Un Gobierno de robots

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Twitter llegó a España hace diez años. Facebook, un año antes. Ese mismo año Apple vendió su primer iPhone 3, con conexión a internet. Una década. Hoy, es imposible imaginarse la vida sin WhatsApp. Las redes sociales nos han conectado y también nos han separado. Nos han unido y nos han hecho que odiemos más.

Hace una década no había ni 4G. Había robots, sí, pero jamás pensamos entonces que una maquinita podía dejarnos sin trabajo. Hoy, la OCDE calcula que en España pueden desaparecer el 20% de los puestos de trabajo actuales por la robotización y la automatización. En Estados Unidos, y eso que aún no está desarrollado el 5G, ya funcionan camiones autónomos que no necesitan conductor. Imaginar una flota de Aucorsa sin conductores en pocos años no es ninguna distopía.

También existe un robot llamado Watson. Su inteligencia artificial le ha hecho aprenderse toda la jurisprudencia penal estadounidense. Y ante un caso concreto evaluar cuál puede ser la mejor estrategia de acusación o defensa para un abogado. Pero también la sentencia más justa para un juez. Ni un trabajo tan creativo está a salvo.

En los medios de comunicación empiezan a entrar a saco los bots. Que hay un terremoto en el Pacífico, un robot te genera automáticamente un titular, un subtítulo, varios párrafos, te busca una foto, te lo publica y encima te lo mueve en redes sociales. Seguro que hay periodistas que jamás han salido de una redacción retorciéndose en sus sillas.

La revolución tecnológica es imparable. Que se lo digan a los luditas que le pegaban fuego a las máquinas en la Inglaterra del siglo XVIII porque les quitaban el trabajo en el campo. Pero lo que no es imparable el cómo queremos que sea y, sobre todo, qué vamos a hacer con toda esa gente que se va a quedar sin trabajo.

España lleva desde 2015 sin una mayoría suficiente en el Congreso para sacar leyes adelante. Es ciencia ficción pensar que habrá una mayoría legislativa que empiece a pensar en esto, en anticiparse a lo que, encima, saben que va a ocurrir: que habrá millones de españoles que se quedarán sin trabajo por culpa de los robots (que no se cansan, no protestan, no pagan Seguridad Social y no tienen familia). La Administración Trump ya lo ha pensado, pero como un ultraliberal que es lo ha hecho al revés: que las empresas formen en su rato libre a sus trabajadores y los intenten reciclar. La tasa de ese reciclaje para los futuros trabajos (que habrá, pero que serán ultra tecnológicos) no llega ni al 10%. ¿Y qué hacemos con el 90% restante?

En España, el 15M ya planteó la Renta Mínima Universal. Incluso el primer Podemos la incluyó en su programa electoral. Luego, extrañamente, desapareció. En Estados Unidos hay una ciudad que ya está experimentando con una renta mínima de 1.000 dólares al mes. Y en Finlandia es un debate que ha iniciado la derecha, no la izquierda.

Pero España es diferente. Sin mayorías en el Congreso quizás algún día el mismo Gobierno también sea sustituido por robots.

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2 de agosto de 2019 - 23:34 h