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Rafa Prieto: “Me gustaría ser el primer oficial de policía biónico”

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La historia del policía nacional Rafael Prieto (Córdoba, 1987) recuerda bastante a la que Cuba Gooding Jr. y Robert De Niro protagonizan en Hombres de honor, película basada en la historia de Carl Brasher, el primer buzo de la Marina que volvió al servicio activo tras sufrir la amputación de una pierna como consecuencia de una operación de salvamento. Aunque no sin antes acudir a los tribunales ante la negativa de la Marina de reincorporarlo.

Más de 20 años después, Prieto también ha tenido que llegar hasta las instancias judiciales para poder hacer algo que consiguió con tan sólo 19 años: ejercer de policía nacional. Tras el grave accidente que sufrió en octubre de 2015, el joven ha emprendido una lucha tras otra. Primero, sobrevivió al choque. Después, sufrió la amputación de su pierna izquierda. Y por último, emprendió una recuperación a contrarreloj para volver al Cuerpo. Todas sus pretensiones se fueron al traste cuando el tribunal médico de la Dirección General de la Policía Nacional (DGPN) decretó su jubilación.

Muy pocos han confiado en que ganaría esta batalla. Nadie antes lo había hecho. Sin embargo, este cordobés ha demostrado al Estado que un policía “no sólo corre detrás de un delincuente”. “Ser policía es algo más, es estar ahí cuando alguien piensa que no hay otra salida”, declara Prieto a CORDÓPOLIS en una entrevista en la que recordamos cómo comenzó todo hace apenas tres años. Y cómo ve la vida ahora, cuando ya casi está acariciando de nuevo su placa.

Lourdes, su mujer, también está presente durante la charla. Ha sido la viva sombra de Prieto durante este tiempo. Ha experimentado el papel tan sacrificado -y minusvalorado en ocasiones- de las personas cuidadoras. Como un acto reflejo, se toca su barriga en varios momentos durante la entrevista. Va camino de las 20 semanas. La pareja espera su primer hijo para marzo. Ya tienen demasiadas vivencias que contarle.

PREGUNTA. ¿Qué estabas haciendo cuando recibiste el fallo de la sentencia?

RAFA (R).  Estaba en Madrid, en el IFEMA, en la Feria Orto Medical Care. Fui uno de los modelos que escogió una marca de protésicos. Sobre las 13:30 me llamó mi abogada. Cuando vi el número pensé que me iban a decir que íbamos a presentar otro recurso pero me dijo: “Rafa, te voy a dar una buena noticia. ¿La quieres?”. Le dije que por supuesto y ya me dijo el fallo de la sentencia. Me emocioné y no podía ni hablar. Me dijo que disfrutara durante el fin de semana y que el lunes ya me explicaba qué pasos íbamos a seguir. No me lo creía, de verdad, y nada más colgar llamé a Lourdes, a mis padres y a mi compañero. Lo fui asimilando como pude.

LOURDES (L). Yo no me lo creía. Le decía: “Pero vamos a ver, ¿qué has ganado?”. Claro, me llama y me dice todo el rato que ha ganado... Creía que era un concurso de la Feria. Yo qué sé (risas). Y ya le dije: “¿Pero el juicio?”. Me dijo que sí y empezó a llorar.

R. Me puse a llorar de la emoción, de la alegría... Fue un cúmulo de sentimientos enorme porque llevábamos dos años luchando por esto y siempre era no y no. Que de buenas a primeras me digan que he ganado no me lo esperaba. Sentí más alegría que cuando aprobé la oposición. Aquello me costó trabajo y todo fue de otra manera pero después de estar dos años luchando por esto...

P. ¿Has pensado alguna vez que no ibas a ganar la sentencia?

R. No. Yo siempre he confiado en que íbamos a ganar el juicio y lo veía claro, aunque el 90% de la personas pensaba que no. Me decían que esto no lo había hecho nunca nadie porque era imposible. Sé que imposible no hay nada.

"Sé que imposible no hay nada"

P. ¿Así pensaba también tu abogada?

R. Enriqueta tuvo momentos en los que era muy cauta por lo complicado que iba a ser todo el proceso. Cuando ella se veía más apagada, hablábamos los dos y me decía: “Ya me has cargado otra vez la pila. Venga, que vamos a por todas”.

