Diario del Confinamiento. 'Sunt servanda'

Santa Rita de Casia.

Los acuerdos obligan, los pactos que se hacen deben cumplirse. Es lo que hay. Es un principio del derecho civil de los romanos, a los que tanto debemos.

Si no, la convivencia sería un cachondeo. Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo, que cantaba Sandro Giacobbe.

Donde se explica muy bien este principio, como tantas cosas, es en las novelas y películas de mafiosos, donde se relacionan supuestos “hombres de honor” con sus negocios, sus pactos y su cositas. Cuando esos relatos son buenos ocurre algo muy particular: que el lector o el espectador se pone del lado del más cabrón, como si fuera el bueno; algo que, en principio, no haríamos en la vida real ¿O es que me van a decir ahora que Michel Corleone es una bellísima persona? Pues no, pero parece el bueno de la saga.

En esas peripecias, el que no cumple un contrato acaba la mayoría de las veces durmiendo con los peces. Poca broma.

Pensaba en esto escuchando los noticieros sobre información política en el que un señor que tiende a soltar frases lapidarias decía eso de “pacta sunt servanda”. Citar en latín es muy de empollones de Derecho y puede quedar bien o excesivamente petulante, a gusto e del oyente.

Lo más gracioso es que lo escuchaba hoy 22 de mayo que, según el almanaque de mi cocina, es el día de santa Rita, abogada de los casos imposibles; así que de lo culto a lo popular: “santa Rita, santa Rita, lo que se da no se quita”; un refrán que tiene mucho que ver con eso de los pactos.

Me imagino a algún firmante de cierto compromiso acordándose del refrán y diciendo para sus adentros “ah, se siente”, mientras otro se pregunta pero qué coño he firmado yo.

Por cierto, un matrimonio también es un pacto y tal día de Santa Rita como hoy del año 2004 se casaron Felipe de Borbón y Leticia Ortiz en la catedral de La Almudena.

Ese sí que es un ejemplo guapo de “pacta sunt servanda” y a ver quién es el guapo que me lo quita.

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