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Reflexiones y apuntes sobre el conflicto de Ucrania

Sebastián Pérez.

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Hoy estamos peor que ayer, sin duda. Un conflicto bélico que se extiende en el tiempo y que debemos intentar contribuir a explicar, analizar y describir, para conocer que es lo que estaba sucediendo en Ucrania (un país diverso y complejo política, social y culturalmente), que es lo que había detrás, las causas, orígenes, motivos, intenciones, etcétera. Ante una crisis, como la de Ucrania, que estaba ocupando desde hace semanas y meses una destacada proyección mediática y política, además de haber sido capaz de reflejar una importante e incluso sorprendente capacidad de resonancia (real, descriptiva, falsa, propagandística, manipulada y de todo tipo) en nuestro país. Evidentemente, nada era casual, esta cuestión responde a los numerosos elementos e intereses que esta situación genera, o más bien, una situación intencionadamente generada. 

Ucrania es hoy un estado fallido, controlado por oligarcas, las élites y los grandes poderes económicos, donde la corrupción, la pobreza, la desigualdad y la violencia están institucionalizadas, la tasa de mortalidad es mayor que la de natalidad, una cuarta parte de toda la población de Ucrania está por debajo del umbral de pobreza, uno de cada tres trabajadores no tiene un salario suficiente para satisfacer las necesidades básicas de la vida, existe falta de seguridad social adecuada para las personas con discapacidades, los ciudadanos de bajos ingresos malvenden sus propias tierras a multinacionales, una sanidad pública desmantelada y privatizada, con organizaciones políticas y paramilitares de extrema derecha, ultranacionalistas y neonazis que están integradas y son parte del entramado gubernamental, institucional y militar ucraniano... Un estado que impide la participación en los procesos electorales e ilegaliza a organizaciones de izquierdas como el Partido Comunista de Ucrania, el Partido Comunista (renovado) y el Partido Comunista de los Trabajadores y Campesinos de Ucrania, que ha estado realizando una limpieza étnica contra la población rusoparlante, las minorías húngaras y contra militantes de izquierdas, provocando un exilio de su población calculado en medio millón de personas y en una guerra interna de bombardeos y muertos, más de 13 mil víctimas, contra la población de la región del Donbass.

Esto es hoy es Ucrania, la consecuencia del inicio del golpe de estado del año 2013, nuevamente el golpismo neoliberal y reaccionario, dirigido y controlado por EEUU y la UE (el propio senador republicano McCain se paseaba en esos momentos por las calles de Kiev) contra el gobierno de Yanukóvich para imponer el régimen del Euromaidán. Un estado fallido que provocó, tras la ruptura y caída del orden constitucional, un régimen de terror, muertes, persecuciones, emigración y exilio (las imágenes de los cuerpos de seres humanos quemados vivos, 48 fallecidos y más de 240 heridos, en la Casa de los sindicatos de Odessa en mayo de 2014 por grupos paramilitares nazis, muestran el terror surgido del Euromaidán), el desmembramiento de Crimea y su posterior incorporación a la Federación rusa (La voluntad del pueblo de Crimea, que hasta 1954 había formado parte de Rusia, ya fue suprimida en 1.992 tras un referéndum, por las autoridades ucranianas) y la disgregación del Donbás, con las autoproclamadas repúblicas de Lugansk y Donetsk.

Ante la situación de Ucrania, curiosamente el tratamiento mediático de las instituciones europeas e internacionales nunca ha sido vinculado alrededor de algo tan lógico, básico y elemental como pudieran ser los derechos humanos en Ucrania. En ello, está una vez más, la lógica imperialista de Estados Unidos, ya en un nuevo mundo pos unipolar, en caída y en crisis (económica, política y socialmente) que no pretende perder su posición geopolítica de hegemonía y que necesita mantener los privilegios de control, dominación y extracción de territorios, recursos y comercio y, como no, por la vía militar y bélica. Ahí es donde se sitúa la lógica estadounidense y es ahí donde se debe situar la actual situación de Ucrania. Desde esa pretensión real de los Estados Unidos, deberíamos actuar en consecuencia desde una posición propia española y europea. Es en este punto donde debemos comenzar a valorar la posición española de subyugación a los intereses estadounidenses, contrarios a los intereses propios, tanto en materia humanitaria, militar, económica y comercial. Las declaraciones públicas y las acciones militares de la ministra de Defensa, Margarita Robles, liderando en Europa las intenciones bélicas de los Estados Unidos supusieron de facto, además de todo una irresponsabilidad contraria al mantenimiento de la paz y a la vía diplomática, una negación y una pérdida de soberanía de los propios intereses españoles y de nuestro espacio europeo. Los intentos de matizaciones y explicaciones posteriores, tras las diferentes actuaciones y declaraciones de otros gobiernos europeos, como el francés, el italiano y el alemán, no tan “entregados” al magnetismo belicista estadounidense, dejaron en muy mal lugar esas posiciones atlantistas.

