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Empresario, ¿se nace o se hace?

Enrique Merino

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El caso es que no me gusta plantear así la cuestión, pero lo resume bastante bien. ¿Se nace o se hace? ¿Te lo has planteado?

Seguro que has estado en alguna reunión de amigos y has escuchado cómo alguno hablaba de montar una empresa, o que tiene una idea para crear una, y lo primero que te viene a la mente es: “¡Pero si este no tiene perfil de empresario!”.

Si hay algo que he aprendido es que las apariencias engañan y, sobre todo, que las circunstancias hacen que un ser humano cambie su rol.

Sin duda, hay personas a las que desde siempre se les ve que tienen algo especial para los negocios. Una capacidad innata de tratar, comunicar y relacionarse. Un carácter y forma de ser acompañadas de inquietudes diferentes al resto. Se les ve que en algún momento despertará en ellos su espíritu “emprendedor” (qué poco me gusta esta palabras y sus diferentes variantes).

Por otro lado, hay otras personas que, aún faltándoles todo lo anterior, se embarcan en proyectos empresariales llevándonos a sorpresa y algunas veces, incluso, hasta la incredulidad al ver el éxito que tienen.

¿El empresario nace o se hace? Pues las dos cosas. No tengas miedo. Es así y en ambos casos encontrarás casos exitosos y de fracaso.

Hay muchos sectores y cada uno de ellos tiene diferentes modelos de negocio; a su vez, cada empresario lo trabajará de forma diferente. He visto empresas muy solventes y que generan verdaderos beneficios a sus dueños en un sector muy antiguo, gestionado de una forma tradicional. mientras que empresas con lo último en tecnología en un sector puntero han acabado enterradas. En ambos casos, el secreto del éxito o fracaso está en el empresario, en sus decisiones, en sus capacidades empáticas, de gestión de equipo (esto es clave, ya hablaremos de ello), en sus relaciones y un largo etc. Y a lo mejor este empresario no sabía que él iba a serlo, a lo mejor él quería ser maestro o conductor de ambulancia y las circunstancias ahí lo pusieron.

Por si no lo has notado, la pregunta no es si se nace o se hace. La pregunta es: ¿tienes el valor de ser empresario? Y a partir de ahí vendrán otras muchas preguntas que tendrás que pensar y reflexionar. Sin duda, cada uno de nosotros tiene unas capacidades y habilidades que hacen que se nos den mejor unas cosas que otras. Y entre éstas está sin duda la de ser empresario. Pero eso no significa que sean determinantes ni para el éxito ni para el fracaso.

Echando la vista atrás, quizás nunca pensé en que quería crear mi empresa. En este país, la cultura empresarial no está arraigada. De hecho, las ultimas encuestas realizadas indican que lo que el joven quiere es ser funcionario, tener un trabajo estable con un sueldo fijo. Cuando estaba en la universidad, jamás me imaginé con 40 años participando en varias empresas.

Pero si analizo en detalle, recuerdo cómo cuando tenía 14 años me programaba los fines de semana en mi Muriano (Cerro Muriano) para limpiar por 500 pesetas los coches de los amigos de mis tíos y padres, que subían a visitarnos, y así sacar un extra a la paga “oficial”. O cómo saliendo del colegio convencí a un amigo para que me comprara la video consola, y ganar lo que me faltaba para comprarme una mejor. Y, sin duda, cómo en la universidad obtuve durante muchos años (lo mismo alguien me lo ha quitado ya) el récord de venta de camisetas para el viaje de fin de curso vendiendo 147 (hasta mi abuela de 80 años iba por el Muriano con una). De hecho, me pagué el viaje y encima la promoción me extendió un cheque por valor de 37.000 pesetas (que sí, que no había euro aún).

Así que, analizándolo, si haces tú lo mismo, podrás darte cuenta de si en ti hay esas ganas de hacer empresa o no. Lo que pasa es que no es fácil dar el paso, eso te lo reconozco. Yo lo di por unas circunstancias muy especiales y agónicas, que me impulsaron a hacerlo (ya hablaremos de ello). No deseo que tengas que encontrarte en esa misma situación para tomar la decisión. Pero sí te digo que en mi caso fue la mejor decisión que tomé. Y que, sin duda, ser empresario es tener tu propio Netflix o HBO: vas a encontrarte todo tipo de series, con múltiples actores, y el final siempre será inesperado, pues los guionistas serán imprevisibles.

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