L. Cuando íbamos al despacho de Enriqueta a recoger un recurso desfavorable siempre nos decía: “Es que no lo entiendo, no me dan motivos y no me lo argumentan”. Pero Rafa siempre le decía lo mismo, que estaba dispuesto a todo por conseguir su plaza. Luego ya escuchabas a Enriqueta que nos decía: “Necesitaba oírte para que me dieras ese tirón”.

P. Ante tantos noes, ¿nunca has barajado plantarte?

R. Pues no porque soy muy cabezón. Si me dicen que no, más ganas le voy a echar. Aparte, es que a mí me gusta mi trabajo. Mil veces le he dicho a mi abogada que si teníamos que llegar al Tribunal Supremo o al Constitucional, íbamos a ir. Con este último juicio, todos teníamos mucha presión porque iba a ser decisivo. Aún así, para enero teníamos ya otro juicio de otro recurso que habíamos solicitado por si este no funcionaba. Pero sé que mi abogaba pensaba que si este juicio no lo ganábamos, el de otras instancias superiores iba a ser mucho más complicado. Yo no iba a permitir que me dijeran que no, de verdad, porque hay compañeros que están muy mal y han sido reubicados.

P. Has conocido sus casos a raíz de tu propia experiencia.

R. Sí, sí. Algunos están jubilados y una compañera me dijo que tenía la espalda llena de clavos y la jubilaron. Era de Valencia e intentó evitarlo pero los abogados le dijeron que era muy complicado, que le iba a costar mucho dinero y no le aseguraban el puesto. Es cierto que todo este proceso cuesta dinero pero...

P. Pero ninguno de esos casos era por falta de extremidad, ¿no?

R. Justo al mes de mi accidente, un compañero de Lanzarote perdió el brazo. Pero a él le quedan tres años para jubilarse y aún así no quiere retirarse.

"Las limitaciones me las ha puesto el Estado"

P. ¿Dormiste la noche de antes del juicio?

R. Algo. No todo lo que me hubiera gustado. Estaba muy nervioso y dudaba de todo: qué me pongo, cómo voy... No me esperaba nada y no sabía cómo iba a ser. Mi abogada me explicó en qué iba a consistir el juicio y que yo no iba a intervenir en ningún momento. No tenía ni que entrar a la sala pero ella me explicó que sería bueno que la jueza me viera andar y moverme. Además, recuerdo que en la misma puerta, Enriqueta me dijo que estuviera tranquilo porque yo no iba a hablar. Al finalizar el juicio fue cuando la jueza me dijo que si quería añadir algo y le dije que por supuesto. De hecho me levanté de mi asiento y me puse hablar. Yo no sabía ni que eso tenía que hacerlo en el estrado ni nada (risas).

P. ¿Qué le dijiste?

R. Pufff, no me acuerdo bien. Pero creo que le expuse que no estaba de acuerdo en lo que allí se había dicho por la otra parte porque yo soy una persona totalmente válida, no tengo limitaciones y es el Estado quien me las está poniendo.

L. La Administración.

P. ¿Lo recuerdas tú mejor?

L. (Ríe asintiendo) “Estoy totalmente preparado incluso más que algunos de mis compañeros”. Así lo dijo.

R. Estaba con la emoción de lo que había escuchado por parte de mi abogada y la indignación de lo que dijo el abogado del Estado.

"Muchas personas me han dicho que por qué luchaba teniendo una pensión digna"

P. ¿Cuántas veces te han dicho que por qué luchar si tienes una pensión digna y sin trabajar?

R. Muchísimas. Miles. Cuando se creen que estás cobrando 400 euros sí te dicen que luches pero cuando se enteran que tu pensión es más alta ya te dicen: “¿Pero tú eres tonto? Tienes ya tu pensión, tus dos pagas...”. Pero es que yo eso no lo quiero. Claro que teniendo mi pensión me puedo dedicar a mil cosas, pero es que a mí me gusta mi trabajo y hay muchos sitios que me gustan. ¿Por qué me voy a tener yo que jubilar habiendo sitios para mí? Eso es lo que no le entraba a la cabeza a mucha gente.

