizo porque estamos ante hechos probados e incuestionables.

Otra cosa es que, como se viene haciendo, se haya puesto en tela de juicio la propia ley (aprobada en 2017 sin ningún voto en contra por cierto); se la reinterprete; se discuta el intríngulis procedimental de las renominaciones, se aduzcan argumentos de oportunidad o inoportunidad política; o que como ha sido el caso, algunos, arremetan contra los historiadores que hemos sustentado los informes. Pero la verdad histórica de los hechos permanece incólume.

Y la filiación franquista y golpista de aquellos hombres es un hecho tan innegable como que el ministro Vallellano fue mecenas de importantes obras públicas en Córdoba en los años 50, que José Cruz Conde es un hombre clave en la historia del urbanismo cordobés en los años 20, o que Cañero, fuera un gran torero, renovador absoluto de la suerte del rejoneo, amén de benefactor de la ciudad. La cuestión que parecemos no asimilar estriba en que todo ello es cierto a la vez. Cruz Conde debe estar en los libros de historia urbana de Córdoba (de hecho lo está) y Cañero debe ser reivindicado como artista del toreo en su momento y como tal debe merecer los reconocimientos que le correspondan. Sí, sin duda, aunque tengamos constancia documental en este último caso de que participó en operaciones de “limpieza” contra sus convecinos en los primeros días de la guerra. Sí, en efecto, contra los mismos vecinos (los que quedaban por lo menos) a los que pudo beneficiar con la cesión de su finca de La Viñuela para la construcción de casas en los años 50. Ambas facetas son ciertas, y una no puede ocultar la otra, ni viceversa.

La cuestión, para nosotros por lo menos, no es esa, aunque seguramente debamos aprender a superar las dicotomías simplistas y maniqueas, y asumir que la ambivalencia, la contradicción, o el error, dramático a veces, son consustanciales a la condición humana. Dejando ahora aparte otro tipo de argumentos, la cuestión en el momento actual, es, si resulta necesario y oportuno que Cruz Conde, Cañero o Vallellano vuelvan a dar nombre a un espacio público de la ciudad, cuando está probado que tuvieron que ver con hechos que llevaron a que a día de hoy siga habiendo 4.000 cordobeses enterrados con ignominia en fosas comunes en nuestra ciudad. Víctimas de todos los colores, clase y condición salvajemente represaliados por un régimen esencialmente contrario a la democracia. ¿De verdad no es posible ninguna otra alternativa para esas calles?

No acierto a comprender cuáles son, ahora, hoy, las motivaciones de los partidos del gobierno municipal, aunque estoy abierto a oír sus razones. Especialmente en el caso de Cs que mediante el apoyo a iniciativas como esta se vincula, sin necesidad, a una tradición socioideológica que, en principio le era completamente ajena. Porque hasta ahora, hasta hoy, se podía alegar en el tema de las calles desconocimiento sobre los personajes, o la distancia e irresponsabilidad respecto a las nominaciones originales; hechas, ciertamente hace mucho tiempo. Pero me temo que eso no es posible ya. Después del debate y de la retirada de los nombres, el restituirlos cobra un nuevo sentido, radicalmente diferente.

Deja de ser una omisión, una dejadez, y se convierte en una iniciativa directa y consciente. Y en la medida en que lo es, susceptible de ser considerada como una falta, como mínimo, de sensibilidad; cuando no como un acto explícito y deliberado de crueldad contra las víctimas a las que, ahora a sabiendas y conscientemente, se las humilla con la vuelta al callejero de quienes estuvieron relacionados con el asesinato de sus antepasados y con su propia victimización hasta hoy. Porque -no se nos olvide- les seguimos negando el derecho a recuperar a sus desaparecidos. Francamente no me explico que interés pueden tener los concejales del PP y de C’s en esto.

Me inclino a pensar que no tienen ningún interés en ello, y que es un error. Un terrible error que les pido que rectifiquen. Invoco a su humanidad y al respeto a las víctimas. No nos enfanguemos en argumentos de segunda y tercera categoría. En este caso no se trata de nada más (y nada menos): humanidad y respeto hacia nuestros vecinos.

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