La política de bloques vuelve a partir el Pleno

Escaños vacíos en uno de las suspensiones del Pleno | ÁLEX GALLEGOS

Como Sísifo, que cada mañana empujaba una piedra montaña arriba que por la noche se desprendía y tenía que volver a empujar, los plenos del Ayuntamiento acaban repitiéndose, siendo cíclicos, echando solamente mano del calendario electoral. Tanto al principio como al final de un mandato, se repiten las mismas escenas. Los acuerdos, los pocos que hubo, se hacen imposibles entre concejales. Y el ambiente en los plenos suele ser en ocasiones irrespirable. Las sesiones incluso se llegan a suspender por protestas.

Este martes, se volvió a repetir la política de bloques en el salón de plenos, representado gráficamente desde el primer día por el lugar en el que se sientan los concejales. A la derecha del público (los ciudadanos), está la izquierda: seis concejales del PSOE, cuatro de Izquierda Unida y otros cuatro de Ganemos. A la derecha, los 11 del PP, los dos de Ciudadanos y el concejal de UCOR.

Cuando el ala izquierda lanza una propuesta, inmediatamente es desacreditada por la derecha. Cuando la derecha hace lo mismo, inmediatamente se genera la misma reacción en la izquierda. Da igual si se trata de ideología o del lugar que ocupan los concejales cuando se sientan.

Este martes se celebró un Pleno bronco, que fue suspendido dos veces y desalojado una por una protesta de Tanatorios de Córdoba. En Twitter, el PP afeaba esta actitud a la alcaldesa. Incluso Luis Martín, que fue el presidente del anterior mandato, reprochaba estos desalojos, olvidando que él mismo entre 2011 y 2015 obligaba a los asistentes al salón de plenos a identificarse previamente con el DNI y que desalojaba en cuanto había algún "gesto de aprobación o desaprobración". Este que escribe ha visto el desalojo de una única persona solo por aplaudir una intervención.

Las broncas, a veces, parecen hasta forzadas. Como si los rivales buscasen la manera de provocarse entre sí. Y claro, casi siempre se encuentran. El portavoz de Ciudadanos, David Dorado, y el de IU, Pedro García, empiezan a tener un problema, en el que constantemente se interpelan. Incluso el propio Dorado tuvo que ser advertido por la alcaldesa cuando sin estar en el uso de la palabra reprochó a García unas acusaciones, en las que este le decía que se había leído un documento pero que no lo había entendido.

Y las sesiones, entre tanto, se vuelven a alargar hasta el infinito. La sesión de este martes no concluyó hasta las 17:00, después de comenzar con poco retraso sobre las 10:20 (y sufrir dos suspensiones, cierto es). Los concejales, siempre mirando a la permanente cámara de la Televisión Municipal, alargaban sus exposiciones pese al contador que en su día puso el PP y que permanece, y también a pesar de las advertencias de la alcaldesa para que concluyan las intervenciones.

Hasta el turno de ruegos y preguntas se hace infinito en unas sesiones que arrancan con un salón de plenos abarrotado pero que concluye siempre igual: con periodistas agotados y la única presencia de los trabajadores y asesores de los grupos municipales. Y a veces con la terrible sensación de que muchos de esos debates se esfumarán como lágrimas en la lluvia.

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