Señales

No me dirán que no o bien me dirán que sí. O no dirán nada, que es una posibilidad más que cierta, pero debo recordarles algo: el mundo está lleno de señales, solamente hay que interpretarlas. Esto no es cualquier cosa. Parece una misión. Una penosa misión continua, permanente.

Algunos ejemplos: Grecia vota y decide mientras Demis Roussos, cantante griego paneuropeo donde los haya, muere. Sin decidirlo (supongo).

Siempre he presumido de ateísmo, pero ahora me doy cuenta de que "presumir" no es el verbo más adecuado para esto. Así que ya no presumo de nada, sólo veo señales que me cuesta interpretar. Debe haber cierta mística en todo esto.

Más ejemplos: el día después de las elecciones helenas un F-16 pilotado por dos griegos no es capaz de despegar de una pista manchega y se estampa contra otros F-16 calcinando a todos los franceses que había por allí.

Otro ejemplo: fuego de artillería israelí destroza la vida de un malagueño, la de su mujer y la de un nonato (que aún no la tiene, en puridad); entre otras. "Fuego amigo", es posible que lo llamen en este juego maximalista de decir quienes somos los buenos y quienes los malos. El muerto, seguramente, no sería ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.

Ahora recuerdo aquello de que el destino baraja y que nosotros jugamos. Pero a qué jugamos.

Un ejemplo más: nuestro servicio público de salud se atasca y, al mismo tiempo, alguien dice desde FITUR, esa feria de vanidades, que Córdoba puede aspirar a ser un gran destino de "turismo sanitario".

¿Alguien entiende algo?

Yo no.

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Publicado el
1 de febrero de 2015 - 01:13 h
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