Diario del Confinamiento | Mr. Heston

Charlton Heston.

Soy tan pusilánime (por cierto, una de las palabras más hermosas de nuestro idioma junto a “ultramarino”) que si sale Charlton Heston en la pantalla de mi salón, ya sólo con eso, me siento más seguro y como más animado.

Llamadme gilipollas (otra hermosa y muy aplicable palabra), pero el señor Heston me inspira confianza. Creo que todo va a salir bien si él interviene.

Joder; cómo no te vas a fiar de un tipo que pudo con una invasión de hormigas cuando rugía la marabunta en su hacienda colonial mientras Eleanor Parker no daba crédito (somos la marabunta: frase acuñada por Rafael Gómez, Sandokán, en su campaña electoral a la alcaldía y que significa somos el manso).

Heston, que lideró al pueblo judío (le pagaron para ello los dueños de los estudios, normal), escuchó a un arbusto chamuscado, separó las aguas antes de que Calatrava hiciese puentes horteras y recibió un decálogo de ordenanzas en una tablilla.

El bueno de Charlton, que derribó el vehículo de Messala en Ben-Hur, en el mejor grand prix que se recuerda y, luego, casi le besa las heridas en boxes.

El tipo que viajó en el tiempo y morreó con una doctora mona para acabar viendo La Libertad semienterrada en la playa.

Él, que fue el Cid por los campos de Castilla, antes que Pérez Reverte, y además, del bracete de Sofía Loren. Nivelón de Doña Jimena.

O el Heston en los setenta, que pone calma en los accidentes aéreos, gestiona las consecuencias de un terremoto o controla a las fuerzas del estado federal –SWAT incluido- y reduce (eufemismo: se carga) a un mochales en un estadio mientras los equipos de Los Ángeles y Baltimore se juegan el pase a la final de la NFL.

Lo que ha hecho Charlton Heston por nosotros no está en los escritos, por eso lo escribo yo.

¿Que ha sido presidente de la Asociación Nacional del Rifle? Y qué. Sus razones tendría.

Es cierto que, en estos días, está saliendo demasiado por mi tele. Puede ser que sus películas estén ya exentas de derechos y sean baratas. Todo cansa y Heston puede terminar siendo un jartible.

Podemos acabar hasta los huevos de sus cositas.

(Lo siento. He escrito tal vez muchos tacos, pero es que están en el diccionario y se entienden muy bien. Riqueza expresiva del habla popular, creo que se llama).

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