Jesús Lázaro: “Sueño con un equipo de cordobeses en ACB”

Jesús Lázaro FOTO: MADERO CUBERO

Tarde de verano en Córdoba. Alerta naranja por las altas temperaturas. El personal se mueve con pesadez, zigzagueando por las calles en busca de zonas de sombra que hagan soportable el tormento. Ciudadanos a la parrilla. Muchos van con botellines de agua en la mano y con esa indefinible expresión que provocan las bofetadas de aire caliente en rostro. Sólo se ríen los niños. Y Jesús Lázaro. Aparece en el Palacio de Deportes Vista Alegre con un atuendo típico de la época. “¿Queréis que me ponga ropa deportiva?”, dice al equipo de Cordópolis mientras se preparan las cámaras. Le apuntamos que no es necesario, pero queda la sospecha de que le hubiera gustado hacerlo. Lo echa de menos. Se le nota al agarrar el balón y posar junto a la canasta, los dos elementos que han definido su vida. “Jugar al baloncesto es algo extraordinario. Y ya si ganas...”, explica. El ha jugado. Mucho. Tanto como 406 partidos en 17 años como profesional, 15 de ellos en la ACB. Sólo hay dos cordobeses que le superan en este aspecto: los hermanos Felipe (513) y Alfonso Reyes (459). También ha ganado. Mucho. Dos campeonatos de Liga y otros dos de Copa del Rey con el Unicaja y el TDK Manresa. Ahora se ha embarcado en un desafío singular. Es el director deportivo -una nomenclatura que no define realmente todas las ramificaciones de su polifacética labor- del Bball, un proyecto que tiene como fin colocar a Córdoba en el mapa del baloncesto de élite. ¿Cuándo? “No nos marcamos plazos, sino metas”, asegura el ex base sentado en uno de los banquillos de un pabellón vacío, mientras algún usuario de la instalación se asoma con disimulo preguntándose quién será aquel tipo en calzonas y camiseta al que hacen fotos sin parar.

Bball es un club totalmente nuevo. Somos todos cordobeses, gente que ha sido profesional de este deporte, pero no tenemos nada que ver con lo que había"

Si se da una vuelta por Málaga, seguramente no podrá enlazar más de quince pasos sin encontrarse con alguien que le saluda, le felicita y le da las gracias por los recuerdos de aquellos maravillosos años en los que el Unicaja fue el más grande de todos. La conquista de la ACB, la Final Four de la Euroliga, la Copa del Rey... Allí estuvo Jesús Lázaro Corral (Córdoba, 1971), uno de aquellos chicos que en los años 80 salió de su tierra con la idea de buscarse el porvenir con el baloncesto, un deporte emergente que proporcionaba sensaciones desconocidas a los aficionados españoles. El fútbol, por entonces, no era más que un generador de frustraciones y complejos -el aciago Mundial de España'82 fue el punto más alto de humillación-, mientras que el basket irrumpía con éxitos de selección -la plata en los Juegos de los Ángeles, ante los EEUU de Michael Jordan- y una competición profesional, la ACB, que encandilaba a una generación de jóvenes. Lázaro lo consiguió. “He sido muy afortunado”, confiesa. Ahora con 41 años, encara una tarea de aire titánico. Para muchos, un imposible. Conseguir que Córdoba tenga un sitio en el mapa del baloncesto profesional en España. En medio de una situación de crisis económica general, de fractura de valores, de filosofía de la queja, Lázaro se ha propuesto reinventarse de la mano del Bball, una criatura que da sus primeros pasos tras fundarse hace poco más de un año. “Partimos desde cero, con muchas ideas y gente dispuesta a involucrarse en el proyecto. Aquí estamos para quedarnos y para ser cada vez mejores, para crecer desde la base”, explica. Es el rostro más visible del Bball. Lo sabe y asume la responsabilidad, como cuando dirigía el juego en la cancha desde su puesto de base. Ahora juega desde los despachos. Y cuenta con buenos aliados en la organización. “No tenemos prisa. Queremos hacer las cosas bien”, insiste Lázaro.

PREGUNTA. En Málaga, un ídolo. En Córdoba, su tierra, prácticamente un desconocido. ¿Qué sensación le provoca?

