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José Rojas: “Se escucha muy poco al vecino”

José Rojas | ALVARO CARMONA

José Rojas Del Valle (Baena, 1959) es la voz de los vecinos en Córdoba. Presidente de la Federación Al Zahara (que agrupa casi a un centenar de asociaciones de vecinos de la ciudad) desde el año 2008, es un histórico del movimiento social. Antes de ser presidente de la Federación se curtió en su barrio, en Miralbaida, en los años ochenta, cuando “las calles no eran calles” y las protestas vecinales eran multitudinarias.

En el Centro Cívico de La Corredera, Rojas recibe a CORDÓPOLIS para intentar medir, en un par de horas, la temperatura del movimiento vecinal en Córdoba. “Podría ser mejor”, admite. En su octavo año al frente de una federación que dice representar a más de 30.000 personas, se las ha visto con gobiernos municipales de todos los colores. Con el de Rosa Aguilar y Andrés Ocaña (el cogobierno IU-PSOE de 2007 a 2011), con la mayoría absoluta del PP de José Antonio Nieto (2011-2015) y ahora con un nuevo cogobierno, liderado por Isabel Ambrosio (PSOE).

Muy didáctico en sus reflexiones, José Rojas se enfrenta ahora desde la Federación de Asociaciones de Vecinos a varios retos, muchos de los cuales han generado tensión -el asunto de la cementera Cosmos- e incluso los primeros roces con las administraciones, como el caso de la instalación de ascensores en bloques de viviendas de la ciudad que la Junta tenía comprometidos.

PREGUNTA. ¿Qué son los vecinos?

RESPUESTA. El vecino en un concepto amplio es aquella persona que se implica en su barrio, que se preocupa por extender su espacio vital, que es su vivienda, e insertarla en su barrio, e intenta que su entorno sea un espacio en el que se pueda vivir y en el que se pueda desarrollar como vecino y como ser humano. Por eso, todas las actividades que se desarrollen (desde el tejido productivo hasta la actividad empresarial, social...) y todas aquellas acciones activistas, pacifistas o religiosas encuentran una tolerancia, un espacio y una convivencia en el barrio. Eso es una ciudad. Así es un barrio y así es un distrito. El objetivo es encontrar no la confrontación sino la integración permanente.

Se escucha muy poco al ciudadano

P. ¿Quién es José o Pepe Rojas? ¿Cómo prefieres que te llamen?

R. Bueno, todos me conocen como Pepe, aunque siempre me han puesto José en los medios. José Rojas es un vecino muy normalito en la ciudad que se incorpora al movimiento vecinal en los años ochenta. En mi pueblo natal, que es Baena, también participé en el movimiento junior, con jornadas y aceitunas que íbamos a coger para financiar nuestra sede. Allí comenzó mi movimiento por la participación ciudadana. En definitiva, por la democracia participativa. Creemos que la democracia la estamos desarrollando de forma poco representativa. Se escucha muy poco al ciudadano. Esa situación la notamos cuando nos ponen a prueba y llegamos a una crisis económica. Hemos visto cómo las instituciones públicas van hacia un lado y los barrios van por otro. Esto hay que replantearlo. Los modelos de ciudad que se empiezan construyendo y que muchos son generacionales en el tiempo hay que volverlos a reconducir. Córdoba ha perdido su modelo de ciudad, que se dibujó allá por los años setenta y ochenta. No podemos permitir esos deterioros en los barrios, donde la gente está perdiendo su vivienda, su empleo, y donde la gente vive por la vía de la caridad. No hay una apuesta seria y solidaria por las administraciones públicas que den respuesta.

Córdoba ha perdido su modelo de ciudad

Si durante más de 40 años hemos creado unos servicios sociales para atender a esa problemática, llegado el momento de ponerlos en valor nos han dado la espalda. Eso sí es un problema grave. Para eso hay que dotar los presupuestos y los recursos que tenemos (que son limitados) de un mayor carácter social. Ahora hay que atender a las personas, a los vecinos, y estar cerca de ellos. Una ciudad que se construya dejando vagones de cola será una ciudad poco integradora y con poco futuro.

