Optimistas

Sólo hay una cosa peor que el pesimismo oscuro y derrotista de los realistas, y es el optimismo desaforado de esa actitud chovinista y voluntarista de quienes están enamorados de su contexto. En Córdoba es recurrente encontrarlos entre sus propias babas oteando la silueta de la Mezquita más allá de la Calahorra. Ignorando total o parcialmente el verdadero contexto que paciente pero continuamente, viene asentándose sobre el perfil general de la ciudad. Ignoran, o parecen ignorar, que entre las paredes de su Ayuntamiento se sienta alguien que se vanagloria de ser analfabeto. Evidentemente yo ando entremezclado en el primer grupo, el de los oscuros conspiradores de izquierdas que desean que todo se acabe yendo al carajo apocalíptica y sanguinariamente, subidos a un altar de autosuficiencia con el que despreocuparnos, por salud emocional, de la triste realidad que sólo ante nuestros ojos se abre. Evidentemente, somos gilipollas.

Pero esa gilipollez no invalida la otra verdad. Es decir, el hecho de que nosotros, los del primer grupo, seamos gilipollas, no invalida el hecho de que los del segundo grupo, sean igualmente gilipollas. Lo explicaba meridianamente claro hace un año Iñigo Sáenz de Ugarte en relación al anuncio de las chacinas, y que este año vuelve a llamar a los valores patrios, los que nos conforman como unidad de destino en lo universal, para mirarnos el ombligo y olvidarnos de la senda tercermundista en la que estamos inmersos. Qué quieren que les diga, pero pocas ilusiones se le pueden despertar a uno siendo consciente del estercolero en que se vive. Mirar para otro lado ante el imparable avance de la estupidez, que tiene ese extraño chovinismo localista, que se repite hasta la extenuación en todos los puntos de la geografía nacional. Hay una coplilla que resume a la perfección lo que les digo, que aglutina todos los elementos diferenciadores de la caspa cordobesa, los valores más repetidos, deformados y vacíos de contenido que aquí se puedan parir. Una letra que lejos de avergonzar, supone un orgulloso himno de cordobesidad para el grupo de optimistas inmoderados.

El optimista dirá que la realidad es blanca o negra según desde donde se mire. Evidentemente, el rico que siga siendo rico, tendrá una percepción de la realidad sustancialmente diferente a la de cualquiera que tenga que pasar por el Rey Heredia para comer a diario. Pero a mí, que ando convencido del único e irremediable final que nos espera por justicia divina, la terca realidad de la extraordinaria sequía otoñal que padecemos, no es sino una evidencia más de la terrible verdad que como cordobeses nos ha tocado padecer. Sin embargo, por cuestiones de las fechas en que nos encontramos, pareciera que esa misma realidad me quiera devolver un golpe de esperanza con el que volver a tener, al menos desde lo meteorológico, un poco de optimismo.

La buena nueva de la semana es que mientras nos acercamos irremediablemente al final del ciclo oscuro del año, una vieja amiga, la lluvia, tendrá a bien volver a visitarnos. Afortunadamente, el bicho depresionario que esta semana anda anclado al norte del Océano Atlántico, quiere atraer hacia su postrera al maldito anticiclón de las Azores, creando una suerte de pasillo isobárico al sur de las Islas Británicas, que facilitará, ya en estos mismos momentos, el descuelgue de una pequeña masa de aire muy frío de origen polar, haciendo un barrido desde el noroeste hasta el sureste peninsular.

Esto, en meteorología, se conoce como advección polar, por la inyección que se hace de la masa de aire, de largo recorrido, sobre la Península Ibérica. El fenómeno, eso sí, tendrá dos momentos clave. El primero será la abundante regada que se dará en la jornada del jueves en casi todo el territorio peninsular, como consecuencia del importante aporte de humedad que recibirá del Atlántico en los momentos iniciales del episodio. El segundo, tras el paso del primero, como cabría esperarse de toda advección polar con frente asociado, una acusada bajada de temperaturas con el paso del frente, que volverá a llevar los termómetros hasta valores cercanos a la helada, pero ya en la jornada del viernes.

Un bonito paréntesis invernal, que servirá de adelanto para el comienzo del invierno meteorológico el próximo 21 de diciembre, paréntesis de un día que podría volver a tener su protagonismo durante la fiesta pagana de adoración del Sol, ya saben, la de navidad, que sirva para comenzar el nuevo ciclo alrededor del Sol, con una poca, pero muy, de alegría invernal, optimista que es uno.

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18 de diciembre de 2013 - 13:52 h
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