#Héroes sin capa | Enfermero de Urgencias: “O desconectas o tu vida es un desastre”

José Manuel Matencio

Las urgencias hospitalarias son la vanguardia en la lucha contra el coronavirus o cualquier otra enfermedad. El servicio que va delante del cuerpo principal sanitario. Los profesionales que habitan las urgencias saben lo que significa mantener a raya la adrenalina, ver más allá de la realidad con celeridad, además de ser conscientes de que este no es lugar para corazones sensibles. “Hay que estar hecho de una pasta especial y a mí el cuerpo me pide Urgencias”, confiesa José Manuel Matencio, enfermero de los servicios de Urgencias de Cruz Roja y del Hospital Reina Sofía en estos días.

Con 22 años de experiencia como enfermero en Cruz Roja, Matencio volvió el pasado diciembre, y por segunda vez en su carrera, a las Urgencias del Reina Sofía tras recibir una llamada de la bolsa del SAS. Así que la crisis de la covid19 lo ha situado en este servicio tanto en la sanidad pública como en la privada, haciendo malabares con turnos y agenda y con una banda sonora común en ambos lugares: el coronavirus.

Las primeras personas con las que se encuentra una persona enferma al acudir a los servicios sanitarios son estos profesionales, “así que nuestra labor es esencial”. El enfermero prosigue con el relato del escenario que se han ido encontrando los enfermos con síntomas del virus al llegar a las Urgencias. “El paciente, que no sabe si tiene la enfermedad, pero que tiene patología asociada a esto se encuentra contigo vestido de marciano. Hay gente que se asusta porque lo han visto en la tele. No te ponen ni cara y le tienes que sacar sangre y meterle un palito por la nariz. Le explicas quién eres y por qué vas vestido así para que se queden más tranquilos”. Matencio agradece que los médicos “apoyan mucho y están muy pendientes”, pero matiza que cuanto menor contacto de profesionales haya con un presunto infectado, mejor.

Este enfermero nunca había imaginado un escenario de pandemia, pero el miedo no ha asomado ni a su mente ni a su sistema nervioso. “Me ofrecí voluntario para tomar muestras a uno de los primeros pacientes que llegaron con síntomas al Reina Sofía a finales de febrero. Quería enfrentarme al virus cuanto antes”, relata. “Estaba deseando que me pusieran en respiratorio para conocer más sobre lo que estaba ocurriendo, porque cuanto antes lo aprendas antes lo controlas”, explica sobre el circuito rotatorio que realizan los profesionales sanitarios en este servicio de Urgencias.

Aunque no existe una especialidad de Urgencias, aquí la experiencia es un grado, aparte de los cursos específicos de emergencias y medicina de catástrofe con los que estos sanitarios se reciclan, porque para ellos existe una bolsa específica. El enfermero define su trabajo como “muy dinámico”, en el que se desarrolla un “vínculo momentáneo” con el enfermo, ya que al día siguiente los enfermos son otros. “Nunca sabes lo que te va a pasar ni lo que lo que te vas a encontrar y esa incertidumbre crea adicción, es el cosquilleo de la novedad”, retrata José Manuel Matencio.

Aunque emocionalmente nadie esté preparado para las tremendas vivencias que depara un servicio de Urgencias, “muchos tenemos la capacidad de desconectar en cero coma dos. O desconectas o tu vida es un desastre”. Matencio ha tenido que vivir en estos días el comunicar malas noticias a familiares o enfrentarse a situaciones familiares muy difíciles.“Es muy duro”, confiesa.

En el lado luminoso, entre las cosas positivas que va dejando la estela de la pandemia es que “ahora hacemos cosas que antes no hacíamos y deberíamos”. El enfermero se refiere a la protección sistematizada. “Antes costaba mucho, lo de los guantes, la mascarilla, no lo hacíamos en muchos casos porque teníamos experiencia y cuidado, pero ahora ya está incluido en la rutina. Espero que se quede porque esto va a durar”, pronostica.

También resalta la unidad de los equipos. “Si en los servicios especiales somos muy piña, ahora lo somos mucho más todavía porque lo hacemos todo juntos, nunca nadie está solo”. Matencio destaca que en Cruz Roja, donde realiza guardias de 12 horas y que es su casa desde hace más de veinte años “vamos todos a una y nos conocemos mucho”. En Reina Sofía, donde lleva menos tiempo y en donde las guardias son de siete horas, “somos ahora más familia. Eso te deja más tranquilo y más seguro de que puedes contar con los compañeros”.

En cuanto a las diferencias entre las urgencias de un hospital público y uno privado, este enfermero no ve diferencias, ya que los protocolos y las actuaciones son las mismas. “Cambia el volumen de pacientes y de personal, pero la presión sanitaria es similar cada uno en su tamaño, claro”. Se confiesa “tranquilo y poco alarmista” en su ejercicio profesional, y no ha tenido “sensación de desastre” en ningún momento, ya que en ambos hospitales ha habido material de protección “en todo momento”. Lo que resalta es una “optimización” de recursos. “Nos han dado las mascarillas con cuentagotas para que no faltaran y me parece muy bien”, opina.

Este sanitario también alaba los datos de esta última semana, pero se lamenta de que la gente pierda el miedo a ir al hospital por cosas no relacionadas con el coronavirus. “No se debe ir a Urgencias por cosas banales y que se pueden gestionar de otra manera”, advierte notando que en este sentido todo comienza a relajarse. Preguntado por si utilizamos este servicio por encima de nuestras posibilidades, el enfermero responde con un sí rotundo.

“No sé si es educación o cultural y abusamos de los sistemas sanitarios en general, en la privada y en la pública. Espero que esto sirva para que la ciudadanía se dé cuenta de que no es bueno que las urgencias se colapsen ni tampoco los médicos de cabecera. A lo mejor también se colapsan por otras cosas, pero estamos allí para atender al que verdaderamente está enfermo y hay que tratarlo. Por mucho que priorices el que al final lo paga es el que está enfermo de verdad. El usuario tiene que ser responsable”.

Defensor del confinamiento como solución “y más ahora que ya estamos por debajo del contagio de uno a uno”, Matencio declara llevarlo de manera “inquieta”, ya que le faltan horas para hacer cosas. Su manera de desconectar, entre otras, es con series de televisión. En lo que llevamos de estado de alarma se ha bebido la cuarta temporada de La casa de papel, además de La línea invisible y Élite. Ahora está con Succession.

Lo que nunca hace es asomarse a su balcón de la Judería a las 20:00. “Me da mucha vergüenza, mis vecinos saben a lo que me dedico y no salgo, para que crean que no estoy aquí, que estoy trabajando. En la Cruz [Roja] tampoco salgo, por pudor, y en Reina Sofía he salido dos veces, pero me da apuro. Un día vino Protección Civil, con las sirenas, y me emocioné. Me genera algo que me hace no poder compartirlo”.

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