San Humberto

Hace dos semanas les contaba cómo la evolución de un huracán que andaba por el Atlántico podía acabar afectando a la situación meteorológica en nuestra latitud, en la fecha en que la Magna cosa, la rave cofrade, reunía a más de 150.000 personas en el entorno de la Mezquita, en una de las ratoneras más bestias que jamás se recuerden en esta ciudad, un digno ejemplo de irracionalidad organizativa en pleno siglo XXI, o neo-medievo, como ya va siendo conocido. Pero a lo que iba, si en aquellas lejanas fechas, Humberto, el nombre del bicho, era quien marcaba el ritmo de nuestros cielos, hoy, 14 días después, son sus reconvertidos restos, o el seno de lo que se gestase frente a las costas de Cabo Verde, la que va a volver a marcar, esta vez definitivamente, el inicio del otoño meteorológico en el sur de Europa. Síganme.

Aquel huracán con nombre de santo patrón de  cazadores y obispos en regiones conflictivas, en su travesía por el Atlántico, llegó, ya muy desgastado, hasta Terranova, hogar de uno de los centros depresionarios más importantes del Hemisferio Norte. Allí, los restos de lo que un día fuese huracán, se encontraron con uno de los ramales estacionarios de la corriente de chorro, el famoso Jet Stream, que allí circula con características polares y de recorrido continental. La interacción de las corrientes oceánicas ascendentes y el origen tropical de esta depresión en particular, hacen de Terranova un excelente mejunje del que salen unas borrascas la mar de monas. Como he dicho, en nuestro caso particular, los modelos meteorológicos ya veían desde hace tiempo una posible profundización de los restos de Humberto, el cual, reintegrado en la circulación del Jet, podría mandar a hacer puñetas al todopoderoso Anticiclón de las Azores.

Me explico, un borrascón de los buenos que viene a destrozar el Anticiclón que hace que los veranos en nuestra región sean el infierno que son. La situación actual nos dibuja el centro de la profunda borrasca frente a las costas noroccidentales de la Península Ibérica. En lo inmediato parece más o menos claro que la dimensión y magnitud del bicho dejará una regada considerable en toda la mitad occidental peninsular, con especial incidencia, según se desprende de la actual previsión, en la mitad sur de la vecina Portugal, que podría acabar extendiéndose hasta el interior andaluz y extremeño. ¿Cuándo? Pues a partir del viernes, con especial incidencia a lo largo de la jornada del sábado, un día pasado por agua, típicamente otoñal, que vendrá acompañado, para quienes gozamos de los fríos invernales, de una considerable bajada de temperaturas, de hasta 10 grados.

Pero la cosa pudiera no acabar aquí. Quiere nuestro reconvertido San Humberto, en su paso por la Europa meridional, abrir un pasillo en el debilitado azoriano, pudiendo dar cierta continuidad al paso de nuevas borrascas que ya comienzan a insinuarse desde el sitio aquel del que les hablase antes, en la Península del Labrador. Un drástico cambio de tiempo el que se avecina que marcará el inicio, esta vez sí o sí, del añorado otoño meteorológico. Un otoño que con un poco de suerte acabará devolviendo las orillas que estos días andan mutilando al Guadalquivir, para reconfortar a este que les escribe con la sensata idea de que sólo el cielo es capaz de devolver cierta racionalidad a la abundante estupidez con la que orgullosos corremos hasta el precipicio de esta nueva edad media.

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25 de septiembre de 2013 - 08:00 h