Una ciudad que se construya dejando vagones de cola será una ciudad poco integradora y con poco futuro

P. ¿Qué queda del movimiento vecinal de los setenta y ochenta?

R. Pues, como todo evoluciona, el movimiento vecinal también. A veces echamos de menos aquellas concentraciones, aquellas presiones y reivindicaciones. Pero aquellas movilizaciones reivindicaban equipamientos esenciales. Hoy la mayoría de nuestros barrios tienen una red educativa completa, una red deportiva aceptable, una red social que puede atender mínimamente las demandas ciudadanas. Las redes esenciales se han hecho. Es una etapa superada en la ciudad, que fue la fase más constructiva. Es que antes pedíamos que las calles fueran calles, que las plazas tuvieran una acera para encontrarnos... Eso fue lo que hicimos en los años setenta, ochenta y algo de los noventa. A mediados de los noventa se apuesta por proyectos de ciudad que también eran necesarios. La ciudad necesita infraestructuras, como el plan Renfe, y asignaturas pendientes que aún tenemos como el río y la sierra, que son dos potenciales naturales y turísticos que están en bruto y en los que poco hemos avanzado. Entonces, el ciudadano, las nuevas generaciones, no solo demandan lo que tienen en el barrio, sino que se mueven por toda la ciudad. Hemos ganado en movilidad, en accesibilidad, con lo cual nuestros jóvenes ya no buscan espacios mínimos en el barrio que no tenían, que se veían en la cochera del abuelo, en un pequeño local, en las parroquias con aquellas organizaciones eclesiales muy vinculadas al barrio... Pero eso fue una etapa cumplida con creces.

A veces echamos de menos aquellas concentraciones, aquellas presiones y reivindicaciones

Hoy el concepto de vecino es más hacia la ciudad, hacia el distrito como mínimo. Por eso hay que conseguir que los consejos de distrito vuelvan a ser referentes en la ciudad. De ahí que tenemos que incorporar ahora nuevas tareas: mejorar el tejido productivo en cada uno de estos distritos y concluir infraestructuras de ciudad lastradas aún de los años ochenta. Esa cultura del empleo y la iniciativa empresarial en la pequeña y mediana empresa hay que llevarla a nuestros centros cívicos, que deben ser viveros en los que hablar de empleo, de autocreación de trabajo, de la cooperativa... En los años ochenta y noventa estábamos en una primera fase. La segunda fase se tiene que centrar en el trabajo con los emprendedores. A los centros cívicos hay que incorporar al sector económico y al social. No pasa nada por que los vecinos nos sentemos con nuestros empresarios y con las organizaciones sindicales y ciudadanas. Desde ahí tenemos que responder a qué pasa en nuestros polígonos y qué pasa en nuestros barrios.

Nos va a doler mucho escribir de nuevo a Europa después del fracaso del Urban Sur

Pongamos un ejemplo claro: ¿Por qué se pidió el Urban Sur? Pues porque hay una zona de la ciudad que genera unas plusvalías importantes. El Distrito Sur es una zona separada por el río y con un tejido productivo muy deteriorado y pobre. Queríamos desde ahí que la plusvalía fuera compartida, a la vez que se intervenía en un eje como el río. Unir esas dos orillas mediante un proyecto de mejora del tejido productivo era mejorar también el Distrito Sur. Ese proyecto se presentó a Europa con algo esencial: participación ciudadana. El proyecto incluía una comisión de seguimiento donde todos los actores que intervengan en la zona (empresarios, pymes, vecinos, ecologistas...)

P. Pero esa comisión no se ha convocado, ¿no?

R. Uno de los fracasos del Urban Sur es que no se ha ejecutado y nos va a doler mucho escribir de nuevo a Europa después de este fracaso. Vamos a tener que terminarlo con recursos propios. El Urban Sur no ha sido la mejor de las experiencias en esta ciudad. Ni siquiera desde el punto de vista participativo. La comisión de seguimiento era fundamental para el proyecto, y así lo decía la Unión Europea. Era una comisión de participación ciudadana con todas las voces que son referente en los barrios y que deberían haber estado hablando de hacia dónde deberían haberse ejecutado los proyectos. Se trataba de cuatro ejes que estaban en bruto.

