La retirada de la celosía, incluida en la Comisión de Licencias del miércoles

Rafael De La-Hoz junto a la celosía de la Mezquita que diseñó su padre | MADERO CUBERO

La Comisión de Licencias del próximo miércoles, ya convocada, incluye en su orden del día la autorización al Cabildo Catedralicio de la apertura de una puerta en la fachada al Patio de los Naranjos de la Mezquita Catedral, según consta en el documento al que ha tenido acceso este periódico.

Por tanto, el miércoles la Gerencia Municipal de Urbanismo autorizará el proyecto para la retirada de la celosía instalada por Rafael de la Hoz en la fachada Norte, que facilitará la entrada y la salida de las procesiones en la Semana Santa. La licencia de obra ha sido pedida por el Cabildo. El proyecto ha sido diseñado por los dos arquitectos conservadores del monumento, Gabriel Ruiz Cabrero y Gabriel Rebollo Puig, además de Sebastián Herrero Romero.

La licencia llega meses después de que se produjera la resolución definitiva que autorizaba el proyecto por parte de Icomos Internacional. En concreto, la respuesta llegó el 29 de septiembre a la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta, que posteriormente la ha trasladado a la Gerencia de Urbanismo.

El proyecto de apertura de la segunda puerta de la Mezquita Catedral, en la fachada Norte del monumento y en el Patio de los Naranjos, es una aspiración del Cabildo pero especialmente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías. La intención de los religiosos es sustituir la estructura fija por ora móvil que permita abrirse y cerrarse para permitir la integración del monumento -catedral desde 1239- en la Carrera Oficial de la Semana Santa.

Las celosías que han provocado toda esta polémica y por las que el Cabildo lleva un lustro de estudios para retirar una, se instalaron en 1972. Rafael de La-Hoz Arderius las encajó en los cuatro últimos arcos que no están tapiados del muro de acceso desde el Patio de los Naranjos. Son los cuatro único vanos que permiten la entrada de la luz natural y tamizada que acompañaba a los fieles musulmanes. A excepción de esos cuatro arcos, toda la fachada fue tapiada por orden de un obispo hace dos siglos. Le molestaba que entrasen las aves al interior del bosque de columnas. Con el tiempo, todo el muro norte del templo, ya cerrado al patio, se llenó de capillas.

De La-Hoz escribió en el prólogo de La Catedral de Córdoba, la obra magna de Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero del templo: "La iluminación de lo que resta de Mezquita queda así definitivamente plana, sin aquella profundidad que prestan los contrastes de luz y sombras; uniforme e inexpresiva. El antiguo efecto evanescente, su misterio y magia desaparecen (…) Vuelta del revés la luz que la define, fragmentado el espacio, cegada su permeabilidad visual, y destruida por incomprensión cultural el alma misma del ordenamiento arquitectónico original, se consumó la más triste de las ruinas: la ruina de la Idea".

A principios de los años setenta, el arquitecto dio forma a su propia idea: lograr preservar los cuatro arcos libres de la presencia de capillas para garantizar que el último testimonio de cómo entraba la luz en el templo originariamente siguiese en ese rincón de la Mezquita. Así, logró convencer a los responsables sobre la necesidad de instalar las celosías, que han ofrecido, durante 40 años, un asomo de la luz tamizada que debía tener el templo. De La-Hoz insistió siempre en que aquella fue la primera acción no religiosa ni arqueológica, sino puramente arquitectónica en favor del edificio.

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