P. ¿Por qué decidiste ser policía?

R. Porque lo leí en mi signo del zodíaco (risas). Ahora en serio. Terminé de hacer Selectividad en la Facultad de Ciencias del Trabajo y Empresariales, ahí en la Torre Malmuerta, y al salir del centro con un compañero vimos la academia Ariete y me dijo: “Tío, pues yo quiero ser policía local”. Y le dije: “Yo qué va, tío, a mí me han multado varias veces y paso” (risas). Yo no sabía diferenciar un policía local de nacional, ¿eh?. Entré en la academia, pregunté y me dijeron que si quería apuntarme para la convocatoria en curso tenía que hacerlo ya porque sólo quedaba un día para que finalizara la inscripción. Así que al día siguiente fui a la comisaría de la calle Fleming, en tres meses me preparé la oposición y aprobé. Recuerdo que era el más joven de la academia: tenía 19 años. Como soy tan friki me fui metiendo cada vez más en el temario y luego ya leí en los signos del zodiaco que Libra tiene entre sus profesiones principales ser político, abogado o policía (Risas). Dije: “Ves, si es que está puesto en mi signo”.

P. Apruebas las oposiciones y te destinan a Ávila.

R. Sí, allí estuve seis meses. Conseguí nota y durante año y medio hice las prácticas en Córdoba. Después estuve en Madrid dos años y ya, finalmente, me destinaron a Lucena. Allí estuve seis años hasta que tuve el accidente.

P. ¿Cuando opositas piensas en ser más allá de un policía nacional de patrulla?

R. Sí. Siempre tienes en mente los ascensos pero cuando entras realmente ves lo complicado que es. Antes, los ascensos no conllevaban cambio de destino y ahora, subir a Oficial, por ejemplo, es cobrar 100 euros más pero tener que irte a otra ciudad. Pero si quieres ascender, no te queda otra que hacer eso. De hecho, antes del accidente yo me estaba preparando para escalar en el Cuerpo. Pero vamos, que ya lo tengo en mente: ser el primer oficial de policía biónico y luego subinspector y ya después, comisario. Me gustaría.

"Me di cuenta de cómo se te complica la vida en un segundo"

P. ¿A qué se circunscribía tu trabajo durante aquellos años?

R. A la seguridad ciudadana pura y dura. En las prácticas pasé por todos los departamentos pero ya en Madrid me mandaron al Z [grupo de radiopatrulla], a la zona de Moncloa y centro. He tenido algunas situaciones complicadas y en una intervención, incluso, llegamos a temer por la vida de una persona a la que fui a ver una semana después al hospital. Esto pasa más a menudo de lo que se piensa, ya sea un niño o una persona mayor.

P. ¿Eso va en la vocación?

R. Creo que sí. Hay compañeros que pasan olímpicamente. Hacen bien su trabajo y ya está. Pero es verdad que si sientes este trabajo como algo más, te interesas por los ciudadanos. El simple gesto de que una persona te dé las gracias por ir a verlo, te pone ancho, de verdad.

P. Viajemos a 2015, concretamente al día que te dan el alta tras el accidente. ¿Qué se te pasa por la cabeza al llegar a casa?

R. ¿Sinceramente? Pensé: “Ahora si quiero ir al servicio o a ducharme, ¿cómo voy?”.

L. Como tenía rotos la tibia, el peroné y el escafoide, y la otra pierna no la podía mover, imagínate. Los de la ambulancia lo dejaron sentado en el sofá y yo al lado. Nos empezamos a reír y dijimos: “¿Y ahora qué hacemos?”.

R. Poco a poco me fui recuperando hasta que fui totalmente autónomo pero, hostia, qué duro. Tampoco podía comer porque tenía la mano escayolada. Me di cuenta de cómo se te complica la vida en un segundo. Si sabes que esa situación es para un tiempo es muy complicado pero hay personas que tienen accidentes y que ya se quedan postrados en una cama de por vida. Eso no me lo quiero yo ni imaginar.

