Spanish bombs

Entre las cosas inteligentes que tenemos en España, al parecer, una de ellas son las bombas.

Bombas que serán de una franquicia porque creo que nuestras santabárbaras están ya obsoletas desde antes de la gloriosa reconquista de Perejil.

Dice una ministra que no hay negocio, desdice un consejo de gobierno –o la prensa que se lo cree- y vuelve a decir otro ministro veterano que las 400 bombas que les vendemos a Arabia Saudí son capaces de volarle quirúrgicamente la manzana en la cabeza al hijo de Guillermo Tell con sólo un margen de error de 9 metros.

¡Vaya cabeza! ¡Viva la inteligencia! Mueran los otros.

Vaya cabezas que tenemos y las que tenemos que aguantar. Y vaya tragaderas.

Vendemos supositorios explosivos al país del Medievo rico para que haga con ellos lo que le salga de debajo de las chilabas y acierte con precisión de láser a quien les dé la gana.

Y, además, aceptamos el chantaje: si no llevamos las bombitas, no me cortan la chapa en San Fernando y nos dejan a 6.000 currelas en paro porque pasan de que les hagamos las corbetas.

Si no aceptamos el chantaje, los trabajadores de Navantia le meterían fuego a los dos puentes de Cádiz y al Faro de Trafalgar, si hiciera falta y Susana Díaz acabaría llevando hijab en la foto de la próxima campaña electoral colgada de todas las farolas desde Ayamonte a Villaricos.

Mientras, la izquierda ¿real? qué le explicaría a los de Navantia, qué Internacional cantarían con un nudo en la garganta, qué explicarían sobre los parias de la patria de Yemen con la que les está cayendo en la Bahía de Cádiz.

Imagino al emérito Jefe del Estado, el de la cadera de titanio, contento en casa, fumándose una cachimba, satisfecho del negocio, escuchando un disco que le ha recomendado su nuera, que es la que sabe de esto, y tarareando bajito "ah, spanish bombs, te quiero infinito…"

https://youtu.be/ertt3o1x65c

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16 de septiembre de 2018 - 03:00 h
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