RESPUESTA. Bueno, no tengo ninguna sensación especial. Las cosas son como son. Me marché a los 16 años y he vuelto 25 años después. Después de tantos años es normal que la gente no te identifique, aunque sí puedo decir con mucha alegría que con mis compañeros del colegio, de mi equipo en Salesianos, los que me conocen desde que era chico, tengo una excelente relación. Nos vemos, quedamos, hablamos de las mismas tonterías... Y de baloncesto, claro.

P. Forma parte del reducidísimo porcentaje de chicos que empiezan en la cantera de un club y terminan siendo profesionales.

R. Sí, conozco a mucha gente de los que empezamos. Luego, cada uno ha ido por su camino. Yo he tenido la gran suerte de poder dedicarme a esto profesionalmente durante veinticinco años. De hecho, éste es el primer año que no puedo dedicarme profesionalmente al baloncesto porque en Córdoba no hay élite. Y lo que pretendemos es que la haya. ¿Cuando será eso? Pues no sabemos cuándo, pero sí tenemos claro que vamos a poner todo lo que tenemos para conseguirlo. Bball es un proyecto nacido en Córdoba, con cordobeses y un sueño común. Somos humildes, pero aspiramos a llegar muy lejos.

Somos nosotros quienes tenemos que empujar para ganarnos el futuro y no esperar a que vengan de fuera a arreglarnos la vida. Si nuestra base responde, tendremos más fácil encontrar apoyos, colaboraciones, la Ciudad Deportiva... Aspiramos a crear una cultura de club"

P. Hace exactamente un año que llegó aquí. ¿Qué ha cambiado en ese tiempo?

R. Lo que más satisfechos nos tiene es que hemos creado una marca, que hemos ganado la identidad que el año pasado no teníamos. El proyecto se ha hecho más fuerte, ha crecido. Vamos dando pasos, unos grandes y otros pequeños, nos caemos y nos levantamos, escuchamos los consejos y tenemos nuestras puertas abiertas para todo el que quiera ver en el futuro baloncesto de élite en Córdoba. Seguimos adelante. El reto ahora es conseguir una buena masa social, crear una comunidad activa que nos dé solidez como club, y tratar de involucrar a entidades que trabajen la cantera. No queremos que Bball sea el proyecto de un club, no es eso lo que pretendemos. Queremos estar abiertos a todos. Evidentemente, habrá muchos clubes que lo que quieren es seguir su camino y es importante que sea así. En cierto modo, debe ser así. Los chavales tienen que estar en su equipo, en su colegio, en su barrio o en su pueblo. Nosotros tenemos la idea de convertirnos en un club con potencial para aspirar a un campeonato de élite, consolidar nuestra marca y, sobre todo, construir desde abajo, con la cantera. Los chavales son lo más importante. Ésa es la gran diferencia entre el Bball de hace un año y el actual. Veníamos con ideas y esto se va transformando en hechos. Creo que estamos en el camino correcto.

P. ¿Qué parte de desafío personal tiene para Jesús Lázaro el Bball?

R. Todo, todo. Porque con los pocos recursos que tenemos estamos haciendo creo que muchas cosas. Hacemos ruido con sentido. Los resultados no son concluyentes, porque yo no quiero que se nos juzgue por si ganamos más o menos partidos, sino por la evolución de nuestros jugadores. Por cómo progresan Luis Rodríguez, que es un chico de primer año sénior, o de Duanis, o Antonio Carlos... Ése es el objetivo que nos hemos marcado y el que vamos a seguir. El año que viene seremos un equipo más joven, ésa es la idea, aunque estamos a la espera de cerrar presupuesto, patrocinadores... Estamos a principios de julio y aún falta. Lo que tenemos todos claro en la organización es que esto debe ser un proyecto cordobés, con gente de aquí y buscando lo mejor para la proyección de los jugadores de Córdoba y la provincia.

P. En Córdoba ha habido siempre un club de baloncesto en categoría nacional desde hace más de cuarenta años. Han surgido después muchos proyectos, iniciativas de todo tipo. En los últimos tiempos, con la crisis general, el panorama se ha hecho más turbio. Ha habido muchas buenas intenciones pero pocas concreciones. Ahora sale el Bball Córdoba. ¿Qué aportan? ¿Qué tienen que ver con lo anterior?

