El juez reabre el caso del supuesto bebé robado en Córdoba

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Rodríguez Laínz ordena el secreto de sumario mientras reinicia unas diligencias que archivó por falta de pruebas

Según acaba de saber la familia García Galiano, que denuncia el supuesto robo de su hermano en el hospital provincial de Córdoba en 1985, el titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Córdoba, José Luis Rodríguez Laínz, ha decidido reabrir el caso atendiendo a la nueva prueba aportada por el abogado de la familia, Alberto Prian, que demostraría que los restos que tenían enterrados no corresponden al hermano 100% genéticamente idéntico al gemelo vivo, sino a una niña prematura.

“La familia confía en que este reapertura sea el espaldarazo definitivo y necesario para que se practiquen las diligencias pertinentes que den como resultado el encuentro con el gemelo que presuntamente les robaron, el cual hubiese recibido el nombre de Juan Ignacio”, aseguran a través de una nota de prensa. El juez ha dictado, de momento, el secreto de sumario sobre las diligencias que va a comenzar a practicar.

El caso del supuesto bebé robado es el del hermano gemelo de Andrés Cepas Galiano. El 19 de diciembre de 1985 su madre dio a luz gemelos en el hospital provincial de Córdoba. Andrés vivió y al hermano gemelo, que una monja dice que bautizó con el nombre de Jesús, lo dieron por muerto. De hecho, la familia enterró en el cementerio cordobés de San Rafael el pequeño ataúd, que ha estado bajo tierra desde hace 27 años.

El 4 de septiembre de este año, el toxicólogo forense y genetista Jaume Buj dirigió una compleja operación de exhumación privada (la familia había intentado desde hacía años que fuese la justicia quien investigase su caso, pero por tres veces se lo archivaron) con un resultado asombroso. De los escasos restos que se conservaban en el interior del pequeño ataúd, Buj pudo sacar muestras de ADN que arrojaron un testimonio sorprendente: no sólo la genética no se correspondía en absoluto con la familia Cepas García Galiano, sino que lo que allí se enterró no fue a un niño, sino a una niña.

“Ahora, yo lo único que quiero es encontrar a mi hermano”, relata la hermana de los gemelos, diez años mayor María José Cepas, quien asegura que el día que conoció los resultados de las pruebas de ADN no podía dejar de llorar. “Estoy convencida de que no está en España, sino que está en el extranjero”, insiste, deseosa a la vez de que se divulgue la fotografía de su hermano Andrés para que alguien que pueda haberlo visto en algún sitio pueda ponerle sobre la pista.

María José no confía hoy día en la justicia. Tampoco después de que ahora tenga en su mano la prueba más definitiva de las que ha tenido nunca: que lo que entregaron a su familia no fue a su hermano sino a otra niña desconocida. Su familia ha visto cómo se ha archivado su caso tres veces. Primero fue la Fiscalía Provincial de Córdoba, que no vio elementos suficientes como para abrir una investigación. Después el titular del Juzgado de Instrucción número 4, el popular José Luis Rodríguez Laínz. La abogada de María José, Aurora Genovés, recurrió y la Audiencia Provincial volvió a archivar el caso al no hallar pruebas contundentes.

Antes de que le archivaran el caso, María José movió cielo y tierra para encontrar pruebas de que su hermano había sido robado. A su madre no le llegaron a entregar en el hospital provincial un parte de defunción de su hijo pequeño, pese a que en la Hoja de Aborto constaba que había muerto a los 15 minutos de nacer. Tampoco a pesar del testimonio de la monja que lo había bautizado con el nombre de Jesús, que aseguró que el pequeño murió a las dos horas de vida. La propia María José, que entonces tenía diez años, asegura que habló con la monja y lo que ésta le dijo: “Quédate tranquila que cuando tu hermano estaba tan malito lo lié en una toalla y lo llevé a que lo bautizaran. Luego murió”.

Desde el 5 de septiembre, y por una cuestión “muy personal”, María José ya no habla de su hermano Jesús sino de “José Ignacio Cepas García Galiano”. Su gemelo Andrés, que siempre creyó que estaba vivo, lo llama así. María José, que ahora cree en lo que siempre creyó su hermano, ha decidido que ya siempre lo llamará José Ignacio y que además lo va a encontrar.

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