Religión y escuela, agua y aceite (y II)

A veces te encuentras con alguien que ha seguido una trayectoria vital muy diferente a la tuya y que, sin embargo, es capaz de enseñarte mucho. Era Euclides quien nos demostró que solo existía una línea paralela a otra por infinitas que se cruzaban un punto. En el punto de unión pretendo iniciar mi contrarréplica a Vicente Niño, cuya magnífica reflexión a mi "Religión y escuela, agua y aceite" , les invito a leer aquí.

Coincidimos plenamente Vicente y yo en el desacuerdo a la forma de impartir religión en las escuelas. No voy a añadir una coma a lo expuesto por él en los párrafos segundo y tercero de su entrada, pero no quiero extenderme más porque creo que la forma, al menos en este caso, es menos importante que el fondo. Solo indicar la que creo es una contradicción, ya que primero dice que la enseñanza de la religión «ha de ser responsabilidad y competencia de las familias y las instituciones religiosas en un mundo pluralista como el nuestro» para justo después añadir que la religión debe impartirse «como una asignatura aconfesional, no dependiente de ninguna institución religiosa [...]» ».

Una vez nuestras opiniones se encuentran en esta crítica tienden a separarse, aunque espero que no hasta el infinito. Según las últimas teorías físicas no es necesaria para la explicación del universo la presencia de dios tal como nos lo presentan las religiones, al menos las más conocidas. Esto no es un dogma y ya ni siquiera una hipótesis. Es una teoría demostrada por la física teoría. Para quién esté interesado en este tema, recomiendo el libro divulgativo "El gran diseño" de Sthephen Hawking. El físico británico dijo en su día que «Existe una diferencia fundamental entre ciencia y religión. La religión se basa en la autoridad, y la ciencia se basa en la observación y la razón. La ciencia vencerá porque funciona». Aunque Vicente opinara en su entrada que «[...] He ahí la razón de la necesidad de la mutua conexión entre la ciencia y la fe, entre la demostración y la reflexión, entre ciencia y creencia, aquélla da cuenta de los cómos, ésta busca los por qué… no se oponen, tratan distintos campos, y se necesitan mutuamente para ayudarse, ampliarse, iluminarse. Somos materia, pero no todo lo explica la materia». Yo, en este caso, pienso como Hawking: religión y ciencia son dos contendientes de una lucha eterna. La ciencia no necesita a la religión explicar nada. Sin embargo, mientras la lucha sea pacífica quizás nos enriquezca a todos que continúe.

En consonancia a lo anterior, cualquier razonamiento teórico que pretenda sostener el argumento de que es bueno para los chicos que se siga dando religión en la escuela parte de una falacia: la existencia de dios. Ya no es necesaria la presencia de un dios para explicar nada. ¿Que creer en dios puede ayudar a mucha gente para muchas cosas? Esto es evidente. ¿Qué puede seguir siendo útil para adoctrinar a un gran (todavía) número de individuos? También es casi irrefutable, pero entonces entramos en un terreno complicado. Hablaba Vicente de que «esos valores (solidaridad, esperanza, amor...) se han descubierto, se han "puesto en valor" como dicen los modernos, gracias a las religiones[...] y como de ejemplo un botón, lo más básico: la dignidad de todo ser humano». Podríamos hablar siglos sobre esto, pero mi opinión es que son las instituciones religiosas las que dado y quitado dignidades según el comportamiento o modo de vida de cada persona.

Por tanto, cada cosa en su sitio amigo Vicente. En la escuela los maestros y en las iglesias los religiosos. Si unos quieren visitar a los otros me parece perfecto, faltaría más. Pero asegurar que cuando lo religioso «se cercena, cuando no se le ayuda a crecer y desarrollarse, se está perdiendo una parte imprescindible de lo humano…» es una osadía de demostración imposible. También aquí hay infinitos botones como ejemplos.

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27 de noviembre de 2013 - 01:03 h