R. Bball es un club totalmente nuevo. Somos todos cordobeses, gente que ha sido profesional de este deporte, pero no tenemos nada que ver con lo que había. Los proyectos anteriores han tenido todos sus sentido. Sus dirigentes han hecho lo que ellos han creído conveniente, con más o menos medios o más o menos suerte. Yo no tengo ningún interés en que nos vean como una continuación porque, principalmente, no es así. Somos un proyecto nuevo, transparente. Todo el mundo puede verlo. Queremos que los chavales deseen jugar al baloncesto, aprendan, mejoren y quieran seguir haciendo deporte en el futuro. Mira, la realidad es que llegar a ser profesional es muy difícil, complicadísimo, sólo lo logra una minoría. Pero ser jugador de baloncesto, amar este deporte y convertirlo en parte de tu vida, tu educación y tus relaciones es más fácil. Ésa es la comunidad que queremos crear. Con nuestros jugadores, los directivos, los entrenadores, las familias... Formar un gran club desde la base, ése es el reto que nos planteamos. Luego, crecer. Y a ver hasta dónde llegamos.

Tenemos expectativas de crecer, pero no podemos frustrarnos por lo que no tenemos todavía sino que hay que disfrutar de lo que hay. Participar del crecimiento. Construir"

P. ¿Y eso como se hace? En Córdoba existen centros de trabajo de cantera excelentes, pero tradicionalmente nunca hubo una referencia a donde fueran a parar los jugadores. Bueno o malo, el caso es que así se ha funcionado. También tienen el problema de las instalaciones. Supongo que ahí será clave el proyecto para contar con un complejo deportivo propio, un asunto en el que llevan tiempo trabajando.

R. No sé si a corto o medio plazo, pero se va a solucionar. Ésa es la voluntad de todas las partes, lo que pasa es que todo está a la espera de que por parte de las instituciones se le dé viabilidad. En cuanto tengamos la ubicación, nosotros nos encargamos de todo. Esto lleva ya un año de trabajo detrás. El otro día Guti -Francisco Gutiérrez, presidente del Bball- y yo estuvimos echando cuentas y hemos tenido ya más de treinta reuniones con los responsables del Instituto de Deportes y con la Gerencia de Urbanismo. Hay una buena sintonía general. Lo que nosotros palpamos es que, dada la situación de crisis, cualquier tipo de proyecto que no resulte gravoso para las arcas públicas es bienvenido. Si se consigue una instalación nueva para un colectivo grande, o muy grande, que está falto de ellas se matan varios pájaros de un tiro.

P. Tienen, entre otras, dos batallas históricas pendientes: conseguir respaldo popular y estructurar de manera sensata y eficiente la cantera.

R. Todo está ligado. Para diferenciarte tienes que enseñar realmente lo que quieres hacer, cómo quieres trabajar. En el primer año tuvimos en Vista Alegre la Liga Andaluza y el Desafío del Mediterráneo, con equipos de ACB. También organizamos el Torneo Mezquita, del que estamos muy satisfechos en todos los órdenes. Hubo una media superior a los 1.600 espectadores durante tres días seguidos para un torneo de cadetes. Eso demuestra que hay afición al baloncesto. Y luego tenemos nuestra liga, la Primera Nacional, que es una liga menor y decir eso de ella es hablar con mucho positivismo. Eso hay que reconocerlo porque es así. Pues en este campeonato llegamos a meter 1.700 espectadores en el pabellón en algún partido. En ese camino estamos. Nosotros queremos hacer más cosas y mejor. Organizar dos o tres eventos más y dar protagonismo a los socios del club, a sus jugadores y a sus familias. Somos nosotros quienes tenemos que empujar para ganarnos el futuro y no esperar a que vengan de fuera a arreglarnos la vida. Si nuestra base responde, tendremos más fácil encontrar apoyos, colaboraciones, la Ciudad Deportiva... Aspiramos a crear una cultura de club.

P. Tratan de recuperar el espíritu de los antiguos clubes de socios, con actividades que van más allá del baloncesto, pero adaptándolo a los nuevos tiempos.

