El arte del buen morir

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La asociación tanatológica de Córdoba, La muerte dulce, se presenta en una abarrotada Biblioteca de Al-Andalus con el propósito de formar e informar sobre la muerte, para que “el gran viaje” deje de ser un tabú en nuestra sociedad

La muerte dulce,

“Estoy aquí porque amo la vida”, confesó Sandra, de pie y con lágrimas en los ojos. Ella forma parte de la asociación tanatológica de Córdoba La muerte dulce, formada el pasado verano y presentada anoche en la Biblioteca Viva de Al-Andalus con una mesa redonda, La muerte, entre lo sagrado y lo profano, que abordó el thanatos desde distintas creencias y no creencias: el catolocismo, el ateísmo, el budismo y el islamismo. Justo antes, varios miembros de la asociación explicaron en voz alta por qué estaban allí. “¿Cómo quiero llegar al final?”, se preguntaba, por ejemplo, Luisa o “quiero que la muerte deje de ser un tabú en esta sociedad”, para explicar que esta asociación, laica y sin ánimo de lucro, nace para reflexionar, debatir, formar y sensibilizar sobre un tema tan tabú como ineludible, la muerte.

Simone de Beauvoir relató en su novela Una muerte muy dulce los últimos días de la vida de su madre desde sus reflexiones como acompañante. “Todos los hombres son mortales: pero para todos los hombres la muerte es un accidente, y aun así la conocen y la aceptan, es una violencia indebida”, escribía la autora existencialista. Para aceptarla, morir tranquilos, sin miedo, estar preparados para el “gran viaje” y así poder ayudar a quienes estén en ese tránsito se pone en marcha esta asociación tanatológica que pretende colarse en todos los ámbitos de la sociedad y, sobre todo, llegar a las escuelas.

El sacerdote Manuel Vida, con más de 1.500 funerales a sus espaldas en 34 años de sacerdocio, habló de “la luz y el consuelo” ante la muerte que sienten quienes tienen fe. Desde su experiencia, habló de cómo han vuelto los funerales a las parroquias “para no ocultar la muerte en los tanatorios” y cómo en muchos casos de dolor “las palabras no sirven, solo los gestos”. Dentro de la filosofía religiosa que apunta a que la vida verdadera nos espera tras la muerte, el sacerdote citó a San Pablo, “los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá” y contó la anécdota de la hija que vio expirar a su padre mientras miraba hacia el crucifijo que había sobre la cama.

Por el contrario la opción laica,  representada María Lacalle en ausencia de la anunciada profesora Amelia Sanchís,  abogó por racionalizar la muerte y verla como “el final del camino”además de reivindicar “la necesidad de aprender a morir”. La joven afirmó que desde el punto de vista ateo “también sabemos lo que es morir”, algo que se ve como “personal e intransferible”.

El artista Hashim Ibrahim Cabrera mostró su sorpresa ante un aforo hasta la bandera -había espectadores incluso sentados sobre el suelo del salón de actos- para escuchar hablar sobre un tema tan “difícil y escabroso”, un hecho que atribuyó a la necesidad que tenemos “de encontrar la verdad”. Para el profeta Mahoma, “los seres humanos están dormidos y solo cuando mueren despiertan”, y sobre esta idea giró el discurso del representante de la religión islámica para la que “la vida y la muerte van indisolublemente unidas”. Cabrera explicó la “relación amigable con la muerte” que existe en el Islam, igual que en otras tradiciones como la japonesa a diferencia de la occidental. Para tener una relación más natural con el morir, el artista recomendó “eliminar todo lo que nos impide desarrollarnos como seres humanos”, ya que el deseo, el miedo o los pseudosentimientos “son una irrealidad que ayudan a que olvidemos que un día moriremos”.

Por último, María Luisa Vico, estudiante de budismo, comenzó recordando la respuesta que un maestro budista dio a la pregunta ¿qué quiere para el futuro?: “Estar preparado para la muerte”. Para el budismo no existe “un principio ni un final absoluto” y esta religión diferencia entre “la sustancia y la identidad” de una persona. La primera vuelve a la naturaleza tras la muerte y la segunda, es la que construimos durante la vida. Vico animó a trabajar la parte interna de nuestra mente y alertó de los tres “venenos” o emociones que impiden una muerte pacífica: “El apego, la ira y la ignorancia”.

La cita finalizó con preguntas del público y con el recital El viaje definitivo, a cargo del grupo El Meridiano Azul. Los versos de Pavese recitados por Hashim Cabrera aún resonaban en nuestra cabeza bajando el Bailío.“ Vendrá la muerte y tendrá tus ojos/ -esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo-.

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