"El apoyo de Lourdes y de mi familia ha sido fundamental"

P. ¿Has echado de menos tu pierna?

R. Algunas veces sí. Me hubiera gustado incinelarla y tenerla ahí (ríe y señala una estantería). He pensado que estará ahí con mi abuela y que me la estará cuidando para que cuando yo vaya para allá, me la ponga. En el hospital me dijeron que si la quería para mí o si ellos mismos se la quedaban. Te lo juro que pensé: “¿Qué hago? ¿Me despido de ella o qué?”. Pero no. Se quedó allí. Estaba hecha polvo. Tampoco he tenido el dolor fantasma y menos mal. Se pasa muy mal porque estás sentado y sólo sientes dolores y pinchazos.

L. El psiquiatra nos dijo que no tenía ese dolor porque había asimilado desde el primer momento que iba a perder la pierna y porque no se acuerda del accidente. Si te dicen que te la van a amputar, comienzas como una especie de duelo. Pero como Rafa no lo tuvo porque no se acuerda de nada y cuando se despertó asimiló tan bien que no tenía su pierna... Su cerebro aceptó que no iba a tener ese miembro.

P. ¿Qué papel han jugado Lourdes y vuestras familias en toda esta historia?

R. Un papel fundamental. El apoyo ha sido... Yo soy una persona muy optimista pero siempre tienes un día peor en el que piensas: “Y si... y si...”.

P. ¿Y si qué?

R. ¿Y si no hubiera salido bien? ¿Y si los huesos no encallaban? Estuve 15 días en el hospital y en la pierna amputada me pusieron un clavo que tenía que encallar para poder ponerme la prótesis. Durante los 15 días posteriores tuve que hacer reposo absoluto y ni tan siquiera podía apoyar el muñón. Lourdes se metía conmigo en la habitación y estaba más de dos horas al día haciéndome curas desde la mano hasta las piernas.

L. Era asearlo y luego curarlo.

P. ¿Cómo afrontaste tú ese papel de cuidadora?

L. Fue muy duro. Rafa pasó de ser totalmente independiente a depender de mi para todo. Estuve tres meses aseándolo en la cama hasta que un día, después de dejar a Rafa en el rehabilitador, me fui a una ortopedia a comprar algo para la ducha. Cuando recogí a Rafa le dije: “Te tengo un regalo”. Y le enseñé la bandeja para la bañera. Ese día estuvo casi una hora y media echándose agua. No fue hasta febrero cuando pudo ponerse la prótesis. Éramos siameses.

"Lourdes ha estado más de dos horas al día curándome"

P. ¿Llegaste a tener ese sentimiento de ser una carga para los demás?

R. Bueno, la verdad es que no. Pensaba que esa situación iba a pasar, que era sólo cuestión de meses y quería que poquito a poco me dejara hacer cosas solo para recuperar esa independencia. Cuando me quitaron la escayola del brazo ya pude empezar a ducharme solo. Mi padre también ha venido en ocasiones porque Lourdes no podía tirar de mi.

P. Pero en apenas unos meses y gracias a la solidaridad de muchas personas conseguiste esa prótesis biónica de cerca de 58.000 euros.

R. Fue brutal la repercusión tan grande que tuvo el accidente y esa ola de solidaridad de familias, amigos, compañeros, colectivos... Cada día se inventaban cosas: fiestas de no sé qué, eventos de no sé cuánto, cursos... Todos los días veía que la cuenta iba a más. En seis meses tenía ya todos los fondos.

P. ¿No contemplaste tener primero una prótesis mecánica que, aunque es más simple, es menos costosa?

R. No. Me fui directo a aprender con lo mejor que hay. Es que ni me lo planteé y, además, en la ortopedia no me lo aconsejaron. Me dijeron que no adquiriera malos hábitos. El problema está en que con las prótesis mecánicas, la persona tiene que tirar de la cadera y lanzarse para dar el paso ya que no lo consigue hacer de manera natural. ¿Qué pasa? Que si luego me ponía una prótesis mejor, iba a tener el hábito de lo malo y me iba a costar más. Prefería algo bueno que empezar con eso, coger malos hábitos y luego ponerme una prótesis mejor. El informe bipodal que presenté en el juicio certifica que con la pierna de la prótesis piso un 48% mientras que el resto lo apoyo en la otro. Es prácticamente lo mismo.

