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Rentabilidad económica versus rentabilidad social

Albañiles trabajando en una construcción de pisos

Ana Moreno Lucena / Arquitecta

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Hace unas semanas asistí a la conferencia Córdoba, 65 años de planificación general pronunciada por un exgerente de Urbanismo del Ayuntamiento. Éste, de manera brillante, didáctica y amena, hizo, por un lado, un recorrido por los sucesivos Planes Generales de Ordenación Urbana de este periodo (PGOU 1958, 1986 y 2001), sus retos y desafíos principales, objetivos y estrategias, a la par que paralelamente rememoró los hitos destacables de cada década, como las grandes infraestructuras que vertebran la ciudad (puentes, ferrocarril, río, depuradora, anillo verde, etc.), la generación de nuevos barrios, las tipologías dominantes según zonas, etc. En resumen, los aciertos y errores cometidos, según su criterio, y los retos que aún están por resolver.

Sin embargo, lo que más me impactó de todo aquel bien hilvanado relato fue ver cómo la ciudad se ha extendido como una mancha de aceite en las últimas dos décadas (aproximadamente en un 20%, en suelo residencial, no en dotaciones ni grandes zonas verdes). Y, en contraste con este crecimiento, la población ha permanecido estancada durante este periodo. Prueba de ello es que en 2001 los censados de Córdoba ascendían a 314.000 habitantes y en 2022, veintiún años después, la población apenas ha aumentado en 5.000 residentes, alcanzando la cifra de 319.500 inscritos.

Ante este panorama, cabe preguntarse ¿para qué queremos los cordobeses una ciudad tan extensa, si la población no ha crecido en los últimos 20 años? Incluso las previsiones futuras, con menos nacimientos que muertes, auguran una contracción mayor de la población. ¿A qué obedece entonces ese exponencial crecimiento? Y, para mi perplejidad, aún hay previstas nuevas aéreas de expansión sin desarrollar. La única argumentación que escuché al conferenciante al respecto es que los ciudadanos buscan mejorar su calidad de vida. Pero pregunto: ¿por qué no buscarla en los barrios ya existentes, dotándolos de lo que necesitan y regenerándolos, que es más económico y eficiente y, por ende, sostenible?

Y lanzando otras preguntas que enlazan con lo anterior: ¿existe alguna estrategia social y geográfica en torno a esta planificación de crecimiento físico? ¿Cuál es el modelo de ciudad y sociedad que se está impulsando? ¿Es que acaso se pretende el abandono de los barrios tradicionales en favor de los nuevos, o que se queden para población de tercera edad, inmigrantes y clases desfavorecidas, generando una sociedad más segregada en lugar de buscar la integración? ¿Y, si se quedan vacíos, qué hacer con ellos? ¿Existe alguna planificación social o simplemente se sigue el empuje mercantilista de los agentes inversores inmobiliarios? Porque ya asistimos, por ejemplo, a como el casco histórico camina hacia convertirse en parque monotemático turístico. ¿Los otros barrios en qué se convertirían?

La otra gran ausencia del aplaudido relato y que refuerza dónde pone este Ayuntamiento su foco fue la ciudad consolidada y sus ausentes planes de mejora. El urbanismo no sólo tiene por objeto ordenar y planificar el nuevo suelo para las futuras ampliaciones, sino que debe actuar y regular la consolidación, regeneración y rehabilitación de la ciudad existente. Y esto es lo que aquí parece haberse olvidado.

Desde 2007, hay toda una serie de leyes y documentos estatales, autonómicos e internacionales que cada vez con más énfasis exponen y subrayan la necesidad en el planeamiento de priorizar la rehabilitación de la ciudad consolidada, antes que la obra nueva, por razones obvias de eficacia, economía de recursos y, sobre todo, de rentabilidad social.

O sea, primero debe regenerarse lo existente, dotando a cada barrio de todo lo que adolecen, para dignificarlos y hacerlos más atractivos y habitables a todos los niveles, con medidas como crear más zonas verdes y espacios libres de calidad, como plazas y áreas peatonales, los equipamientos necesarios, fomentar y favorecer la mezcla de usos y el comercio de proximidad, rehabilitar sus viviendas, etc, etc.

Por el contrario, generar nuevos barrios supone consumir nuestro principal recurso natural, el suelo, con valores paisajísticos, ecológicos y agrícolas, a lo que se añaden los enormes costes en infraestructuras que redundan en todos los ciudadanos. Pero, claro, regenerar la ciudad existente implica priorizar la rentabilidad social frente a la rentabilidad económica y especulativa de los grandes lobbies inmobiliarios, que es lo que aquí en Córdoba ha primado.

En resumen, no se escuchó ninguna propuesta de estos últimos 20 años, ni presente ni futura, sobre la regeneración de los barrios, ni mención a sus carencias, o cómo potenciarlos, como si el planeamiento no fuese con la ciudad consolidada. Este tema sólo aparece en las agendas políticas cuando se acercan las elecciones municipales y los partidos hacen sus propuestas en búsqueda de votos, para posteriormente quedar en un cajón.

El Ayuntamiento, hasta ahora y sólo en ocasiones muy puntuales, ha canalizado acciones de regeneración y dignificación de barrios, a través de instrumentos como las ARRU (Áreas de Regeneración y Renovación Urbana), con financiación del 75% del Estado y Junta de Andalucía, como la actualmente iniciada en Santuario-San José Obrero, u otras figuras de financiación europea, como el barrio de San Martín de Porres. Pero estos magníficos programas solventan sólo una pequeña parte del problema.

Sería primordial, por tanto, un ambicioso y orquestado plan integral de barrios, con un programa de acción por fases, como los que se han llevado a cabo en otras ciudades españolas como Zaragoza, Barcelona o Vitoria, con enorme éxito y repercusión social. Para esto es necesario un Ayuntamiento con esa voluntad política.

Como conclusión, el conferenciante consiguió repasar los proyectos más destacables desde mitad del siglo pasado hasta ahora, pero también elogiar la iniciativa y gestión de nuestro Ayuntamiento. Una propaganda muy elocuentemente confeccionada. Sin embargo, se echan de menos más voces críticas y menos triunfalismos ante las políticas urbanísticas de este Ayuntamiento, de exacerbada expansión de la ciudad en beneficio sólo de unos pocos, olvidándose del conjunto de los ciudadanos y sus necesidades. Pero aquí ... “poderoso caballero es don Dinero”.

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