Gracias, profesor.

Esta semana ha sido triste, por muchas cosas. Una de  ellas es que el sábado pasado murió Vicente Theotonio, sacerdote jesuita, profesor y, sobre todo, una gran persona. Un maestro. Me dio clase de fiscalidad y de comercio internacional, mientras yo me empeñaba en conseguir mi título de licenciado en ciencias empresariales. No recuerdo ahora si aprendí entonces mucho o poco de esas cosas, supongo que lo necesario para aprobar, según su generoso criterio. Sí recuerdo, perfectamente, el empeño que ponía en hacernos ver que las empresas no eran sólo estructuras para que unos pocos ganasen dinero. Y recuerdo, con especial cariño, que nos recomendaba leer, leer mucho, y pensar.

Entre sus recomendaciones estaba Lo pequeño es hermoso, libro de Ernst Friedrich Schumacher, publicado en 1973, y considerado uno de los libros que más han influido en el mundo en el siglo pasado. No fue el único profesor que nos habló de este libro. Lo encontré, casualmente, en una feria del libro antiguo y de ocasión, después de haberme licenciado. Vi el título, decidí comprarlo, pagué unas pocas pesetas, y lo dejé en un estante en casa. Allí estuvo algunos años, hasta que me animé a leerlo.

Ahora he rescatado el libro, me vino a la cabeza al leer en la prensa la noticia de la muerte de Theotonio, y lo he releído. Creo que no es cierto que sea uno de los libros más influyentes. Si hubiera sido así, lo más probable es que las cosas hubieran sido distintas. Será un libro de los más vendidos en su momento, incluso de los más leídos. Pero de los más influyentes, seguro que no. Las consideraciones de Schumacher sobre el crecimiento económico, el mercado, el medio ambiente, o el trabajo, no han inspirado, sin la menor duda, las decisiones de los políticos responsables de las sociedades occidentales en ningún momento.

Subrayé un párrafo cuando lo leí. Ahora me he detenido en él, vuelve a llamarme la atención y me hace pensar que nos estamos equivocando. Ese párrafo dice, textualmente, "hasta tal punto el pensamiento económico está basado en el mercado que lo sagrado se elimina de la vida porque no puede haber nada sagrado en algo que tiene un precio. Por ello, no debe causar sorpresa que si el pensamiento económico tiene vigencia en la sociedad incluso los simples valores no económicos tales como belleza, salud o limpieza pueden sobrevivir sólo si se prueba que son económicos". Añade  más adelante que pretender medir lo inconmensurable es un absurdo, siendo lo más destructivo para la civilización la pretensión de que todo tenga un precio o, lo que es lo mismo, que el dinero sea el más alto de los valores. Está claro que su influencia ha sido poca, desgraciadamente.

Yo agradezco  la recomendación de mi profesor, Vicente Theotonio, que ya nos ha dejado para vivir eternamente,  la hago mía, y les invito a leer el libro. Y espero que estén de acuerdo conmigo en que la belleza, la salud, la limpieza, y otras cosas tan importantes como éstas, deben sobrevivir aunque no sean económicas, y que el dinero no es más que un instrumento, y nunca un valor.

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11 de noviembre de 2012 - 07:00 h
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