El Urban Sur ha sido un fracaso importante de gestión

P. ¿Por qué no se creó esa comisión?

R. En la etapa 2007-2011 aquel cogobierno no supo cómo poner los cimientos del Urban Sur. Posteriormente, en el mandato 2011-2015 no se hizo nada. Ni siquiera se intentó. Ahí están los proyectos. El proyecto estrella, la Normal de Magisterio, está parado. Este edificio tenía esa función. Era un referente para convertirse en un vivero de empresas articulado con todo el movimiento asociativo de la zona. El Urban Sur ha sido un fracaso importante de gestión. Incluso para nosotros mismos, que no hemos sido capaces de empujar lo suficiente para que el proyecto no quedara olvidado como ha quedado.

La sociedad y la economía nos han puesto a prueba y hemos dado respuesta

P. ¿Echas de menos un vecino más reivindicativo, tener a más gente detrás para las reivindicaciones?

R. Sí. Efectivamente, la federación y las asociaciones vecinales podemos ser la avanzadilla de muchas cosas, pero efectivamente necesitamos la participación del ciudadano. Es verdad que en esta segunda fase, aunque las asociaciones aguantan (son 89 las que forman parte de la federación, participan y pagan su cuota), esa transformación complicada de finales de los noventa falta, que es el trabajo en valores, el trabajo en la educación. Esa transformación vamos a ir poco a poco empujándola para llegar ahí y no alcanza esa convocatoria que nos conseguía la lucha por el colegio público, la lucha por una guardería, el centro de mayores, el centro cívico... Esta sociedad que hemos construido al lado del ladrillo no ha edificado esa cultura paralela social y de valores. Como eso no se hizo en su momento, quizás donde estamos tratando de incorporar a los vecinos es de desde esa nueva cultura participativa, la de los valores. La sociedad y la economía nos han puesto a prueba y hemos dado respuesta. No estoy lo suficientemente contento con la respuesta que se ha dado desde la participación ciudadana en su conjunto. Algunas asociaciones más fuertes han sido referentes y otras han aportado menos. Hay que ir a una sociedad más en valores, y eso no es fácil. La solidaridad es algo difícil de poner en valor, porque parece que es de minorías. Tampoco hay estímulos en la parte esencial que es en la que queremos ir trabajando. La participación ciudadana nace de la educación. Y hay una parte esencial en la formación en edades muy precoces del niño que se acerca al colegio, donde no hay una labor educativa que lo va construyendo y haciendo crítico, o que lo vaya formando en ese perfil ciudadano que queremos. Esa labor hay que incorporarla y llevarla a los colegios. Por eso, una de las cosas que ha salido en la revisión de la participación ciudadana es la pregunta sobre el por qué no está en todos nuestros centros escolares, bien en Primaria o en la ESO. Y sobre todo, por qué no hemos conectado con la Universidad de Córdoba.

No ha habido una apuesta por ninguna formación política de ir avanzando en la toma de decisiones por parte de la ciudadanía

Nuestra escuela de formación, que lleva ya seis años cerrada porque no hay apuesta política ninguna (me temo que en este año tampoco se incorpora partida alguna en los presupuestos del Ayuntamiento para ponerla en valor), podría ser el eje para que el segmento educativo se intercalara con el vecindario. Y así podríamos darle soluciones a problemas básicos como el abandono temprano en los colegios. O incluso presumir e ilusionarse con ese concepto de vecino que hemos ido erosionado, unos y otros. Un país que ha tenido ya 14 leyes educativas es porque ha fracasado, evidentemente. Y tampoco ha habido una apuesta por ninguna formación política de ir avanzando en la toma de decisiones por parte de la ciudadanía, como dice el artículo 2 de la Constitución Española. Aquí el poder no lo comparten, como dicen en mi pueblo, ni con Dios.

