La Libertad

Estoy escribiendo esta cosa en el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Cosas de la ONU. Asuntos de los que se ocupa la ONU, siempre tan ocupada. Habría que conocer al responsable de cosas del calendario de la ONU. Ah, la ONU, la ONU... qué milonga.

Escribo en el Día Mundial de la Libertad de Prensa y, mientras la extraña efemérides es recordada en los noticieros con reportajes de compañeros puteados en Siria o Afganistán, pienso en quien está de guardia este largo fin de semana-puente y habla de cruces, y buen tiempo e inicios de mayo, y ocupación y gente catalana o japonesa y el AVE y el botellón y la hostelería y la economía sumergida y la cruz y el clavel y la revolución portuguesa y la buganvilla y el Bailío y la alergia. Pienso en todos ellos y en sus superiores y jefes luminarias que señalan el camino y se deben a otros jefes que, a su vez, se deben a otros y pienso en la palabra Libertad y en una novela de Franzen y en nada. Ya no pienso en nada.

Sí. Me acuerdo de Antonio Machado disfrazado del adusto profesor Juan de Mairena y recuerdo sus palabras: "La libertad de expresión no es tanto decir lo que se piensa, sino pensar lo que se dice". Y digo que tenía razón, pero muchos no lo saben. Y me acuerdo de una canción de Calamaro que se llama La libertad y que dice que la conocen los presos y que es una "hermana pobre" o algo así; cito de memoria...

La libertad. Cosa inefable. A veces creo

que no existe, que es un concepto demasiado abstracto, que no es un sustantivo concreto como, por ejemplo, cebolleta (y así justifico todo esto que se supone es un artículo de cocina).

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Publicado el
4 de mayo de 2014 - 03:00 h
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