Naseer Shamma, el joven Ziryab

Concierto de Naseer Shamma en el Teatro Góngora | TONI BLANCO
Naseer Shamma, maestro del laúd árabe, ofreció ayer en el Teatro Góngora un concierto cargado de virtuosismo y memoria | Acompañado por los músicos Ashraf Sharif Khan, Carlos Piñana y Miguel Ángel Orengo, hizo alarde de su capacidad de fusión alejada de pastiches comerciales respetando a la vez la herencia y la tradición

Naseer Shamma apareció ayer ante la sala abarrotada del Teatro Góngora con un equipo que auguraba su voluntad de paz y confluencia sonora: el pakistaní Ashraf Sharif Khan al sitar, el murciano Carlos Piñana en la guitarra flamenca, y Miguel Ángel Orengo a cargo del cajón y la percusión. Una travesía musical desde el Bagdad de Zyriab, el río Tigris y Lahore, fluyendo por el Guadalquivir cordobés hasta Granada. Una música a través de ríos que no es únicamente árabe (como podría esperarse de un músico iraquí), sino que fluye como una corriente mezcla de muchas músicas, sin detenerse pero tampoco ser la misma, deparando siempre algo inesperado y sorprendente.

Desde el principio se pudo apreciar la exquisita variedad de registros de su laúd y su capacidad para evocar otros instrumentos de cuerda como la guitarra española, el arpa o la guitarra portuguesa. Con una sola mano – técnica inventada por él mismo como aportación y ayuda a los mutilados (amigos y alumnos suyos) víctimas de las dos últimas guerras de Irak- arrancaba a su instrumento ecos de la guitarra de Paco de Lucía fusionados de forma deliciosa con el tono del Sitar y la guitarra flamenca -a pesar del potencial musical de estos instrumentos- sin perder ninguno su voz auténtica.

Shamma tañe el laúd combinando los viejos métodos con sus propias composiciones. Es el único compositor y músico moderno que ha construido un laúd de ocho cuerdas, basado en el manuscrito del científico, músico y filósofo del Islam Abu Nasr Al-Farabi (célebre teórico de la música del siglo IX). Con ocho cuerdas en vez de seis, este nuevo modelo proporciona unas tonalidades distintas, pero en él late algo más allá del perfeccionamiento de la técnica y el sonido: relaciona la música de una determinada época con su Historia, estableciendo conexiones entre lo puramente sonoro y lo que está pasando en la sociedad. Sigue la estela de músicos como Marcel Khalife -cuya melodía sobre el exilio palestino “Jawaz al-Safr” sigue siendo una expresión poética popular palestina- o el cantante egipcio Sheikh Imam- que ha puesto a su laúd letras del poeta Ahmad Fouad Najm sobre la miseria de la clase trabajadora-. Además de haber reflexionado sobre la agonía del Irak invadido por EEUU o la tragedia de Palestina, la música de Shamma habla de una historia cultural profunda a través de la cual intenta resistir ante la injusticia. Ante la destrucción, la música como bálsamo de memoria y resistencia.

El concierto se sucede con una guajira en solo de guitarra interpretada de forma desgarradora por Piñana, un cante de ida y vuelta del flamenco que viaja de España a Cuba y regresa con sabores caribeños. Naseer y el resto del trío se retiran de escena, haciendo alarde una vez más de su capacidad para confluir de forma pacífica e integrarse sin oscurantismo ni violencia. Lo mismo sucede durante el solo del Sitar y el de Naseer, “Min Ashur ila Ishbilya” de Asiria a Sevilla , unas sevillanas del Tigris que compuso en 1982.

A punto de finalizar, Naseer anuncia al público como primicia su intención abrir el próximo año, en colaboración con La Casa Árabe, una escuela de música donde perfeccionar la técnica del laúd. En los últimos años ha abierto varias escuelas de música, llamadas Beit al-Oud al-Arabi (“La Casa Árabe del Laúd”), donde enseña a sus alumnos la técnica del laúd mostrando, así, otra faceta de su quehacer artístico. En el año 1999 fundó la primera escuela, en la ciudad de El Cairo, en Egipto (donde reside en la actualidad), y ha abierto otras escuelas en Argel, Abu Dhabi, Doha, Qatar y en Jartum (Sudán). Será en Granada donde se cree la primera escuela española de enseñanza del laúd, siendo Córdoba una vez más víctima de su falta de delicadeza para con su pasado andalusí.

Tras los últimos acordes, la sala, que había permanecido enmudecida, aplaude de forma atronadora haciendo real el milagro de un público masivo para una música alejada de los estándares comerciales. Los músicos dan las gracias con esa humildad que se sabe no impuesta, y logran que no quede un oyente sentado en respuesta y agradecimiento mutuo. Demuestran así que la tolerancia es sobre todo una cuestión de actitud, respeto y ejemplo.

Ecos andalusíes estallan en el bis como rememorando la Córdoba lejana sinónimo de coexistencia y diálogo. Al-Ándalus ha sido olvidada, después de su esplendor, tanto por Europa como por el universo musulmán, como una bella leyenda que no hubiera pertenecido a ninguno de los dos mundos, y en la actualidad, no son muchos los europeos que conserven en su memoria cultural el recuerdo de la coexistencia pacífica del islam y Occidente en Córdoba. No solo los europeos, sino más cruentamente los españoles, viven haciendo uso de ese no poco frecuente ejercicio de desmemoria histórica, con ayuda de la mutilación que sufre gran parte de la nuestra. Desvinculados de su pasado, se han acostumbrado de tal forma a la imagen del islam como una religión de violencia y conquista que tienden a ignorar las repercusiones de la experiencia no violenta de Córdoba y su práctica del pluralismo cultural. Algunos parecen tener incluso un especial interés en acabar con el mito de la tolerancia en Al-Ándalus y borrar las huellas islámicas de la historia cultural de la ciudad, quizá para evitar una evidente y odiosa comparación con los tiempos presentes.

Cuando Shamma dio su primer concierto (siendo todavía alumno del Conservatorio), en 1985, tras viajar por primera vez fuera de Irak, para participar en el “Festival de la Música Árabe”, la crítica francesa le bautizó con el apodo de “El Joven Ziryab”. El Gran Ziryab (Bagdad 789, Córdoba, 857), instruido por los músicos mosulíes, era un gran músico en la Corte de Harun al-Rashidnin; debido a las intrigas palaciegas, fue expulsado de su país natal y se refugió en tierras cordobesas. El Gran Ziryab fundó la primera escuela-conservatorio en la Córdoba de los Omeyas, Shamma construye la paz a través de la música y el mantenimiento de su cultura a pesar de la increíble violencia con su pueblo. Su música respira la historia olvidada de la Córdoba crisol de culturas. Quizá nos toque ahora a los cordobeses seguir su ejemplo.

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