Aquí el poder no lo comparten, como dicen en mi pueblo, ni con Dios

P. ¿Dónde está esa escuela de formación y por qué no se ha puesto en marcha?

R. Al lado de la Biblioteca Central. Está dotada de todo el mobiliario y se inauguró en el año 2011, siendo delegada de Participación Ciudadana Inmaculada Durán y Andrés Ocaña alcalde. Ese proyecto tiene dos patas: una parte educativa, que es fundamental, y otra, un banco de recursos, que iba a ser dotado en ese espacio. No sabemos qué ha sido de aquellos recursos. Ese proyecto se planteaba también con un fin: la eliminación de las subvenciones públicas. El banco de recursos contempla desde un equipo de megafonía y sonido para actividades en la vía pública, sillas, mesas, un equipo de nuevas tecnologías, ordenadores... Ese banco de recursos está, que llegó a través de una subvención europea y también de los fondos FEIL del Gobierno. El objetivo era insertar la escuela de formación en la Universidad. Ya tuvimos reuniones con la Cátedra de Participación Ciudadana donde profesorado y alumnos estuvimos hablando de qué estaba demandando el ciudadano. Desde ahí queríamos implicar a la ciudadanía con una nueva idea. Queríamos perfilar que la escuela fuera entrando en los dientes de sierra que se habían ido construyendo en la calle. Esa era la idea. La escuela fue muy reivindicada en la primera junta directiva de la federación en la que yo formé parte, en la etapa de 2008 a 2012, y ahí llegó a puerto.

La escuela de participación lleva cerrada desde hace seis años

P. Y está cerrada a cal y canto.

R. Sigue cerrada y sigue deteriorándose. Se ha abierto para dos o tres ocasiones, sobre todo por necesidades de trastero del Ayuntamiento, y no sabemos nada más de ella. Hace dos años, siendo alcalde José Antonio Nieto, en una reunión nos ofreció que fuese sede de la Federación. En la reunión planteamos que no era una sede lo que buscábamos, sino un proyecto muy concreto y definido. Y se le transmitió y se le planteó a los técnicos municipales, pero no hubo respuesta. Por eso sigue cerrada. Ahora se lo hemos vuelto a plantear al actual gobierno municipal, y tienen conocimiento la alcaldesa y la delegada de Participación Ciudadana. Nos han trasladado que hay una apuesta clara, pero en este año en una primera lectura de los presupuestos municipales no hemos encontrado una partida para poner en valor ese equipamiento.

La participación ciudadana no es un puesto de patatas que se pone y se quita

P. ¿Qué te parece la nueva apuesta de este equipo de gobierno por la participación ciudadana?

R. Bueno, en principio el compromiso es hacer una apuesta por la participación ciudadana, aunque estamos a la espera. La participación ciudadana no es un puesto de patatas que se pone y se quita. Esto tiene una trayectoria. Hay dos compromisos que son esenciales con el gobierno municipal: uno es una jornada que ya celebramos nosotros en la que veíamos que había que renovar los órganos de participación. No salió ningún actor nuevo, pero está claro que si hay alguien que quiera incorporarse, tiene las puertas abiertas. También acordamos mejorar a través las ordenanzas fiscales, que eran muy rígidas. Queríamos que más que dinero se dieran recursos. El movimiento asociativo son todas las organizaciones inscritas en el registro municipal: más de 2.500 asociaciones. Pedíamos que como todo se había bloqueado con una ordenanza muy rígida en la que habíamos comprobado que existía clientelismo, puerta trasera y que se le daba a quien mejor le caía al gobierno municipal, queríamos que sean los consejos de distrito y los órganos de participación los que pongan en marcha la modificación de las ordenanzas municipales. La modificación tiene un recorrido, que son más de cinco meses desde que se redactan, se aprueban y se publican. Cuando este gobierno municipal llega en junio apenas tiene tiempo. Con la ley de racionalización de la administración local lo que tenemos es un ayuntamiento prácticamente intervenido desde Madrid con una pérdida de autonomía tremenda. La crisis ha llevado a que una de las administraciones que ha sido más sensible a los problemas de los ciudadanos esté intervenida.