P. ¿Y si no llegas a recaudar todo el dinero que necesitabas?

R. Pues me hubiera puesto otra inferior pero biónica, que hay desde el modelo más básico, que vale 20.000 euros, hasta la que tengo, que son casi 60.000. Sí es cierto que hay pequeñas subvenciones que te pueden ayudar pero sé de un caso de un chaval de Málaga que se ha ido a Noruega a trabajar y la seguridad social le ha facilitado una prótesis biónica. Aquí en España te dan el típico palo de aluminio.

"Al ponerme la prótesis, pensé que me iba a caer"

P. ¿Cómo es aprender a caminar?

R. Bufff. Difícil. Los médicos me aconsejaron que cuanto antes empezara, antes lo iba a recuperar. Cuanto más tiempo le diera al cerebro a acomodarse y a no darle las opciones de caminar, más trabajo me iba a costar. Al ponerme la prótesis tuve una sensación muy rara y pensé que me iba a caer y que no se iba a flexionar. Vas acojonado. Me he caído un montón de veces pero es como yo digo: “Del suelo no voy a pasar”. Te levantas y sigues. Hasta que le vas cogiendo el truquiillo. Tú mismo vas cogiendo tus hábitos y tus técnicas hasta adaptarte.

P. ¿Qué te impresionó más: ponerte por primera vez el uniforme o la prótesis?

R. Bufff. Cuando me puse el uniforme con 19 años y me miré en el espejo... Fue una ilusión enorme. Cuando me puse la prótesis, después de llevar meses sin poder ponerme de pie y sin andar, fue increíble. Es otra ilusión y otra sensación. Han sido momentos muy felices pero diferentes. Cuando salía a la calle en silla de ruedas, los que más cosilla me daban eran los niños, que me miraban e incluso le decían a los padres: “Mira, mira”. Me impresionaba ese tipo de reacciones hasta que vas asimilando todo. Con prótesis, la enseño todo lo que puedo y si llevo la de colores, los niños se quedan alucinando. Ahora la gente ya no me mira con pena, sino queriendo ver la prótesis. Además, si me pongo la recubierta de color carne, ya ni me miran. Me escanearon el otro gemelo para que saliera lo más exacta posible. Al principio no quieres te miren para pasar desapercibido pero luego piensas: “Vamos a ver, lo que tengo que dar es gracias por estar vivo y adaptarme a esta situación. Lo que a mí me ha pasado le puede ocurrir a todo el mundo”. Todos somos diferentes de alguna manera y con esta prótesis puedo hacer mi vida normal.

P. ¿Qué es la normalidad para ti?

R. La normalidad está dentro de la locura de cada uno. A lo mejor lo que yo veo normal, otro lo ve anormal. Por ejemplo, a algunas personas no les ha parecido normal que yo luchara por mi plaza teniendo una paga.

P. Tuviste que entregar la placa tras el último informe del tribunal médico que certificaba tu pase a jubilación, ¿no?

R. Fue el peor momento de mi vida. Ni cuando me desperté en el hospital y me di cuenta de lo que había pasado. El día que me llamaron, tras ver el expediente de jubilación, fue horrible. Cuando el tribunal médico me designó la segunda actividad, creíamos que eso no iba a empeorar porque tenía los informes favorables y portaba mi prótesis. Tras saber la resolución del pase a jubilación sólo quedaba esperar a que me llamaran de la secretaría de la comisaría para que entregara la placa. Agonizaba todas las mañanas cada vez que me levantaba. Hasta que un día me llamaron. Cuando puse mi placa y mi carnet debajo de la mesa se me cayeron dos lagrimones. Recuerdo que en comisaría me dijeron que esperaban devolvérmela lo antes posible, pero esos eran los trámites que había que seguir. Además, me dijeron que les llevara una foto nueva con traje para ponerla en el carnet de jubilado. Fue duro. Sentía una impotencia...

"El peor momento de mi vida fue entregar la placa"

L. Yo nunca he ido a comisaría pero cuando nos llamaron para recoger la resolución de ese recurso decidí ir. Cuando Rafa regresó al coche y me lo leyó...

