Titanic

James Cameron nos contó en 1997 la tragedia del Titanic, animado por el descubrimiento de los restos hundidos, y nos recordó que, en 1912, el lujoso trasantlántico, simbolo de la soberbia de la técnica de principios del siglo XX, y de un lujo inalcanzable e injusto para la mayoría, encontró su principio y su fin. Aproximadamente cien años después, el ayuntamiento de Córdoba entierra a su empresa más poderosa y rica, Procórdoba, simbolo de una época de desenfreno urbanístico y de descontrol público.

Aún hoy se puede seguir elucubrando sobre cuáles fueron las razones del hundimiento del barco y, sobre todo, de la muerte de la inmensa mayoría de sus pasajeros. Sabemos que chocó con un iceberg, pero la propia película retrata un exceso de vanidad de la empresa constructora, fallos en el diseño constructivo, errores de dirección técnica, un desgobierno total del barco, egoísmos sin fin, ... En el caso de Procórdoba, parece que es fácil achacar todo al "iceberg" urbanístico, sin que se haga suficiente análisis de los errores que se hayan podido cometer. Curiosamente, la desaparición de una empresa pública se hace por unanimidad, ante tantos "defensores de boquilla de lo público", lo que no puede sino significar que todo el mundo quiere obviar el asunto y esperan que nunca se encuentren los restos.

Procórdoba fue creada por el primer cogobierno del PSOE (Mellado) e IUCA (Aguilar), levantado sobre los resultados brillantes de Telfeco en el desarrollo del Plan Renfe, sin duda la operación urbanística de mayor éxito para la ciudad. Se argumentaba la necesidad de tener una empresa ágil para acometer los grandes proyectos que la ciudad tendría que afrontar tras aprobar el PGOU, entonces en fase de culminación. De hecho, la empresa se diseñó como una gestora, con pocos trabajadores y con muchos recursos disponibles: Se le transmitieron casi la totalidad de los aprovechamientos urbanísticos que le iban correspondiendo al ayuntamiento de Córdoba, que llegaron a estar valorados en cien millones de euros.

Como el Titanic, Procórdoba parecía un invento imposible de hundir y, es más, un ejemplo que dejaría huella en la historia de Córdoba. Y, ahora que es tristemente enterrado, entre deudas y con su patrimonio en grave deterioro, nadie pretende hablar de las causas. Tantas expectativas creó, que en su consejo de administración se citó lo más granado del mundo político y socioeconómico municipal. Incluso el empresariado pugnó por formar parte de la empresa, a pesar de que parecía claro que no era lo más procedente ante los intereses particulares que podían defender.

Cierto que Procórdoba tuvo en su travesía momentos agradables, tantos como los pasajeros del Titanic, dedicados a bailar, beber, comer, enamorarse, envidiarse entre lujos o a nivel de tercera clase. Procórdoba sirvió para desarrollar inicialmente proyectos industriales como polígono Carretera de Palma o polígono de San Eloy; deportivos, como El Arcángel; estratégicos, como Balcón del Guadalquivir o Parque de Miraflores; económicos, como el Centro Logístico; patrimoniales, como la recuperación de su sede en Corredera; y así podíamos seguir, pero está claro que equivocó el rumbo y se olvidó de que debía hacer productivos los aprovechamientos urbanísticos, patrimonio de todos, de los que fue dotado.

En Procórdoba, se acordó que, en vez de vender los aprovechamientos y suelos de los que disponía, se dejarían como garantía, convencidos de que la burbuja imobiliaria era imparable y su valor seguiría creciendo de forma ilimitada. Para financiarse, se optó por endeudarse fuertemente. Se alegaba que el coste de la financiación era menor que el beneficio que se sacaría de la venta de su patrimonio. Con esta filosofia, desde el ayuntamiento se le encargaba la ejecucion de proyectos sin pasarle su coste sino compensándole permanentemente con más suelo procedente del desarrollo del PGOU. En la mayoría de ocasiones, ni siquiera se hacía efectivo tal pago en especie, lo que acabó originando un "crack" de tesorería y su imparable hundimiento.

No todo fueron errores bientencionados pues, al negarse a vender los suelos y los aprovechamientos, se renunciaba a intervenir en el precio del suelo y la vivienda en nuestra ciudad, permitiendo, conscientemente, que los distintos promotores y constructores hicieran sus negocios sin ninguna intervención pública. Paralelamente, Vimcorsa retrasaba sus promociones para no alterar el negocio inmobiliario en ciernes. Nunca el sector privado y los especuladores estuvieron más de acuerdo con la empresa pública.

Por suerte, del naufragio parece que van a poder salir indemnes los seis trabajadores de la empresa, que han tenido que pasar por unos años de incertidumbre ante la amenaza de perder su trabajo, mientras que los responsables se ponían a salvo los primeros como muestra de su "valor". En Titanic, Cameron nos endulzaba la tragedia con el romance imposible entre Jack (Di Caprio) y Rose (Winslet). En Procórdoba no es posible, pues recordemos que esos personajes eran ficticios y Procórdoba una historia real. RIP

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11 de diciembre de 2014 - 07:30 h
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