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Una ciudad de ciencia que se divierte con ella

Noche de los Investigadores en el patio del Rectorado | MADERO CUBERO

Alfonso Alba

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En el patio del Rectorado de la Universidad de Córdoba se escuchaban risas de niños. La magia de la electricidad y el electromagnetismo hacía que algunos de los más pequeños se divirtiesen viendo cómo se le ponían los pelos tiesos. De fondo, otros se quedaban con la boca abierta comprobando cómo en sencillos pasos podían potabilizar un agua verde que se convertía en transparente y sabrosa. A la izquierda, comprobaban cómo era el cuerpo humano por dentro, con sus órganos, sus circuitos nerviosos. Y a la derecha, más laboratorios y más ciencia.

Córdoba ha celebrado este viernes su séptima edición de La Noche Europea de los Investigadores, una cita que se ha consolidado como un evento clave en el otoño cordobés. De hecho, en esta edición se han superado todas las previsiones con la presencia de un total de 192 investigadoras y 158 investigadores, que han formado parte de 75 actividades de todo tipo. Que han hecho que la ciudad se convierta en ciencia y que encima se divierta con ella.

“Estos jóvenes tienen que servirnos de altavoz. Gracias a esa investigación vivimos mejor. La sociedad del bienestar se debe en gran medida a la ciencia. Eso es importante que lo sepa la ciudadanía”, explicaba durante la inauguración de La Noche de los Investigadores el rector de la Universidad, José Carlos Gómez Villamandos. “Tenemos la obligación de seguir trabajando porque la ciencia contribuye al bienestar”. Junto a él, Amparo Pernichi, concejala delegada de Medio Ambiente e Infraestructuras del Ayuntamiento de Córdoba y Fernando Garrido (IESA-CSIC), valoraban una cita que ha llenado de ciencia a la ciudad, y que comenzó temprano con una feria de pequeños investigadores en el Jardín Botánico.

Sin embargo, el plato fuerte estaba en el Rectorado. Allí, junto a la estatua de Rafael Castejón era posible contemplar una recuperación de palabras del mundo rural en todos los idiomas españoles y en peligro de extinción. El favorito, quizás, la almárciga, con sus significados ambivalentes y contradictorios. Pero muchos más, junto a una alpaca de paja.

En el mismo Rectorado, en el salón de actos, La Noche de los Investigadores quiso hacer divertido algo que está muy de moda pero que suele ser muy árido, una lectura de tesis. En una gala central, la Universidad quiso divulgar así con un acto menos solemne de lo normal.

Pero la ciencia tiene que salir de la Universidad. Y lo hizo. En el restaurante El Astronauta había bocados de ciencia, en Comic Stop se habló del legado de Hayao Miyazaki, en el Boh Bar de los avinagrados, en el café Málaga se hicieron microcharlas y en patios de San Basilio, el centro y la Axerquía se organizaron debates, muchos precisamente relacionados con la sociología y con ese modo de vida que el patrimonio inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

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