Denuncian la falta de vallado y la ocupación de la zona reservada para personas con discapacidad en la Cabalgata

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Personas con alguna discapacidad y sus familiares han denunciado la falta de vallado y la ocupación que sufrió la zona reservada para este colectivo al paso de la Cabalgata de Reyes en la avenida del Flamenco, antigua avenida Conde de Vallellano.

Según han relatado en un comunicado de queja, el espacio habilitado para personas con algún tipo de discapacidad no estaba debidamente señalizado ni perimetrado, ni el personal que debía vigilar el acceso a las personas con discapacidad y sus familias controlaron que también accedieran el resto del público. Es el ejemplo que ha explicado Sergio Martín Pavón, un cordobés sordociego, que el año pasado disfrutó del espacio habilitado por primera vez para las personas con discapacidad al paso de la Cabalgata de Reyes y que este 5 de enero quería repetir la experiencia. “Desgraciadamente, pudimos comprobar cómo, lejos de mejorar y pulir posibles errores, la zona reservada era una auténtica farsa, un burdo intento de mantener una buena experiencia, pero sin tacto alguno y sin prestarle la atención debida”.

“En primer lugar, pudimos constatar el hecho de que allí no hizo presencia ninguna autoridad municipal ni personalidad pública. Ya nos extrañó mucho, pues el año anterior había sido todo lo contrario. Pero lo más grave y preocupante es que la zona reservada carecía de vallado perimetral ni cinta policial (más allá de un par de vallas en los extremos), y dependía de la vigilancia de una línea imaginaria por parte de dos guardas de seguridad, que tampoco podían (ni querían lógicamente) excederse de sus funciones”, relata.

A eso se suma que, según explica, “los propios guardas y, ante las quejas de los presentes, nos confirmaron que tenían orden de dejar pasar a todos los niños/as y sus familias, con lo cual la zona se convirtió finalmente en un guirigay: una zona como otra cualquiera del recorrido, perdiendo la función de permitir a las personas con alguna discapacidad que estábamos allí (sordociegos, personas en sillas de ruedas…) disfrutar del paso de la Cabalgata”.

La queja se extiende al comportamiento de “desaprensivos que desgraciadamente comprendieron que era una parte mucho más despejada del recorrido para poder coger caramelos a diestro y siniestro sin respetar ningún tipo de espacio personal, ya fueran niños o adultos, y usando incluso cajas para recoger la preciada mercancía” al paso de las carrozas de la Cabalgata.

Sergio Martín concluye el relato de su experiencia solicitando que “las autoridades municipales recapaciten sobre sus errores para que no se repitan en años próximos, y así todo el mundo podamos disfrutar de nuestra Cabalgata de Reyes en igualdad de condiciones. Porque la ilusión no entiende de discapacidad, sino de deseos de integración e igualdad”.

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