A las organizaciones ciudadanas no se nos puede tratar como si fuéramos empresas

P. ¿Por qué tiene tan mala fama la participación ciudadana?

R. Bueno. Siempre hay críticas. Si hay críticas es porque algo se hace. Lo que sí tenemos claro es que hay que hacer un plan municipal de participación ciudadana. ¿Cómo? Que la administración autonómica termine después de 25 años su propia normativa. La norma estatal es muy compleja también. La ley de ayuda a las organizaciones ciudadanas es de una exigencia mayor a la de cualquier empresa que se acerca a una administración para tramitar una licitación a un proyecto. A las organizaciones ciudadanas no se nos puede tratar como si fuéramos empresas. Un grupo de mujeres que habla de violencia de género al que se le asignan 100 euros para potenciar sus actividades tiene que justificar casi con un abogado de oficio. Eso no se llama alcance, participación o voluntad política, sino que no quiero que ustedes entren en las decisiones a nivel local, autonómico o estatal. Ese impulso de la etapa predemocrática se ha ido ahogando con todas las leyes que hemos ido haciendo para regular la participación ciudadana. Si los ayuntamientos cierran la puerta, si la ley de asociaciones del año 2002 nos trata como a empresas, si la ley 38 del año siguiente tampoco ayuda... acabamos no siendo interlocutores. Se nos reconoce como otra organización distinta y los cauces participativos están ahogados. Aquí no estamos hablando de ayudas económicas, que se le olvide a la gente, estamos hablando de voluntad política, de que el ciudadano no tenga que estudiar latín para trasladar una necesidad esencial en su barrio. Y eso se hace con voluntad. Que los ciudadanos tengan un corredor para que su demanda tenga una llegada directa a quien tiene que dar respuesta. Si hacemos una valoración en su conjunto de la participación ciudadana podemos encontrar escarceos importantes en la ciudad de Córdoba. Todavía nos piden el reglamento en Ciudad Real, Cádiz o Málaga... Ahí no existe prácticamente nada. De algo nos podemos sentir orgullosos y es de que hemos sido pioneros en los cauces de participación. En otras ciudades todavía nos hablan de que quieren un reglamento que permita acercarse al Pleno para hacer planteamientos que afecten a un barrio. Realmente, el poder desde 1978 no ha avanzado. Al menos, que se equilibre por la democracia participativa, que es por lo que se ha apostado.

Aquí no estamos hablando de ayudas económicas, que se le olvide a la gente, estamos hablando de voluntad política, de que el ciudadano no tenga que estudiar latín para trasladar una necesidad esencial en su barrio

P. Sin participación ciudadana aparece esa distancia sideral entre el político y sus vecinos. No hay intermediarios y entonces los políticos acaban convirtiéndose en eso que otros llaman casta.

R. Hay una cosa que quería comentarte, Alfonso, y es que hace seis o siete años la Unión Europea creó un recurso económico. En las sociedades avanzadas y estables, veían que se perdía algo esencial: la participación ciudadana. Pero no a la hora de reivindicar un problema contrato, sino en el descenso en la participación en unas elecciones. El ciudadano, si no se le educa a participar y se le hace atractivo el sistema que tenemos que construir entre todos, opta por algo que se le vende mejor: la ciudad del ocio y el entretenimiento. El ciudadano pliega el viernes por la tarde y no quiere saber nada. El fin de semana es para establecer relaciones más familiares, de amigos u otros hábitos. Pero lo que se les niega es que tomen parte de a dónde van sus barrios, de qué leyes les afectan... Todos los problemas, que son graves, no los resuelven por la desafección, la falta de interés... En los años sesenta o setenta era mucho más duro reivindicar o pertenecer a determinadas asociaciones, la gente tenía conciencia y realidad de que los vecinos nos debemos unos a otros. Es duro cuando nos hemos visto en acciones con Stop Desahucios cuando el vecino de al lado ni siquiera ha tenido presencia al menos para impedir el desalojo de la familia. En algunos casos, no en todos.

