Una historia de terror

La escena se desarrolla en una cafetería próxima a la calle Santo Domingo Savio. Una reunión en la cumbre se plantea, por ocasión enésima, los límites de la realidad tal y como se ha establecido siglo tras siglo en la Wikipedia y en los apuntes de selectividad. Platón, Aristóteles, Descartes, Hume, Kant, en fin, toda la panda, revueltos en sus tumbas y sobrepasados por las circunstancias, se asoman a los Salesianos en busca de iluminaciones que les guíen en este viaje a lo desconocido.

Porque está la realidad a la que el ser humano se ha enfrentado desde que la rueda es rueda y la pintura rupestre es pintura rupestre, signifique eso lo que signifique, que ninguno de ellos se aclara, y después, a años luz, a kilómetros en cantidad de millón, está la realidad tal y como se percibe y se concibe y se expresa en ese centro concertado y religioso de enseñanza. Y ahí, en tan tremenda encrucijada, este quinteto del pensamiento cósmico analiza y le da vueltas y que nada, que no hay manera, que arrojan la toalla.

Que se trata de un problema físico, químico y biológico.

Que se trata de un problema filosófico.

Que se trata de un problema grave.

Se trata de un episodio que te agarra por el estómago y te retuerce, y que te duele incluso enterándote por los medios de comunicación, sin saber de nombres ni de rostros. La familia de un menor de trece años ha denunciado a la policía el acoso y las agresiones que el chico, alumno de los Salesianos, sufre desde hace años. Frente a los golpes y los insultos, frente al miedo, frente a las dos notas de suicidio —dos notas de suicidio— que ha escrito el chaval de trece años —trece años—, sorprende la pasividad del centro, que primero calificaba la denuncia de hechos puntuales y más tarde, ante la repercusión y las pruebas que mostraba la familia, ha optado por el silencio.

Y ahí la realidad se quiebra y ya no hay quien comprenda nada. Esa es la grieta por la que observan Platón, Aristóteles, Descartes, Hume, Kant, en fin, toda la panda, por la que observo yo intentando entender algo, por la que habrá observado esta familia que asegura haber solicitado reuniones y haber insistido y no haber logrado que nadie moviera un dedo.

La grieta de la realidad. Una cuestión empírica.

Un golpe es un golpe: ya nos daña mientras lo pronunciamos. Sin embargo, cuando en el patio del Colegio Salesianos pronuncian hecho puntual no se refieren a la pelea entre dos alumnos que chocan en una ocasión y adiós muy buenas, a un insulto que cruza de una punta a otra del aula y que se olvida con el cambio de asignatura, sino a un maltrato continuado, a las amenazas, al terror. Otra expresión a la que en los Salesianos —según el testimonio de la familia— han recurrido para esta realidad es juego entre niños, y la solución se llama cambio de colegio no de los agresores, sino del agredido. Ya saben ustedes de la riqueza del idioma castellano: será por eso que la realidad de Platón, Aristóteles, Descartes, Hume y Kant, que se manejaban en otras lenguas, dirimen a estas alturas, todavía, ese nuevo concepto de la realidad que impera en los Salesianos.

Yo no entiendo nada, pero es que esto de la realidad es un asunto muy complejo. Quiero decir: conocemos el testimonio del adolescente y de su familia, y conocemos también las cartas de apoyo en las que compañeros de clase describen lo que ocurre y dan la razón al chico, y conocemos que el centro de enseñanza calla, porque aquello que no se menciona no se incorpora a ningún plano de la realidad, y por tanto al no expresarse no existe.

Problema resuelto.

Pero no.

Esto no es una novela ni una película, sino una realidad con muchos ombligos y pocas cabezas. ¿Duerme tranquilo ese responsable del colegio que tacha la situación de hecho puntual y se lava las manos? ¿Alguien en la Delegación de Educación se ha planteado, en lugar de quejarse, que quizá la familia no recurrió a ellos para que no entorpecieran el proceso, en vista de la proverbial torpeza burocrática? Y, sobre todo, ¿nadie ha pensado no en sí mismo y en sus objetivos y en su realidad, sino en ese chico de trece años?

Platón, Aristóteles, Descartes, Hume, Kant, en fin, toda la panda, consagraron sus vidas a las preguntas. Les nacieron muchas respuestas y, sobre todo, muchas dudas que alimentaron a los pensadores de más tarde. Esta audaz reinterpretación de la realidad acometida en los Salesianos de Córdoba, de lo que es y de lo que no es, de lo que se hace y de lo que se dice o de lo que no se dice y por lo tanto no sucede, ha tambaleado los cimientos de la filosofía moderna y, si me apuran, del pensamiento sobre el que se basan las teorías de los volúmenes de lomo generoso.

Una grieta en la realidad: saber y callar.

Yo solo sé que no comprendo nada.

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11 de noviembre de 2012 - 07:00 h
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