Toledo, la judía

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Toledo es la capital de la Hispania histórica y del proyecto inconcluso de los visigodos. Una atalaya sobre el Tajo, en el centro de la península, que durante las guerras de reconquista mantiene durante la Edad Media su condición de lugar clave para entender la cultura, la sociedad y la economía de los reinos ibéricos.

Os propongo un paseo por la Toledo hebrea, eso sí, debe ser una Toledo pasada pues poco queda de lo que llegó a ser. Os hablo de una Toledo muerta en 1492 en beneficio de la creación de la España moderna, nacida en base a la cohesión total y la expulsión de los diferentes. Toledo guarda hasta 1492 una importante colonia de sefardíes que protagonizan la vida económica de sus ciudades y forman parte directa de las élites sociales. Los judíos colaboran con la corte, centran las actividades financieras, comerciales y bancarias y aportan dinamismo y apertura.

Paseamos por las calles más judías de Toledo, ciudad de la que miles de sefardíes guardan aún las llaves de sus casas en Jerusalén, Estambul o Tánger. Nos vamos al siglo XIII, la comunidad hebrea toledana vive años de esplendor. Hay grandes rabinos, literatos, hombres de negocios y de Estado…. el sefardí de Ceuta Yehudah Ben Shlomo, alumno de Maimónides y luego gran filósofo y estudioso describe así la Toledo judía del siglo 12 "Vine a la extensa ciudad de Toledo, capital del reino, que está revestida del encanto de la dominación y ornada con las ciencias, mostrando a los pueblos y príncipes su belleza. Porque allí emigraron las tribus del Señor. ¡Cuántos palacios hay en su interior que hacen correrse a las luminarias para la magnificencia de su belleza y esplendor! ¡Cuántas sinagogas hay en ella de belleza incomparable! Allí toda el alma alaba al Señor. En su medio habita una congregación, de semilla santa, que tiene como ornamento la justicia, numerosa como las plantas del campo"Vine a la extensa ciudad de Toledo, capital del reino, que está revestida del encanto de la dominación y ornada con las ciencias, mostrando a los pueblos y príncipes su belleza. Porque allí emigraron las tribus del Señor. ¡Cuántos palacios hay en su interior que hacen correrse a las luminarias para la magnificencia de su belleza y esplendor! ¡Cuántas sinagogas hay en ella de belleza incomparable! Allí toda el alma alaba al Señor. En su medio habita una congregación, de semilla santa, que tiene como ornamento la justicia, numerosa como las plantas del campo.

Hasta nueve grandes sinagogas son contadas por cronistas. Hoy podemos visitar dos de inconmensurable belleza: la sinagoga del Tránsito, que alberga un precioso jardín de la memoria y Santa María La Blanca, ambas perfectamente conservadas. De la jude

ría quedan rincones eternos como el arquillo del judío o la barriada del degolladero, junto al puente de San Martín. Cerca, la puerta del Cambrón, conocida como Puerta de los Judíos. E impresiona y mucho la conocida ahora como casa de El Greco, un precioso caserón castellano que fue hogar de un rico hebreo apegado a la corte, Samuel Leví, tesorero del rey Pedro I. Ahora sede del Museo del Greco, de obligado paseo.

Pero no estamos ante un gueto sino en lugares diseminados por el casco histórico que nos demuestran la mezcla social de la que disfruta esta ciudad pese a ser también hogar y sede de la corte y de los reyes castellanos. Cumbre de esta concepción es que fuera sede la Escuela de Traductores, una de las instituciones más importantes de la Europa medieval, ahora resucitada. También se pueden ver restos mudéjares, bases de mezquitas en multitud de templos ahora cristianos y la expansión de arabescos y bellos techos arabescos en multitud de palacios y edificios de los siglos XV, XVI o XVII.

El paseo debe culminar en alguno de sus puentes, viendo puertas como la del Sol o la Bisagra para dar cuenta de cómo la ciudad se encarama en un cerro sobre el Tajo, en un meandro sobre el que puede otear y vigilar decenas de kilómetros de meseta. Vistos cada uno de esos rincones no es difícil imaginar que esta ciudad albergara a la inteligencia castellana, a los sabios y personas mejor informadas de España, capaces de dirimir el juego de alianzas que Castilla mantenía con los otros reinos hispánicos y lo que quedaba de Al Andalus, a la que no quiso ni pudo conquistar hasta finales del siglo 15.

Toledo se apaga conforme España evoluciona a Estado moderno. Los austrias se fijan en Madrid, en Europa y en las Indias y la ciudad inicia un largo sueño lleno de nostalgia por lo perdido. Quedan resplandores como la catedral, un imponente bastión gótico con añadidos de corrientes posteriores o el alcázar, de tristes recuerdos por la guerra civil de 1936, pero la Toledo judía, la más oculta se va perdiendo en la niebla de los siglos.

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4 de septiembre de 2013 - 02:00 h
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