El bosque animado

Cuando conocimos el documento para aprobación inicial del Plan Sierra, pudimos disfrutar de un manual de botánica y zoología de primer nivel elaborado por la Universidad de Córdoba. Parecía que nos encontrábamos ante una fotografía de una Sierra prehistórica por la falta de reflexión y propuestas sobre la presencia humana. Ya no es que dejara sin tocar las parcelaciones existentes en gran parte de su extensión, sino que tampoco abordaba la realidad de los núcleos plenamente urbanos que todos conocemos: Trassierra, Cerro Muriano, Las Jaras, ... IUCA defendía que la presencia humana ya estaba analizada en el PGOU, pero se callaba que muchas de las propuestas que el Plan desarrollaba sobre movilidad, actividad económica, infraestructuras, etc. afectarían directamente a la vida de los que ya habitan la Sierra, guste o no.

La Sierra de Córdoba es como el Bosque animado Bosque animadoque nos pintó José Luis Cuerda, afortunadamente aún vivo entre nosotros, un bosque que respiraba y hablaba por sí solo. Un bosque que es lugar de paso y morada, que alberga numerosos personajes, a espíritus con asuntos pendientes, a humanos tan peculiares que se comportan de formas tan curiosas: familia acomodada, huéspedes de ciudad, mujer avara y despiadada, muchacha bella y voluptuosa, viuda pobre, trabajadores que se desloman, pocero minusválido, jornalero insatisfecho, ... En definitiva personajes (protagonizados por A. Landa, M. Alexandre, M Rellán, A. Baró, M Isbert, L. Ciges, F. Rey, ...) tiernos y humanos que pasean por un mundo mágico que protagonizan una telaraña de historias.

La Sierra de Córdoba se quiera o no está llena de una parte de nuestro vecindario, bien para vivir de forma permanente, bien para hacerlo en temporada o para habitarla de forma puntual. Cualquier actuación que se refiera a la Sierra no puede dejar de lado que esta amalgama de personajes cordobeses van a seguir morando entre sus montes y que lo que podemos conseguir es que lo hagan de la forma más integrada posible con el ecosistema que les rodea. Podremos evitar que se siga construyendo de forma indiscriminada, que se realicen actividades económicas agresivas con el medio ambiente o que se pretenda organizar la vida como si fuera un barrio cualquiera de la ciudad. El que haya decidido usar la Sierra ha de saber que ello le va a suponer limitaciones lógicas, como el que habita el Casco también debe asumir los condicionantes de vivir dentro de una zona Patrimonio de la Humanidad.

Lo que no entiendo es que a los núcleos urbanos no se les permita un desarrollo económico sostenible, que se les imponga un sistema de transporte insuficiente, o que se les nieguen equipamientos fundamentales para una vida moderna. Como es posible que, por ejemplo, en Trassierra se siga impidiendo que se urbanicen sus calle de forma suave o que se las dote de alumbrado adecuado. La maldita idea del PGOU de pretender que se elaboren y paguen unos proyectos de urbanización para poder conseguirlo, solo demuestra el desconocimiento de la realidad, puesto que supone un coste inasumible para quienes ya tienen una urbanización parcial. En Cerro Muriano, habrá que permitir que las zonas vacantes entre la barriada y la Nueva Variante puedan permitir reactivar la vida económica perdida. En las Jaras, habrá alguna vez que conseguir que se beba un agua con plena seguridad de su calidad.

Tampoco puedo comprender que a las parcelaciones existentes se les haya considerado, mayoritariamente, como núcleos a desaparecer. Fundamentalmente, porque no hay ya sistema legal ni poder económico para hacerlo. Cierto que se establecieron de forma no legal, como le pasó al mismo Brillante de Córdoba, pero ya hay que permitir que puedan acceder a servicios básicos con garantías, con los condicionantes que se puedan determinar. Es una falacia que se alegue el peligro de incendio para impedir que puedan acceder a esos servicios puesto que el mismo peligro tienen las zonas urbanas legales, y las mismas parcelaciones con servicios o sin servicios. Se les tendrá que decir que se tomen en serio los planes de autoprotección y que acondicionen sus urbanizaciones al entorno, pero es inmoral e injusto seguir negándoles agua, electricidad o saneamiento.

Desde el Ayuntamiento de Córdoba, Hoover Martín solo sabe marear la perdiz y echar la culpa a la Junta de Andalucía. Yo comparto con él que la Junta, con su gobierno de la izquierda, tiene mucha responsabilidad, pero que el Ayuntamiento debe ponerse al frente del vecindario y exigir cambios. Por ejemplo, permitir que la mayoría de las parcelaciones pueda acceder a servicios a través de planes de mejora de medio rural abiertos o de la declaración de fuera de ordenación, o asimilado a ella. El Ayuntamiento puede iniciar una modificación del PGOU que incorpore estas ideas y comprometer al gobierno andaluz a que lo apoye. Si para ello tienen que modificar normas urbanísticas, que lo hagan, como se ha hecho para Málaga o Almería.

En definitiva, aceptar que nuestra Sierra está animada y que de ella solo sobran aquellos que no saben convivir con ella. ¿A quién no le gustaría ser uno de esos personajes de Cuerda? Pensar que podemos convertirla en un Parque Natural es perder el tiempo y tenemos que dedicarnos a proteger los lugares de valor que aún quedan. Tenemos que obligar a todo el que entra en ella a que la respete y que su presencia se note lo menos posible. Pero a los que la animan habrá que tratarlos como personas en toda su extensión.

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12 de junio de 2013 - 18:58 h
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