¡Que viene el Papa!
Algarabía y júbilo produce siempre la visita a España del representante de Dios (el verdadero) en la Tierra. Ahora está en África y allí sí que saben de ponerle a los malos tiempos buena cara, desgraciadamente. No como aquí, que nos empeñamos en ponerle mala cara a cualquier buen tiempo porque sí, por joder al otro, más que todo.
Pero, en fin: que viene el Papa a España. Entre el 6 y el 12 de junio, León 14 visitará Madrid, Barcelona y las islas Canarias (que son lo de España en la costa de África).
La última vez que nos visitó un vicario de Cristo creo que fue Benedicto 16, un afable teólogo alemán al que nadie entendía muy bien porque su conservadurismo era demasiado moderno en tiempos donde triunfan las cosas relativas. Estuvo en Valencia y, como es natural, algunos se lo llevaron crudo con la periferia de aquellos fastos.
(“León 14” y “Radzi 16 Hybrid”; joder, tienen nombre de automóvil de alta gama)
El caso es que va a venir un papa de Chicago, Illinois, que tiene cierta ascendencia canadiense, que se llama Robert Francis Prevost de civil y que estuvo de misiones en Perú. Aunque muy resumido, el curriculum es para estar en los archivos del ICE de Donald Trump. Menos mal que ahora, Bobby Prevost vive en Ciudad del Vaticano, porque si siguiera en su barrio de Chicago podría estar bien jodido.
El caso es que vendrá a España en apenas un mes y creo que celebrará una eucaristía de Corpus Christi en la plaza de Cibeles, en Madrid. Vestido de blanco, obviamente, como se debe ir a las Cibeles en cualquier celebración que se precie. Este año, esa misa será la única concentración fanática que vivirá cerca la diosa tirada por leones.
Cuando llega un Papa, en las vísperas, la gente se pone muy nerviosa: que qué le preparamos, que de dónde sacamos la pasta, que si antes tú que el otro, que si organizamos audiencias privadas o baño de masas, que si entra por Carabanchel o bajo la Puerta de Alcalá, que si Yolanda Díaz llevará mantilla o la escondemos, que quién es la concesionaria de los wc portátiles y las papeleras y qué logotipo les ponemos…
Días después de ser elegido Papa, hace más o menos un año, desde Córdoba, el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Antonio Hurtado, expuso en sus redes sociales una petición para el Consistorio: que el alcalde José María Bellido invitase al Papa León XIV a la capital cordobesa, “la tierra de sus abuelos maternos”. Y es que, según informaron algunos medios, el vicario general en Huelva, Emilio Rodríguez Claudio, explicó que tenía una estrecha relación con un tal Robert Prevost, que aseguró tener ascendencia de Córdoba. “Sus abuelos maternos eran naturales de Córdoba”, llegó a afirmar.
Desgraciadamente, la cosa no tuvo mucho recorrido, pero era muy graciosa. Hurtado llegó a decir que esa invitación “sería una gran experiencia para él (el Papa) y la mejor promoción para nuestra ciudad”.
Qué lástima. Me imagino el papamóvil bajando por la calle Alfaros y girando por Juan Rufo camino de las Beatillas para entrar en San Agustín (León XIV es agustino).
Más chula que el Rally Sierra Morena hubiera sido la cosa. O casi.
Pues porque el Papa es un tipo de Illinois y no una señora sueca, si no esto sería “landismo” puro.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
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