#Héroes sin capa | Tractorista: “Todos queríamos repetir cada sábado. Nos sentimos orgullosos”

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Tomás Gómez es uno de los agricultores cordobeses que, además de mantener su labor habitual en el campo, donde cultiva olivos para la producción de aceite, ha colaborado en la limpieza y desinfección de las calles de Córdoba. Ha sido una actividad esencial para frenar la propagación del Covid-19 y que ha colocado a Tomás al pie del cañón, alejándolo de la “tranquilidad” de los olivares y de su pueblo, San Sebastián de los Ballesteros, donde aún no se ha producido ningún contagio.

Esta tarea, que comenzó el primer fin de semana de abril, se realizaba en apoyo a los 22 equipos desplegados por la empresa municipal de limpieza Sadeco, que contaban así con la ayuda de una treintena de tractores de toda la provincia. Entre ellos, el de Tomás, que los sábados en los que ha colaborado en la labor de desinfección, salía a las 7:30 de su pueblo y, junto a otros compañeros de la zona, era escoltado por la policía hasta llegar al aparcamiento de El Arenal, donde agricultores y trabajadores de Sadeco se citaban antes de desplegarse por todos los barrios de la ciudad.

“Cada uno tenemos una zona y cada vez lo hacemos mejor”, cuenta Tomás, que se encarga de recorrer y desinfectar con hipoclorito las “calles, parques y avenidas del centro de la ciudad”. Como él, el resto de agricultores vienen de pueblos cordobeses, como Espejo o La Victoria, por lo que al principio no dominaban el mapa de la capital. Sin embargo, gracias a la práctica y la ayuda de un guía de Sadeco, cada sábado lo tenían “mucho más fácil”.

Además de participar en la desinfección, Tomás es uno de los coordinadores de la iniciativa, que “surgió de los mismos agricultores”. Cuando comenzó la emergencia sanitaria y Sadeco desplegó sus equipos, drones incluidos, Tomás y algunos “amigos de la comarca” se dieron cuenta de que esos medios no eran “suficientes para desinfectar toda la ciudad”. Una desinfección que, con sus tractores, podría realizarse “más rápido y con más fuerza”, por lo que contactaron con el presidente de Sadeco, David Dorado, y en cuestión de un día se organizaron en un grupo de 30 tractoristas.

La mayoría de ellos, como Tomás, son agricultores de olivra que tienen que mantener la actividad habitual en sus plantaciones. Sin embargo, “la época de recolección de la aceituna acabó en febrero” y estos meses son “los de menos trabajo”, cuenta Tomás, por lo que la emergencia sanitaria les ha pillado “en el mejor momento”, o en el menos malo, y pueden compaginar su actividad habitual con los sábados de desinfección en la capital.

Los agricultores no quieren dejar de ayudar

“Me ha llamado la atención que todos querían repetir cada sábado”, cuenta Tomás, ya que los treinta tractores que salieron el primer sábado de abril han querido seguir haciéndolo, mientras que otros más de 10 tractores esperaban dispuestos a sumarse a la tarea. Esta voluntad por seguir ayudando, aunque eso implique desplazarse a la ciudad y exponerse a mayores riesgos, se debe a lo “orgullosos y contentos” que todos se sienten al hacerlo.

En parte, por los agradecimientos que cada sábado reciben desde los balcones de los cordobeses, que les dedican “una infinidad de palmas” cuando pasan por sus calles, y desde los comercios de la ciudad, como Pastelerías Roldán, que hace unas semanas les regaló torrijas. Un reconocimiento de su labor que ellos responden volviendo a trabajar cada sábado y, a la vez, sumándose a los homenajes que se están haciendo a los sanitarios cordobeses que luchan contra el coronavirus. En su caso, circulando en caravana por las puertas de los hospitales Reina Sofía y Quirónsalud.

Sin embargo, pese a estar muy contentos por continuar con esta labor, sienten bastante incertidumbre con respecto a las próximas salidas, ya que el siguiente sábado de desinfección será el 2 de mayo, día en el que se espera que los cordobeses empiecen a salir a pasear y a hacer deporte. “No podemos desinfectar la calle con mucha gente”, explica Tomás, pues tendrían que interrumpir constantemente la pulverización “para no mojar a las personas”, que hasta ahora eran pocas y se apartaban o cambiaban de calle cuando los veían venir.

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