El mayor deterioro que tenemos en los barrios es precisamente la falta de convivencia, que ha roto esa relación

El mayor deterioro que tenemos en los barrios es precisamente la falta de convivencia, que ha roto esa relación. Me lo preguntabas en el vídeo si en torno a un perol se puede construir. Sí, se puede construir una convivencia, cultivar amistades, pero hay cosas que tienen que tener una fase más formal para poder trasladar decisiones. Bueno, pues ni siquiera esas cosas nos las han dejado en pie. Tanto es así que en las jornadas que hicimos en diciembre uno de los grandes puntos es la ley de espectáculos públicos. Hace poco, la Asociación Guadalquivir nos informaba de un encuentro que tienen con Cañero que se llama Las dos orillas que para hacer un día de convivencia con 50-60 vecinos y sus familias le habían pedido un plan de evacuación en el recinto ferial. ¿Eso qué es? ¿Falta de voluntad política? ¿No queremos que habléis? ¿Queremos a la gente con pan y circo y cada vez más vacía?

Quizás el ciudadano no ha sabido valorar cómo llegaron las cosas

También hay un error. Cuando hemos ido dotando a nuestros barrios de todas sus infraestructuras básicas quizás no se supo explicar. Esta es una reflexión más personal. Quizás el ciudadano no ha sabido valorar cómo llegaron las cosas. Con más participación, todo lo que llega a los barrios se hace con más equilibrio. Tenemos que ser capaces otra vez de construir un modelo de ciudad vertebrada y equilibrada. Si no se hace, damos pie al oportunismo, que es lo que sí vimos en las jornadas de revisión del Plan General de Ordenación Urbana y lo que ha pasado en los últimos años en la ciudad. Un documento que es esencial y que define el modelo de la ciudad que queremos. El plan se ha desarrollado en plan oportunista. Si hay una inversión aquí que me gusta hacemos una innovación... Pero no queremos una ciudad que crezca a golpe de ocurrencia, oportunismo y especulación. Este PGOU, de 2003, que nace de un gobierno municipal del PP y se tramita en su última fase de un cogobierno de IU y PSOE, es claramente desarrollista, que cosía poco la ciudad, que la extinguía, la hacía menos sostenible y mucho más costosa. Una ciudad que crece poco a poco y no creando calvas en medio para especular es una ciudad más sostenible, menos cara y por supuesto impide esa especulación que en los últimos años hemos visto lo que entidades bancarias y empresariales sin escrúpulos han sido capaces de hacer. Esos modelos son los que hay que descartar. Para eso hace falta acercarse a la ciudadanía. Al final, lo que nos queda es ir a un modelo más integral de participación en el que efectivamente nos veamos todos. Hay que volver a reconstruir la participación ciudadana junto a las nuevas organizaciones que surgen en la ciudad para que funcionen de manera integrada, y que tengan entidad y base.

Hay que volver a reconstruir la participación ciudadana junto a las nuevas organizaciones que surgen en la ciudad para que funcionen de manera integrada

P. El ciudadano hoy asiste casi como un espectador a su propia vida. El otro día en una tertulia en Radio Córdoba hablábamos de ello y del reglamento de Participación Ciudadana. Yo planteaba que votar una vez cada cuatro años es escaso y que en un mandato municipal a un alcalde le surgen grandes temas de ciudad que quizás debería consultar de alguna manera con el vecino, ahora que, por ejemplo, existen las nuevas tecnologías para hacerlo. ¿Queremos que se peatonalice la calle Cruz Conde: sí o no? No entiendo por qué esas cosas no se preguntan.