R. Algo así. Pero siempre sabiendo dónde estamos. Tenemos expectativas de crecer, pero no podemos frustrarnos por lo que no tenemos todavía sino que hay que disfrutar de lo que hay. Participar del crecimiento. Construir. Mira. A todo el mundo le gusta el caviar y el jamón, pero si lo que nosotros tenemos ahora es una ensaladita, con su aceite de oliva y su tomatito... pues también te deja feliz. ¿Que queremos más? Pues a arrimar el hombro todos. Tenemos que buscar la unión, recuperar esa cultura del esfuerzo que se ha perdido en nuestro país. Hay que saber que hay que esforzarse por hacer cosas, sacrificar tiempo y poner cada uno lo mejor que tenga. Dejar de quejarnos y exigir para ponerse manos a la obra. Mucha gente por la calle me dice que quiere formar parte de nuestro proyecto. En el Bball tenemos la obligación de demostrar que somos serios, que vamos en serio, que estamos aquí para quedarnos y para llegar tan lejos como podamos.

Con una buena estructura, puedes pensar en un equipo en LEB Oro con un setenta por ciento de cordobeses. Yo no le veo sentido, por mi experiencia, a tener a un equipo de profesionales pagados por un año y que no haya nada más detrás"

P. Pero entiende que haya gente que tenga recelo, que no lo vea claro...

R. Entiendo que pueda ser normal que eso pase. Nosotros no dejamos de ser un proyecto más. Decimos que queremos subir, crecer... Pero tenemos un método y, lo que me parece que es lo principal, somos consecuentes y lo estamos haciendo. No es nuestra idea subir a la LEB Oro tirando de talonario. Nosotros queremos crecer con gente de Córdoba y alcanzar la LEB Oro. Y no te digo la ACB porque no tenemos pabellón. Con una buena estructura, puedes pensar en un equipo en LEB Oro con un setenta por ciento de cordobeses. Yo no le veo sentido, por mi experiencia, a tener a un equipo de profesionales pagados por un año y que no haya nada más detrás.

P. ¿Y hay jugadores para eso? Los chavales se siguen marchando de Córdoba muy jóvenes...

R. Y lo seguirán haciendo. Esto tiene por delante un largo trabajo. Los que tienen talento y cualidades se marcharán para ser profesionales del baloncesto, pero se trata de que eso no se produzca cuando todavía son niños, hasta de minibasket. En el Bball queremos convertirnos en una alternativa para que puedan progresar más. Si conseguimos afianzar nuestra estructura con una Ciudad Deportiva de referencia a nivel nacional, con todos los medios que pueda tener el chaval en otro sitio a nivel de técnicos, fisios, médicos, preparación física, programas para adecuar la actividad deportiva y los estudios... Si tenemos eso, al menos puedes sentarte delante de una familia y ofrecer unas condiciones para que su hijo siga progresando. Y si con 16 o 17 años puede dar el salto, al menos habrá continuado en su entorno familiar y en sus estudios sin tener que abandonar la casa. Últimamente ha habido muchos casos. Tenemos a Rafa Blanco en el Madrid, a Adolfo Vega en el Unicaja... Si nosotros tuviésemos en Bball una estructura de club que nos permitiese favorecer el progreso de los chavales, darles una salida hacia un campeonato como la LEB Oro, sería algo fantástico para todos. Pero para eso necesitamos afianzar nuestros medios y un cuerpo técnico de entrenadores de base con las ideas muy claras. Por eso es un camino largo.

P. ¿Cómo se implanta esa filosofía?

R. Yo, antes que todo, soy entrenador. Creo que eso es importante para emprender la tarea de reeducar a todos nuestros técnicos del club. Tenemos que dar las armas a nuestros entrenadores para que vean que esto es un proceso de evolución de jugadores, de progreso, que muchas veces va más allá de ganar títulos. No nos volvamos locos con los resultados inmediatos. Se trata de hacer que los jugadores sean cada vez mejores, que adquieran más habilidades. El trabajo de formación de cantera entiendo que debe ir por ahí. Los resultados no se ven de inmediato, sino a largo plazo. Podríamos poner muchos ejemplos y creo que todo el mundo que sigue desde dentro el baloncesto sabe de lo que estoy hablando.

P. ¿Y eso lo dice un entrenador?

R. Soy un entrenador. Ésa es mi pasión. De hecho, es como yo disfruto realmente. Si este proyecto del Bball requiere que Jesús Lázaro sera el director deportivo, pues lo soy. Si para volver a ser entrenador tengo que hacer estas funciones, pues las hago. Tendrá que ser así. Ahora mismo lo que me toca es una tarea de organización de la entidad. Pero mi idea es acabar entrenando, que es lo que me gusta.