Ucrania para Estados Unidos y para la OTAN es un nuevo patio trasero, un escenario y un teatro, por su posición geográfica limítrofe con Rusia, de ahí su intervención para derrocar al gobierno de Yanukovich, un gobierno que legítimamente se negaba a integrarse en la UE y en la OTAN, se negaba a privatizar las empresas públicas para entregar el control de la economía del país a transnacionales y que pretendía firmar una unión aduanera con Rusia. La consecuencia fue el golpe de estado. La pérdida de influencia económica, comercial y militar de los Estados Unidos ante el empuje de China, la recuperación de Rusia como potencia regional, la nueva ruta de la seda, el nuevo gaseoducto (Nord Stream 2), los suministros de energía (hidrógeno verde, gas licuado, gas natural, reservas petrolíferas, etc.), el comercio internacional, etc. Estas son las preocupaciones y los intereses reales de los Estados Unidos y para ello pretende combatirlo de la peor de las maneras posibles para los intereses de humanidad, la vía armamentística y militar a través de la expansión de la OTAN. Las imágenes públicas que muestran las bases militares estadounidenses fuera de sus fronteras, incluida Europa y la frontera rusa, muestran la evolución de la expansión de la OTAN tras la caída de la URSS, hechos que no permiten ni generan ninguna duda.

Ante esto, son las posiciones propias y legítimas, tanto españolas como europeas, las que deberían actuar, pero no, la iniciativa española y europea es de sumisión a los intereses estadounidenses, una decisión que supone un error de principios y de cálculo geopolítico. Primero, la OTAN es una organización militar al servicio de los Estados Unidos, un país roto social, política y económicamente, una plutocracia que dirigía un mundo unipolar que se acaba, que se niega a aceptar un nuevo orden mundial y que necesita de Europa para evitar este nuevo orden donde ya no existe la hegemonía estadounidense. Una OTAN y unos Estados Unidos que han creado conflictos, guerras, golpes de estado, masacres y desastres humanitarios por medio mundo (Afganistán, Siria, Yugoslavia, Libia…y Ucrania). La retirada de EEUU del tratado para la eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance, así como del tratado antimisiles balísticos, aumentando desde hace años la carrera armamentística global, son la muestra de que EEUU y la OTAN son una maquinaria bélica, de terror y de guerra, por más que la ministra de defensa, Margarita Robles, intente ocultar la realidad con frases como “La OTAN, es una organización para la democracia y la paz”. La realidad se impone. El apoyo político y militar de EEUU a regímenes como el de Marruecos, Israel, Arabia Saudí, Colombia o la propia Ucrania, son la mejor demostración de la “falta de interés” por los derechos humanos, por el desarrollo y por el progreso de las sociedades. El caso de Marruecos, donde si han interpretado algunos en España que una actitud y comportamiento de sumisión, de matón o de manijero con los EEUU nos iba a propiciar empezar a ser el “preferido” frente al propio Marruecos... creo que desconoce las relaciones y acuerdos reales de EEUU.

