El genio del día estaba en Gran Teatro

Concierto de Frank Gambale |MADERO CUBERO
Frank Gambale, que regaló un concierto cálido y sin estridencias, puso en pie a los cerca de 500 espectadores que se dieron cita en Gran Teatro

Gambale es un escándalo tocando. Y ayer lo demostró en el escenario de Gran Teatro ante los cerca de 500 fieles que no quisieron perderse la cita con el maestro del sweep picking. Quienes pudimos disfrutar de la brillante técnica del australiano sabíamos a lo que veníamos. A pasarlo bien. No nos importó que su concierto coincidiera en hora con el de otro gran músico en horas bajas. El artista de renombre estaba en La Axerquía, el genio con mayúsculas estaba en las tablas de Gran Teatro. Y lo demostró con creces. El Festival tenía una deuda con Gambale y, por suerte, se saldó como esperábamos.

El periplo cordobés de Gambale no empezó ayer. Según me comentó Juan Carlos, su road manager en España, Frank ha estado varios días encerrado con su banda en un local de la ciudad. Ensayando a muerte. Era la primera vez que tocaban juntos y quería que todo fuera sobre ruedas. El teclista, el bajista y el baterista - y que no eran los anunciados -  se han dado cuenta en estos días de que Gambale no se contenta con poco. Es que tocar en el Festival de la Guitarra impone y el propio Gambale lo reconocía en una entrevista mañanera: “Conocía perfectamente este festival, otros colegas han tocado aquí y sé del renombre que tiene”. Durante el concierto lo repetía de nuevo: “Córdoba es un referente en el mundo de la guitarra. Me encanta formar parte de este festival”. Ahí queda eso.

Pero vayamos por partes. Porque la fiesta comenzó por la mañana. Una treintena de alumnos participó en la masterclass que había preparado en el escenario de Gran Teatro. Ahí ya pudimos comprender que Gambale es mucho más que un gran músico. Con pizarra incluida, hablando de armónicos, escalas y tabs dio una clase magistral que demostró que se puede enseñar mucho en tres horas. “No sé si voy a tener material suficiente”, bromeaba antes de la clase. Después, superó en casi una hora las tres horas programadas. Porque como docente, Gambale es un fuera de serie. Sus libros y sus vídeos educativos así lo corroboran. Y después firmó discos, se hizo fotos con los alumnos y atendió a todos ellos con amabilidad y cordialidad absoluta. Chapó.

Unas horas más tarde, Gambale demostraba que su técnica está a la altura de los grandes. Ya en la prueba de sonido dejó algunas pinceladas que anticipaban la fiesta posterior. Es cierto que ha depurado sonido, que ha refrenado el sweep que le encumbró y que le permitió ganarse una seña de entidad propia, pero eso ha servido para afinar su técnica, potenciar el fraseo y conseguir una articulación endiablada. Como leía hace unos días, una cosa es digitar clichés a velocidad cegadora y otra pensar, instantánea y musicalmente, cascadas de notas llenas de giros intrincados y clavarlas sin titubeo. Y eso es lo que hace Gambale. Y todo lo consigue con unas manos que parecen estáticas, casi robóticas. Sin embargo, su nueva banda demostró que no está a la altura del maestro. Gambale es rompedor, su banda… pausada. A veces parecía que le frenaba. Aun así, concluyeron un concierto cálido, redondo y acogedor.

Al comenzar el concierto, Gambale dijo que iba a ofrecer un extenso repaso de toda su carrera. No defraudó. Arrancó la noche con Magritte, tema estrella de su disco Thinking Out Loud, y que interpretó sin grandes estridencias, pausado y con sensatez, adjetivos que podrían calificar lo que vimos durante la hora y media larga que duró el concierto. Pero no fue el único clásico que nos regaló. Durante la velada sonaron temas como Loch Ness Monster o su reconocida Samba di Somewhere, que nos hicieron viajar 30 años atrás en el tiempo, cuando el maestro del sweep picking todavía peinaba su larga melena, hoy totalmente desaparecida.

En definitiva, Gambale viajó a lo largo de sus tres décadas de música para regalarnos pinceladas de todas sus épocas. Y es que la fusión que Gambale presenta sobre el escenario tiene aromas de Steely Dan, del inolvidable Michael Brecker e incluso de Sting, que el próximo domingo cierra este 35 Festival de la Guitarra. Pero, sin duda, de quien más ha bebido es de Chick Corea. Los cinco discos que grabó junto al teclista estadounidense fueron una fuente continua de inspiración para Gambale que todavía hoy se percibe en muchos de sus temas. De hecho, el amor es mutuo, pues el propio Corea reconoce que todo lo que toca Gambale lo convierte en oro. “Hay que cortarle las manos”, bromeaba no hace mucho otro viejo conocido del Festival, el británico John McLaughlin.

Y eso es lo que pensábamos algunos al abandonar Gran Teatro. Este tío tiene unas manos envidiables y aunque ayer no se prodigó en demasía, sí que dejó pinceladas imborrables que quedarán para siempre en el recuerdo de esta edición. Y no solo por su virtuosismo. Pues quienes tuvimos la suerte de conocerlo de cerca nos quedaremos para siempre con la imagen del Gambale amable, cercano y humilde, arrodillado sobre las tablas de Gran Teatro, abrazando y saludando a todos sus fans que se agolpaban frente al escenario al terminar su actuación. Así se construye la leyenda. Ojalá Dylan se aplicara un poco el cuento.

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