Si quieres seguir en la élite sin entrar en la ruina, tienes que gastar menos. Y estás entonces obligado a apostar por lo tuyo. Y si lo haces, tienes que estar preparado para perder"

P. Hace relativamente poco tiempo que se retiró como jugador y lo hizo de un modo romántico y especial. Debutó con 17 años en el Unicaja y volvió para retirarse con 35. Allí vivió una temporada excepcional, con un dominio absoluto para la conquista del título en 2006. Ahora parece que la ACB también se ha futbolizado. Los duelos entre Real Madrid y Barcelona son permanentes. Todo es cosa de dos.

R. Son los dos únicos clubes que no tienen problemas económicos. Así de claro. Está abriéndose un break enorme con el resto. Yo viví una época increíble en el Unicaja, un patrocinador detrás que se gastaba 17 o 18 millones en hacer una plantilla. Aquel año del título tenáimos a Carlos Cabezas y Berni Rodríguez, internacionales, a Pepe Sánchez que era fijo con Argentina, a Marcus Brown que venía como máximo encestador de la Euroliga, a Risacher que había ganado ligas en varios países, a Walter Herrmann internacional con Argentina, a Zan Tabak que había sido campeón de la NBA, a Jorge Garbajosa internacional y en su mejor momento, a Dani Santiago que había jugado en los Celtics, a Flo Pietrus... ¡Macho! Era una barbaridad de equipo, el mejor de la historia del Unicaja. Ahora eso no se puede hacer. No se puede competir económicamente. Si no hay dinero, el talento diferenciador se va. Ahora se está reinventando todo. Hay que buscar jóvenes que terminan su edad de formación en alta competición... Hay un gran reto para los entrenadores.

P. Porque las exigencias siguen siendo las mismas, como si nada hubiera cambiado...

R. El panorama está claro. Si quieres seguir en la élite sin entrar en la ruina, tienes que gastar menos. Y estás entonces obligado a apostar por lo tuyo. Y si lo haces, tienes que estar preparado para perder. ¿Cómo se hace esto si cada fin de semana eres juzgado por el resultado? Habría que cambiar la mentalidad, que es complicadísimo, o las reglas y hacer como en la NBA, con una liga cerrada. Pero es cuestión de cómo se vive el deporte en un sitio o en otro. En la NBA tú dices que una franquicia está en proceso de reconstrucción y que va a ganar diez o quince partidos de ochenta. Y la gente sigue acudiendo al pabellón para ver la evolución de los jugadores, al equipo contrario, el espectáculo. En Europa, si pierdes te vas al hoyo, desciendes y quiebras. A lo mejor tenemos que copiar las cosas buenas de otros sitios.

P. ¿Apuesta entonces por los campeonatos cerrados?

R. Eso es sencillamente imposible. Sería cojonudo para la formación de los jugadores porque se podría apostar por talentos jóvenes, pero en Europa la motivación de ascender y descender es lo que mantiene el interés por el deporte profesional. Si hubiese patrocinadores a lo bestia, a lo mejor te lo puedes plantear. Pero, vamos, que en el actual escenario eso sería un milagro.

Empecé debutando con Mario Pesquera y terminé con Sergio Scariolo, dos seleccionadores nacionales. También estuve con Javier Imbroda, otro seleccionador de España"

P. Hablando de milagros, estuvo como protagonista directo en uno de los sucesos más increíbles que jamás se hayan producido en el deporte español: la conquista del título de Liga ACB con el modestísimo TDK Manresa en curso 97-98. Se cargaron al Real Madrid y en la final al Tau de Garbajosa, Angulo, Bennet, Espil... y Sergio Scariolo, con el que después ha tenido una interesante relación. Supongo que ese recuerdo le servirá a menudo de inspiración y estímulo.