R. Una de las cosas que tantas veces como lo hemos reiterado es que hay que avanzar un poquito hacia una democracia más participativa. La sociedad está acostumbrada a dar un cheque en blanco al político cada cuatro años, y eso nos lleva a donde nos lleva: que cada vez vaya menos gente a votar. Así el político desaparece de estar presente en su barrio, en su ciudad... Si el ciudadano se olvida de hablar de su barrio, de su ciudad, al final está en otro concepto. Y posiblemente esto responda al interés de determinados sectores. Si acostumbramos al ciudadano a un voto cada cuatro años el político recibe un cheque en blanco. Con ese cheque el político moldeará la ciudad a su imagen y semejanza sin participación del ciudadano. Si estamos planteando que haya cauces de participación y que el vecino participe en las decisiones construiremos otra cosa. El reglamento municipal de Participación Ciudadana contempla la consulta. Lo que pasa es que no se ha hecho ninguna desde que se aprobó el reglamento en 1983 y que se incorpora en su revisión del año 1992. Ahí se contempla una consulta para decisiones trascendentales de la ciudad y nunca se ha puesto en marcha.

El reglamento municipal de Participación Ciudadana contempla la consulta para decisiones trascendentales de la ciudad y nunca se ha puesto en marcha

Ahora, la propia Delegación de Participación Ciudadana, ahora cuando se ha constituido, está empezando de cero. En estos cuatro o cinco años no se ha hecho nada: en la última etapa del gobierno 2007-2011 y en estos últimos cuatro años, que han sido brutales, la Delegación de Participación Ciudadana no ha existido. Ahora pasa por que se reconozca que no es un órgano de participación, sino un Consejo de Distrito, en el que tengan espacio todas aquellas asociaciones que existen en los barrios que aportan, actúan, reivindican, instan, pelean, defienden... La participación ciudadana en su concepto más primario es cosa de dos: político y vecino. Si una parte deja de estar, no existe. Y eso ha ocurrido en estos últimos cuatro años. Y el gobierno municipal lo ha reconocido. Ellos han creado una participación ciudadana más activista por esa negativa suya a usar los cauces que hemos ido estableciendo en prácticamente casi 40 años.

Si acostumbramos al ciudadano a un voto cada cuatro años el político recibe un cheque en blanco. Con ese cheque el político moldeará la ciudad a su imagen y semejanza sin participación del ciudadano

P. El PP siempre ha dicho que el proyecto de 50 obras en 50 barrios fue participativo.

R. ¿Con quién? Solo nos llevaron al consejo del movimiento ciudadano una idea de dos millones de euros, y con ese dinero apenas si hay para farolas y papeleras, y arreglar alguna calle. Pero de obras, no. En el proyecto de 50 obras en 50 barrios fueron creando clientelismo. Pero no había equilibrios, no había participación, unas calles se terminaban y otras se dejaban a medias. Incluso en zonas en las que ellos pueden tener más voto. Es cuestión de preguntar qué calles se han resuelto y cuáles no. En la zona del Patriarca y demás hay respuestas a los criterios que se han seguido para reparar una calle y otra no. No se ha dado participación ninguna. El proyecto de 50 obras en 50 barrios eran las obras que se hacían en el mes de julio y agosto en la ciudad cuando se paraban las actividades y se actuaba de forma rápida para que no hubiera problemas en los comercios, por ejemplo. Y se ha vendido como algo extraordinario. Si en algo hemos tenido un deterioro importante en la ciudad es en el mantenimiento. Eso es más importante que el 50 obras en 50 barrios. El mantenimiento de la ciudad es clave. Tenemos aceras intransitables. Se ha descuidado el día a día y se ha creado un modelo bastante divulgado en los medios, que ha tenido mucho patrocinio, con los faldones que hemos visto en los medios de comunicación.

En el proyecto de 50 obras en 50 barrios hubo clientelismo

P. Volvemos a la ciudad social. Ahora mismo, imagino que la federación está desbordada con la consulta de vecinos con problema de vivienda.

