Resplandece la Reina de los Ángeles

La hermandad de la Sangre celebró este sábado la procesión con su titular, que marchó sobre su nueva peana, todavía en fase de carpintería | La Banda de Música de la Esperanza puso los sones a una intensa noche

Unos faroles combaten la oscuridad de la noche. En un marco incomparable, lugar de encanto y devoción. La frontera con el día siguiente está próxima. Instante ése, más allá de las once, en el que las puertas se cierran hasta el año venidero. El trayecto por las emociones de fieles y cofrades concluye, pero éstas no desaparecen. De manera intensa permanecen en el corazón de cuantos se congregan en Capuchinos, junto al Cristo de los Desagravios y Misericordia. Desprende luz, se despide radiante, Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos. Es el brillo de mayo en la plaza de blanco encalado. Suena la música para la Gloria del Císter entonces como en la tarde cuando acaba el recorrido de la Virgen, claridad para Córdoba.

A las ocho y media de la tarde centenares de personas se reúnen en torno al Cristo de los Faroles. Apuntan la mirada a las puertas del cocherón que en la emblemática plaza de Capuchinos existe junto a la iglesia conventual del Santo Ángel. A esa hora inicia su camino por las calles del centro de la ciudad el cortejo que ha de acompañar a la Reina de los Ángeles. La hermandad de la Sangre comienza la salida procesional de su titular como cada año en mayo, mes de María. La Virgen, bella estampa, marcha sobre una peana de tipo carrete. Es la nueva pieza patrimonial que para la Madre tiene en proyecto la corporación del Martes Santo. Aparece ésta en su fase de carpintería, antes de que la ejecución sea completa.

El cielo oscurece poco a poco. La tarde, lenta pero inexorablemente, deja paso a la noche. Cada paso es un encuentro con numerosas personas, que aguardan la llegada de la Virgen a lo largo de su recorrido. Alcanza la plaza de San Miguel. Le acompaña la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, encargada un año más de poner sus sones a la Gloria de Capuchinos. Desde el céntrico templo tiene lugar entonces el trayecto de regreso a la plaza de paredes blancas. Al rincón en el que residen los sentimientos y la fe. Cuando las puertas del cocherón se cierran, la luz es todavía intensa. Más que la de los faroles que de forma tímida ocupan un segundo plano. Resplandece la Reina de los Ángeles.

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15 de mayo de 2016 - 13:40 h