Si yo fuera católico

Los mentideros cordobeses están alborotados: ¡Los de Ganemos han presentado una moción sobre laicidad! Qué cosas tiene esta gente que presenta una iniciativa para que los poderes políticos no se inmiscuyan en la fe privada de la ciudadanía, en sus ritos y en sus manifestaciones culturales.

Si yo fuera católico, no permitiría que un político usara mis símbolos para apropiárselos y darse un baño de masas a costa de la independencia de mucha gente honesta que trabaja todo el año por el buen desarrollo de la Semana Santa y por acciones sociales de no pocas cofradías y entidades religiosas. Si fuera musulmán o judío, tampoco.

Son los católicos los primeros afectados de la confusión que existe en España entre poderes públicos e Iglesia Católica. Son los católicos los primeros afectados de que a veces parezca que su religión se impone por decreto a quienes libremente han decidido no creer en su Dios o en ningún otro. Del mismo modo que los musulmanes o judíos de bien son los primeros afectados de la existencia de gobiernos teocráticos.

Son demasiados los políticos, y en esta ciudad hay ejemplos vivos y recientes, que han procesionado detrás de los pasos para tapar vergüenzas propias y ajenas, para dar abrazos en lugar de hacer políticas justas, para transmitir cercanía cuando el resto del año lo pasan bunkerizados en su torre de marfil institucional.

Son los católicos, los cofrades y los miles de buenos y nobles cristianos, a quienes más perjudica que su religión y sus entidades no gocen de la independencia, de la que sí gozan otras organizaciones privadas, para actuar libres de pies y manos del poder político.

Son los católicos quienes más deberían defender que su fe y su manera de vivirla no son una mercancía para que políticos de turno se fotografíen y se promocionen a costa de algo tan serio como la fe, sus símbolos y sus ritos.

Si yo fuera católico no tendría ninguna duda en defender y aplaudir la moción sobre laicidad de Ganemos, que este viernes se vota en el Ayuntamiento de Córdoba, y que pretende, ni más ni menos, que alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas, dejen de manipular y buscar votos abrazando al pueblo el Jueves Santo y despreciándolos el lunes después del Domingo de Resurrección.

Laicismo es libertad, tolerancia, respeto, convivencia, artículo 16 de la Constitución Española y muchas cosas más, pero sobre todo es la independencia de las entidades religiosas sobre el poder político y la seguridad de que ni Susana Díaz, ni Mariano Rajoy, ni Isabel Ambrosio, ni los líderes de Ganemos, IU, Ciudadanos, UCOR o PP, ni ningún otro político hambriento de cámaras de televisión abrazará hipócritamente al pueblo y confundirá los símbolos religiosos con un mercado de votos en el que lo de menos es el respeto a los creyentes, a su fe y a su manera de vivir la religiosidad.

Raúl Solís, periodista.

Etiquetas
Publicado el
15 de septiembre de 2016 - 14:03 h
stats