España y Europa debe ser firme en sus principios y en sus intereses. La soberanía, la diplomacia y la cooperación económica, comercial y cultural deben ser los ejes en los cuales nos relacionemos con el resto de actores internacionales, con objeto de que el desarrollo económico y social del resto de estados y pueblos y el respeto a la integridad humana sean nuestra hoja de ruta. Es aquí donde debemos romper con la política otanista y de subyugación atlantista, para comenzar una apertura con el resto de actores internacionales, incluida Rusia. Para ello, no debemos olvidar que a pesar de la campaña mediática de la rusofobia, EEUU y la OTAN como organización son una amenaza militar y criminal y suponen un riesgo para la paz. Es aquí donde hay que aclarar que esto no debe ser contrario con condenar y rechazar la Rusia de Putin. Un estado donde se volvió a producir, de nuevo, un fraude electoral que volvió a evidenciar la visión “democrática” de la Rusia de Putin. El Partido Comunista de la Federación Rusa, que fue la segunda fuerza política en las elecciones del pasado mes de septiembre de 2021, denunció en los tribunales el fraude electoral y las numerosas violaciones de la legislación electoral, convocando importantes protestas en Moscú y por todo el país. La consecuencia fue una importante redada a manos de la policía en la sede del Partido Comunista. Una Rusia, desmantelada por Yeltsin tras la eliminación de la URSS, que se ha convertido en un país dirigido por oligarcas, un sistema profundamente corrupto, con un colapso de la sanidad, la educación y los servicios públicos, y con unas escandalosas desigualdades, un estado de un sistema capitalista liderado por Putin. El líder ruso está desarrollando una revolución conservadora y ultrarreligiosa, de carácter anticomunista, basado en un nacionalismo “zarista” y que ha utilizado la barbarie en numerosos momentos. El ataque militar que ha realizado por toda Ucrania era resumido con unas declaraciones del propio Putin con una frase que describe a la perfección su peligrosa concepción del mundo, “No había otra opción”. Sí la hay. Esto es Rusia hoy, pero tal realidad no puede esconder ni ser contraria a los hechos constatables de que el expansionismo militar de EEUU y la OTAN, integrando a países limítrofes con Rusia, rompiendo el acuerdo tras la desintegración de la URSS de no expansión hacia el este, instaurando bases y armamento militar, cercando y amenazando a Rusia, interviniendo violentamente en los estados para instaurar gobiernos “títeres” y eliminando espacios de seguridad, suponen un aumento de la carrera armamentística, inimaginable e indescriptiblemente destructiva, y un riesgo para la paz y la humanidad.

Los últimos años, y en estos últimos meses y semanas con especial virulencia, el gobierno ucraniano ha estado bombardeando y realizando ataques a las poblaciones de la región del Donbás, con el silencio de los medios “occidentales” y la complicidad estadounidense y europea, rompiendo sistemáticamente los acuerdos de Minsk de 2015 (Firmado por Ucrania, Rusia, la República Popular de Donetsk (RPD) y la República Popular de Lugansk (RPL), con la mediación de Francia y Alemania y la ratificación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas). Por cierto, fue el Partido Comunista de la Federación Rusa el que solicitó al gobierno ruso el reconocimiento de las repúblicas de Donetsk y Lugansk con objeto de salvarguardar las vidas de la población, esto fue rechazado por Putin. Un gobierno ucraniano títere utilizado por EEUU con un presidente como Zelenski que es, literalmente, un actor, y que en una de sus últimas declaraciones ha manifestado “Nos hemos quedado solos. No veo quien esté listo para luchar por nosotros”. Un conflicto que se lleva desarrollando desde el golpe de estado del año 2.013 y que a pesar de los acuerdos de Minsk (Con el absoluto silencio de Europa ante el incumplimiento sistemático de Ucrania) ha ido aumentando la escalada militar, en ningún momento, desde la propia Europa y España se ha tenido una posición propia que trabajase, mediante la diplomacia y la cooperación, la búsqueda de acuerdos que estableciesen mecanismos y garantías de seguridad, así como la disuasión, para lograr una resolución pacífica del conflicto que se estaba produciendo en suelo europeo y que podría provocar un aumento descontrolado y desconocido del mismo. Nuestra posición atlantista nos ha hecho desproteger nuestros propios intereses, económicos y comerciales, y la búsqueda de la paz y la seguridad.

La Cultura para la paz “consiste en la creación de nuevas formas de cultivar las relaciones entre los seres humanos mismos y entre estos y la naturaleza para incrementar las posibilidades humanas de vivir en paz”. Así lo recogió el profesor Vincent Martínez Guzmán en la Enciclopedia de Paz y Conflictos, y ese debe ser el gran reto que como sociedad y desde las legítimas instituciones públicas y democráticas debemos marcar para nuestras posiciones y esfuerzos. Frente a los intereses capitalistas e imperialistas de la guerra, debemos superponer los intereses reales de nuestros pueblos, bienestar, igualdad, justicia social, progreso y paz.

Por todo ello, afirmo con rotundidad y convicción, que yo condeno:

- El golpe de estado del 2013 en Ucrania y el régimen criminal y filonazi del Euromaidán, dirigido por EEUU y la UE.

- El incumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Ucrania.

- El expansionismo militar de la OTAN y EEUU.

- Los bombardeos del gobierno ucraniano a la población del Donbás.

- El ataque militar de Putin a Ucrania.

No a la guerra.

Sebastián Pérez Gallardo, Politólogo. Máster de Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos. Coordinador Provincial de IU Córdoba

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