La memoria de los abogados: del viejo, el consejo

Los letrados, junto al decano | ÁLEX GALLEGOS

El Colegio de Abogados de Córdoba es una de las instituciones más antiguas de la ciudad. Este 2019 cumple dos siglos y medio, y este jueves ha sentado a siete históricos de la abogacía en la ciudad que, entre todos, suman más de esos dos siglos y medio, pero no de edad sino de experiencia. Y sabiduría.

Victoriano Vera Castillejo, Enrique Garrido Poole, Rafael Mir Jordano, Jesús Gosálbez Coca, José Beltrán López, Luis Chavero Virel y José María Muriel de Andrés se sentarón en una mesa redonda junto al actual decano, José Luis Garrido, en una de las fotos más emotivas y que seguramente serán más recordadas en los actos del 250 aniversario del colegio. Los siete históricos abogados siguen estando colegiados, conservan sus históricos números y han compartido y comparado lo que era su trabajo en una capital de provincia de hace sesenta años, en unos juzgados muy diferentes a los de hoy día, con unos retos y casi todo por hacer.

“Yo he llegado a hacer 600 juicios de faltas al año, la gran escuela jurídica”, recordaba Enrique Garrido Poole. Esos juicios se celebraban en una Audiencia Provincial que estaba en el edificio que hoy ocupa Hacienda en el Bulevar del Gran Capitán y que tenía una “sala tercera” en la cafetería Dunia. Todos los juzgados tienen sus bares. Y sus lugares. “Con los jueces solo había que hablar por escrito”, recordaba también José María Muriel de Andrés (que estuvo apunto de casarse “con la toga puesta”), preguntado por la relación entre los abogados y los magistrados.

A esa Córdoba llegó de un pueblo José Beltrán López. Y se compró un traje negro. “Es que todos aquí vestían de negro”, recordaba. “El colegio para mí ha sido la vida y la protección. Entonces, los jóvenes estábamos calladitos como en misa. A excepción de grupo follonero, formado por Joaquín Martínez Bjorman y Rafael Sarazá”, añoraba, otros dos históricos abogados cordobeses que ya no pueden compartir su experiencia.

“Nosotros cobrábamos cuando llovía y cuando se recogía la cosecha, antes no”, recordando una de las polémicas que ahora más acucian a los abogados, que cobran muy tarde, principalmente en el turno de oficio. “Cuando yo llegué al colegio, el turno de oficio estaba en manos de tres o cuatro abogados. No se cobraba, pero había regalos. Uno salía todas las navidades con un coche lleno de pavos”, rememoraba Mir Jordano. “Entonces me hicieron tesorero para traer a los abogados al turno de oficio y que se acabase la época de los regalos”, rememoraba.

La mesa, cómo no, acabó en anécdotas. Como el juicio que relató Victoriano Vera sobre un juicio que asistió en Sevilla, donde dos procesados que habían robado unas vacas alegaron que se las encontraron en un camino, las vieron muy delgadas, les dieron lástima y se las llevaron “para ponerlas gordas antes de devolvérselas a su dueño”.

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