R. Por supuesto. Aquello fue una gran lección del deporte. Como se suele decir, la unión hace la fuerte. Teníamos el presupuesto más bajo de la Liga, partimos de la sexta posición y fuimos capaces de hacerlo. Yo me había ido allí con la idea de progresar, de salir adelante, y muchos compañeros estaban con la misma misión. Todos pusimos nuestro deseo personal al servicio del equipo. También teníamos un entrenador novato, Luis Casimiro. Y cuando todos van empujando hacia el mismo lado, la cosa funciona. Vaya si funciona. Teníamos desventaja de campo en todas las rondas y le ganamos 3-1 al Estudiantes, 3-1 al Real Madrid y 3-1 en la final ante el Tau Vitoria. Eso es algo que te marca. Entiendes que lo que parece imposible puede suceder, pero hay que creer firmemente en lo que haces. Recuerdo que aquel año en nuestro pabellón le ganábamos a todo el mundo. Ni el Madrid, ni el Barcelona... Y todo con poco dinero. El segundo americano siempre llegaba un par de semanas antes de empezar la Liga, o cuando se podía. Fue una experiencia inolvidable y sí, es verdad que cuando piensas en ello te das cuenta de lo importante que es creer en lo que haces y pensar en positivo, por encima de las circunstancias.

P.  Aunque para experiencia alucinante, la del Unicaja. El mayor éxito del baloncesto andaluz de todos los tiempos.

R. Es el polo distinto a lo que sucedió en Manresa. Allí era conseguir todo porque no tienes nada que perder. En Málaga eras el rival a batir. Por encima del Madrid y el Barcelona, el Unicaja era el equipo al que todos querían ganar. Salíamos a cada cancha sabiendo que nos querían vencer, que todos iban a muerte contra nosotros. Cuando logras ganar, te da una sensación... Es el mejor equipo en el que he jugado, sin duda.

P. En Málaga vivió una etapa crucial en el desarrollo del club. Cuando llegó por primera vez, tras la fusión entre Mayoral y Caja de Ronda, era un club emergente que quería crecer con fichajes de impacto. En la última etapa, encontró a una entidad en su punto más alto de competitividad.

R. Siempre hubo ambición en Málaga, que es una ciudad en la que es fácil vivir muy bien. Para tener el máximo nivel es necesaria dedicación plena y unas exigencias brutales. En mi opinión, gran parte el éxito en los títulos logrados por el Unicaja estuvo en los entrenadores: Bozidar Maljkovic y Sergio Scariolo. Son dos técnicos que me han marcado. Yo me considero muy afortunado por haber estado a las órdenes de grandes entrenadores. Creo que eso explica buena parte de los motivos por lo que he estado tantos años como profesional y he podido prolongar mi carrera. Mira. Empecé debutando con Mario Pesquera y terminé con Sergio Scariolo, dos seleccionadores nacionales. También estuve con Imbroda, otro seleccionador de España. Ricard Casas, Luis Casimiro... Por supuesto, Boza Maljkovic. Todos han influido en mí para que tuviera claro que tras acabar la etapa de jugador encaminaría mi futuro como entrenador.

Hay una gran diferencia entre el Bball de hace un año y el actual. Veníamos con ideas y esto se va transformando en hechos. Creo que estamos en el camino correcto"

P. En Córdoba y en ACB. ¿Se imagina? ¿Para cuándo?

R. Ése es el objetivo. Si en un par de años vamos consolidando el proyecto desde abajo, si tenemos una buena base y masa social, podremos ir dando pasos. En Córdoba y su provincia salen jugadores de calidad. Hay clubes y técnicos que trabajan muy bien. Mira en minibasket todos los años. Andalucía es una potencia nacional y hay muchos niños cordobeses en la selección. Un ejemplo muy bueno lo tenemos en los niños del club Alto Guadalquivir, de El Carpio, que están trabajando con Antonio Bioque de escándalo. No veo que se tengan que ir de allí tan chicos porque otro equipo quiera ganar la liga “mundial” de Córdoba. Que sigan allí, en su entorno, que progresen y sean mejores. Y si siguen así, a lo mejor cuando lleguen a cadetes de último año, o a júniors, su entrenador les dice: “Mira, ya no te puedo dar servicio aquí. Sería bueno que des el salto a un club que tenga una mejor estructura que la mía para que sigas tu camino hacia arriba”. Y ése sería el momento. Queremos hacer un gran club de Córdoba que ayude a los chavales a completar su formación, a darles un camino con los mejores medios y que no tengan que buscar en otro sitio lo que aquí les falta.

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