La estrategia de caracol

Escribo y subo al blog esta entrada unas horas antes de lo que es habitual, ante mi voluntad, ya manifiesta en la escuela, de participar en la huelga general del 14 de noviembre. Lo hago superando la intensa línea de presiones en contra, y los comentarios orquestados sobre la idoneidad de la huelga como fórmula de lucha en este momento. Tengo mis dudas sobre su utilidad absoluta en una sociedad de servicios, pero entiendo que, hasta que inventemos otras fórmulas de defensa del vecindario, hay que seguir utilizando las viejas armas. A todo aquel que crea que no es el momento de hacer huelga, simplemente le pediría que me planteara qué debemos hacer entonces. ¿Quizá esperar, dócilmente, a que acaben, definitivamente, con nuestros derechos y nuestro bienestar?

Que la huelga general coincida en el tiempo con la urgencia que les ha entrado a banqueros, políticos y jueces por cambiar la regulación de los desahucios en nuestro país, nos debe animar a convencernos de que la lucha vecinal, adaptándose a nuevas formas, puede ir provocando la sensibilización y la movilización del resto del vecindario. La labor desempeñada por Stop desahucios en todo el país y, específicamente, en nuestra ciudad, es digna de todo reconocimiento y apoyo. La respuesta dada al sonrojante desalojo (saltándose todos los requisitos legales) de Lourdes, su pareja y sus hijos de su casa del Campo de la Verdad, consistente en que, de repente, se encontró abierta la puerta de la casa, convirtiéndose en una "autookupa", no puede sino recordarme "La estrategia del caracol".

Esta película del colombiano Sergio Cabrera relata la oposición al lanzamiento judicial de La Casa Uribe por su propietario, el Dr. Holguín, con objeto de derribarla y construir viviendas nuevas. Los inquilinos  de la casa burlan la orden de desalojo gracias a las argucias legales del abogado "Perro Romero" y a una estrategia ideada por un viejo anarquista, protagonizado por Fausto Cabrera, consistente en ir desmontando la casa, llevándosela, de hecho, a otra ubicación, dejando solo la fachada. La lucha contra el poder establecido, la corrupción y la burocracia administrativa y legal, parece perdida de principio, pero, abominando de la lucha armada desde la primera escena de la película, consiguen defender su dignidad.

Sergio Cabrera nos hace ver, a través del "culebrero" narrador, que, a pesar del éxito, real o fantaseado, de los inquilinos protagonistas, seis años después los desalojos siguen y anima a que se inventen otras formas de enfrentarse a las agresiones. En la misma línea de pensamiento, soy poco optimista sobre la capacidad de los dos grandes partidos y su connivencia con la banca, para esperar grandes avances en la lucha contra los desahucios. Posiblemente, solo se pretenda desmantelar el mejor producto generado por el 15-M sobre las plataformas ciudadanas basadas en el voluntariado y en la solidaridad vecinal. Si se les dejara demostrar que es posible una resistencia civil, el efecto podría ser demoledor. Solo podría pararse mediante el uso de la fuerza, ya cuestionada por la propia policia, y ello provocaría una mayor reacción social. Que se hayan producido suicidios o que se hayan provocado, incluso, abortos no deseados; que afecte a personas mayores que avalaron a sus hijos, o a familias que no tienen otro techo, estaba generando ya alarma social.

Por eso, mañana, a la hora de afrontar la huelga general, hemos de pensar que es posible cambiar lo inevitable. Que se deben aparcar diferencias tácticas y colaborar todos en mandar un mensaje de que no nos rendimos. También en La Casa Uribe había diferentes personas representantes de distintos discursos y culturas, pero tuvieron éxito porque confluyeron en un objetivo común, dejando atrás lo que les separaba. El ingenio y las ganas de vivir de los inquilinos contrastaba también con los comportamientos imperantes en la sociedad colombiana. De igual forma, se puede vencer la pasividad y conformismo que parece imperar en nuestra ciudad.

Por eso, es deseable que Stop desahucios no desaparezca aunque se ofrezcan medidas que parezcan dar solución a los desahucios a corto plazo. El apoyo que ha recibido desde el ámbito vecinal debe profundizarse y ampliarse a otros frentes ciudadanos. Ahora que se acerca la renovación de la federación vecinal Al-Zahara, y en unos tiempos en que las asociaciones vecinales parecían perder su sentido, es el momento de recuperar la capacidad de dar respuesta reivindicativa y solidaria a las nuevas necesidades sociales. En barrios donde, prácticamente, ya no falta ningún equipamiento o donde las infraestructuras y servicios son de suficiente calidad, hay que poner el acento en las personas, recuperar la importancia de la unión del vecindario. Hay que volver a interesarnos por lo que le sucede a quien tenemos viviendo en la puerta de al lado. Don Jacinto, el viejo anarquista inspiró a sus convecinos, Stop desahucios debe hacerlo con nosotros, y que mejor que empezar mañana, 14 de noviembre.

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14 de noviembre de 2012 - 00:00 h
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