R. Entregar la placa fue como si me hubieran cortado los dos brazos y las dos piernas. Llevar la cartera sin la placa... Vamos, que me fui al sindicato y les dije: “Dadme una placa decorativa y grabadle mi número aunque sea”. De hecho, esa es la que llevo ahora en la cartera. Yo ya me veía con esa placa de jubilado, pensando en mi cuenta corriente a final de mes y leyendo: “Te hemos ingresado tu pensión”. Pensión, por favor. De persona mayor. Ahora todos mis compañeros están locos por que vuelva. Me dicen que soy un ejemplo y que ojalá me fuera a su grupo de trabajo. Es curioso porque el comisario provincial nada mucho en el gimnasio al que voy y coincidimos. Muchas veces me dice: “Me da vergüenza nadar en la calle de al lado tuya por ver cómo me pasas y cómo te mueves”.

P. ¿Qué crees que ha pasado para que el Ministerio del Interior haya cambiado la posición que siempre ha mantenido?

R. Creo que como nunca antes nadie había luchado esto nunca, en parte el Ministerio lo ve de justicia. Quizás piense: “Si este tío lleva luchando dos años, no para y mediáticamente mira cómo está es porque está deseando volver”. Además, tampoco hay jurisprudencia. Yo he abierto esa puerta pero espero que se quede ahí y mi sentencia no la utilice nadie. Eso querrá decir que nadie ha pasado por lo que yo he vivido.

P. ¿El anterior Gobierno supo de tu caso?

R. Sí. Llegué hasta el mismísimo ministro y los altos mandos del Cuerpo. Todos me dijeron que sí, que sí, pero ellos podían haber actuado en el ámbito de la propia Administración y no en la Justicia. De mí han oído hablar pero no han querido hacer nada. Cuando llegó el PSOE al Gobierno, ni el ministro del Interior ni nadie del partido tenía ni idea de mi caso, que se quedó un poco en la transición entre un gobierno y otro. A raíz de salir en los medios de comunicación es cuando se han enterado y se han interesado. Gracias a todo el revuelo que ha habido, creo que he podido ganar esta lucha. Quizás, si no hubiera tenido tanta repercusión, mi caso se hubiera archivado y listo.

"Ahora la gente ya no me mira con pena, sino queriendo ver la prótesis"

P. ¿Ha cambiado tu visión de la Policía Nacional a lo largo de estos años?

R. No ha cambiado en el sentido de que estoy orgulloso de pertenecer al Cuerpo, pero sí he constatado que todos somos un número. No somos nada más que eso y no miran por nosotros. Los altos mandos del Cuerpo no son empáticos y puedes estar muriéndote que no van a hacer nada. Sin embargo, los que sí me han demostrado estar ahí han sido mis compañeros y mis jefes directos. En las cúpulas no nos conocen y les puede dar igual lo que nos pase. En mi caso, todos mis jefes me han dado siempre su apoyo y han elaborado escritos de recomendación. Otro problema en todo esto es el relacionado con las personas que han formado parte del tribunal médico que me ha valorado en dos ocasiones. No sé ni en qué son especialistas, si hay médicos o psicólogos. Nada de nada.

P. ¿No te certificaron de qué rama era cada ponente?

R. No, no. En una de las revisiones, el tribunal hasta se rió en mi cara cuando dije que quería volver a estar en activo. Se miraron entre ellos y medio se sonrieron. Son muy inhumanos y eso no se puede permitir porque una persona que ha sufrido todo lo que yo he sufrido, acude a un tribunal y se encuentra con esa actitud... Una persona que no sea fuerte o que no esté bien, con esas actitudes la hundes. Luego dicen que si hay suicidios. ¿Pero cómo no va a haber? Hay que aprender a decir las cosas con tacto.

P. El Ministerio del Interior ha asegurado que no va a recurrir la sentencia y en apenas dos semanas, el fallo será firme y te tendrán que readmitir. ¿Piensas ya en qué puesto te gustaría trabajar?

R. Me gustaría mucho estar en las funciones de participación ciudadana, prensa, investigación, formación, denuncias o delitos tecnológicos. No descarto correr tras delincuentes, como dijo mi médico. Pero es que ya he corrido mucho (risas).

"He imaginado muchas ves cómo sería volver a la comisaría"

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