Un cuarto de siglo del tren que devolvió a Córdoba al mapa

Un AVE, en un paso a nivel, con la estación nueva en obras al fondo | RAFAEL MELLADO

Hasta el 14 de abril de 1992 (bueno, en verdad el problema no acabó hasta dos años después) las vías del tren partían a la ciudad de Córdoba por la mitad. El 14 de abril de 1992, poco después de las 17:00 de la tarde, una multitud recibía al tren que iba a devolver a Córdoba al mapa, el que la iba a convertir en una de las ciudades mejor comunicadas de Andalucía, a tiro de piedra de Sevilla y Madrid. El 14 de abril de 1992, Manuel Chaves confesaba que se subía por primera vez en su vida a un tren de alta velocidad. Lo hacía en Córdoba, con su alcalde, Herminio Trigo, y entre una multitud que aplaudía. “No nos aplauden a nosotros, aplauden al tren”, explicaba a los periodistas Chaves.

Solo cuatro días antes, el ministro de Obras Públicas, Josep Borrell, había inaugurado en Córdoba la Autovía de Andalucía (hoy Autovía del Sur, la A-4 de toda la vida). En una semana, Córdoba estrenaba autovía (hecha con prisas, ahí está la Cuesta del Espino) y un tren de alta velocidad. Era 1992 y Sevilla inauguraba la EXPO. Córdoba, por estar cerca, se beneficiaba enormemente. Volvía a estar en el mapa, se convertía en un destino turístico y en dos años iba a ver cómo se sellaba la enorme cicatriz que cruzaba su casco urbano desde el siglo XIX y, sobre todo, la expansión de mediados del siglo XX.

El AVE paraba en Córdoba antes de que se acabase la actual estación. Lo hacía en la antigua, en la sede de lo que hoy es Canal Sur (allí se subieron Manuel Chaves y Herminio Trigo, junto a decenas de periodistas). Durante dos años, los cordobeses tenían que sortear al tren de alta velocidad. Sí, el AVE tenía pasos a nivel en Córdoba. Hay fotos. Mientras, se destruía Cercadilla, se construía a toda velocidad la estación, se soterraban las vías en lo que hoy es el paseo del Vial Norte, se liberaba suelo, se construían jardines y, lo más rápido que se pudo, se acabaron los pasos a nivel.

Aunque el viaje inaugural del AVE fue el 14 de abril (61 años después de la declaración de la II República, curiosa fecha), no fue hasta el día 21 de abril, martes, cuando empezaron a poder subirse los pasajeros, los civiles. Aquel viaje inaugural estaba lleno de autoridades, de ministros, secretarios de estado, alcaldes, presidentes de comunidades, de diputaciones y vicepresidentes. Fue Narcís Serra el que presidió el viaje inaugural y no Felipe González, que prefirió esperar.

Todo salió bien. Una vigilancia hasta del Ejército evitó sobresaltos (la amenaza de ETA, siempre latente) y el AVE llegó un par de minutos antes de lo previsto a Sevilla, a Santa Justa, donde la EXPO lo inundaba todo.

El AVE Madrid-Sevilla, inaugurado el 14 de abril de 1992, fue la primera línea ferroviaria de Alta Velocidad y ancho internacional construida en España. Su inauguración coincidió con la Exposición Universal de Sevilla.

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El AVE surgió más por necesidad que por otra cosa. El trazado ferroviario entre la Meseta y Andalucía existente antes de la puesta en servicio de la línea de alta velocidad atravesaba un entorno natural de complicada orografía: Despeñaperros. Dotado de vía única y con radios de curvatura muy reducidos (entre 300 y 600 metros), permitían velocidades máximas entre 70 y 100 kilómetros por hora. Era un cuello de botella.

Según recuerda ADIF, como consecuencia de ello en la década de los setenta se comenzaron a estudiar posibles alternativas que permitieran un acceso de calidad. La primera solución analizada fue la duplicación de la vía existente, lo que presentaba graves problemas de ejecución por las adversas características orográficas y por la interferencia de las obras con la explotación del tráfico ferroviario al tratarse de vía única, factores que de una parte originaban una fuerte inversión y de otra producirían afecciones a la explotación.

La puesta en servicio de la Línea de Alta Velocidad París - Lyon (410 kilómetros) en 1981, y su éxito progresivo en los siguientes años, hizo pensar en la conveniencia de un cambio de criterio en el diseño de construcción de la infraestructura que se estaba iniciando. Por todo ello el Consejo de Ministros decidió el 9 de diciembre de 1987 que la nueva infraestructura debía construirse con los parámetros de una línea de alta velocidad y con el ancho predominante en el resto de los países europeos. Ese día, España también decidió entrar en la modernidad y superar un ancho de vía diferente al del resto del mundo que había mantenido desde mediados del siglo XIX por una decisión política.

Las obras, iniciadas el 2 de octubre de 1989, tardaron cuatro años y medio en ejecutarse y en 1990 Renfe decidió llamar AVE al tren de alta velocidad, cuyo nombre constituía una simbiosis de las primeras letras de las palabras alta velocidad española y de la imagen de rapidez relacionada con los pájaros.

El 10 de octubre de 1991 Alstom entregaba a Renfe el primer tren de alta velocidad hecho en su factoría de Belfort y seis años después, en 1997, las líneas AVE empezaron a tener beneficios netos; era un año antes de lo previsto por la compañía.

En la actualidad son 32 los trenes AVE que cada día comunican Sevilla y Madrid (todos con parada en Córdoba) y -según Renfe-, la cifra anual de viajeros supera los tres millones. Desde su puesta en servicio estos trenes han sido utilizados por 69 millones de viajeros, incluida Córdoba como parada intermedia en el recorrido de AVE Madrid-Sevilla.

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