Herminio Trigo: “Hace muy pocos años que me enteré de quién era Antonio Cañero”

Herminio Trigo, exalcalde de Córdoba | ÁLEX GALLEGOS

El exalcalde de Córdoba Herminio Trigo, que rigió la ciudad entre 1986 y 1995, ha escrito un amplio artículo en el que detalla los motivos por los que su Corporación le puso una plaza a Antonio Cañero a finales de los años ochenta. Ahora, con la aplicación de la Ley de Memoria Democrática aprobada por el Parlamento de Andalucía el Ayuntamiento la va a retirar. “Hace muy pocos años que me enteré de quién era Antonio Cañero”, justifica el exalcalde cordobés en una columna de opinión.

“Cuando remodelamos la plaza del barrio, la Asociación de Vecinos nos pidió que cambiáramos el nombre que tenía de Monseñor Fernández Conde. No querían el nombre de un obispo para su plaza y nos pidieron que le pusiéramos el nombre del barrio. Por cierto, entre los vecinos había bastantes comunistas. Y el Pleno, por unanimidad lo aprobó. Hace muy pocos años que me enteré quién era Antonio Cañero y su comportamiento en la Guerra Civil”, detalla el exalcalde cordobés, que militó en el PCE, posteriormente en IU y en el PSOE a través de Nueva Izquierda.

Herminio Trigo tira de memoria personal para explicar el conocimiento que todavía en los años ochenta se tenía sobre ciertos episodios de la Guerra Civil. “Mis recuerdos se hunden en el secretismo con el que mi madre contaba, en voz muy baja, que en los años que duró la guerra y los que le siguieron, oía por las noches con verdadero terror las descargas de fusilería con que se asesinaban a los vecinos en la tapia del cercano cementerio de la Salud. Aprendimos entonces que había cosas que no se podían contar, como si nunca hubieran ocurrido y las escondimos tanto en el fondo de nuestra memoria que ha costado muchas décadas desempolvarlas”, relata.

“La maldad del franquismo no se limitó a asesinar. También nos ocultaron a los niños en la escuela la historia de lo que ocurrió. Aprendimos que Franco, Queipo de Llano, Mola, Cascajo, José Antonio, eran unos héroes que se sacrificaron por librar a España de judíos, masones y comunistas, La Iglesia Católica colaboró activamente en la salvación de las almas, aunque el precio fuese arrancarlas del cuerpo a tiro limpio”, escribe el exalcalde cordobés. “El resultado fue que varias generaciones crecimos en la más absoluta ignorancia de lo que realmente ocurrió, nos cambiaron la historia, con el añadido del miedo que nos habían transmitido nuestros mayores. Esa ignorancia continuó cuando llegó la democracia. El ruido de sables en los cuarteles y el miedo a una repetición de la tragedia, hizo que nos conformáramos con la recuperación de las libertades y la democracia, que no era poco, pero nada de mirar hacia atrás. Una ley de amnistía para los asesinos y aquí no ha pasado nada. La Historia continuó enterrada en una cuneta”.

“En esas condiciones, ¿alguien sensato puede pensar que conocíamos, por ejemplo, quién era Antonio Cañero?”, se llega a preguntar. Es más, cuenta otra anécdota sobre su etapa como alcalde de la ciudad. “El año pasado (2017) supe que el interventor que habíamos tenido en el Ayuntamiento durante los primeros años, Antonio Baena Tocón, fue miembro del Tribunal Militar que condenó a Miguel Hernández. Aunque en su momento lo hubiéramos sabido, poco se podía hacer, estaba amnistiado. Me adelanto a la posible acusación de que los comunistas consentimos tener de interventor a un sujeto como ese”, dice.

“Es un sarcasmo que los representantes políticos de esta derecha del PP, empeñados en parecer herederos del franquismo, utilicen nuestro desconocimiento, fruto de la represión sufrida en la dictadura, como argumento político”, expone. Al mismo tiempo insiste en que “ahora las circunstancias han cambiado, estamos conociendo la verdad de lo que pasó por investigaciones realizadas por historiadores que se han hecho públicas. Estamos conociendo la historia que nos ocultaron, estamos sacando a la historia de las cunetas en las que la enterraron. Ahora existe una Ley de la Memoria que obliga a recuperar los restos de las víctimas y a borrar de los espacios públicos los nombres de los represores. Su aplicación está llevando a reparar ese espacio negro de nuestra historia, muy tarde, es cierto, pero es la consecuencia del miedo que sembraron durante cuarenta años”, concluye.

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