R. Actuamos con Stop Desahucios y nuestras sedes las ponemos a su disposición. Pero es que realmente no hay un trabajo global por la vivienda. ¿Cómo puede ser que esta ciudad tenga hoy 8.000 viviendas vacías y cerradas? La participación ciudadana no se puede basar única y exclusivamente en el voluntarismo de las personas. Debe haber una legislación que vaya transformando esa realidad. Porque nos escuchéis y estamos en la prensa... con eso se consigue poco. Hay algo esencial en nuestro sistema económico que son las entidades bancarias. Día a día estamos viendo cómo están dejando caer a la gente. Hicimos una consulta al Consejo General del Poder Judicial, y lo hicimos muy visible en la campaña electoral del 2015: ¿cómo va a intervenir la administración más cercana en nuestros barrios ante uno de sus grandes problemas, la pérdida de vivienda por sus vecinos? La respuesta de algunos candidatos es que ellos no tenían competencia. Si son sensibles a ese problema diciendo que es cuestión de competencias... La vivienda es un problema real. Cuando se deja de conocer la realidad de un problema difícilmente podamos dar soluciones. Quien las tenga y quien no las tenga.

¿Cómo puede ser que esta ciudad tenga hoy 8.000 viviendas vacías y cerradas?

Fíjate que tenemos un censo, obligatorio por ley, de demandantes de viviendas de protección oficial. En Vimcorsa hay un registro de demandantes que andará entre los 10.000 y los 12.000 jóvenes cordobeses que buscan un piso. Pero hay un problema gravísimo: se les adjudica una vivienda y van a una entidad bancaria para que se la hipoteque y les dice que no. Con lo que ganan, 600-800 euros al mes, con empleos precarios y estables, les dicen que no. Tanto es así que Vimcorsa en los últimos cuatro años lo que ha construido ha sido 26 viviendas en la ciudad. Si la administración no es capaz de atender los problemas de nuestros jóvenes, ¿de qué política de vivienda estamos hablando? ¿Hacia dónde caminamos? Aparte, tenemos un número importante de vivienda cerrada en la ciudad.

El PGOU que se aprobó en 2003 es altamente especulativo

P. Y cada día están echando a gente de su casa.

R. Por eso nosotros hemos dicho y planteado que había que revisar todo el Plan General. El PGOU que se aprobó en 2003 es altamente especulativo. Lo que menos se ha desarrollado en estos últimos 10-12 años es la vivienda adecuada para una familia que únicamente se sustenta con un sueldo. Donde estamos viendo las mayores calamidades son precisamente en la situación de las familias que no podían acceder a una vivienda con algún tipo de protección y que tenían que meterse en casas de 30 o 40 millones de las antiguas pesetas. Y luego están las hipotecas a 40 años, un periodo en el que un trabajador se puede enfrentar a una enfermedad, a la pérdida de un empleo o hasta a una separación. Todas esas incidencias actúan de forma importante en la vida de una hipoteca. ¿Quién garantiza eso con créditos de 800 y 900 euros al mes? ¿Qué nos explican con el ciclo de vivienda que planteamos que es régimen de alquiler con opción a compra? Pues que los ciclos no se cumplen. Recuperar el alquiler en 10-15 años para tener dinero para volver a comprar suelo y tener nuevas viviendas aleja el objetivo. Las empresas con ese formato necesitan mucha más inversión. Pero lo que planteamos es que quien tiene que actuar de esa manera son gobiernos con acuerdos marco con la Unión Europea y con las entidades bancarias que nos lleven a ese modelo. La cultura que se ha impuesto es que si no tienes una vivienda en propiedad no eres nada. Con la deslocalización que hay del trabajo, con la dificultad que hay para mantener un puesto de trabajo... un gran problema es ofrecerles a nuestros jóvenes una vivienda en propiedad. ¿Para qué? Si hoy estoy en Almería y pasado mañana estoy en Jaén. Con esta movilidad tan tremenda y este tejido productivo es atarlos de por vida. Ésa es la vivienda que hoy se demanda.

P. Hablando del PGOU. En estos meses existe un conflicto latente que es el de la cementera Cosmos, que creo que por vez primera enfrenta a vecinos con trabajadores de una empresa. Estuve en el Pleno en el que tomaste la palabra...

R. Sí, se insulta, se descalifica...

P. Aquel Pleno fue bastante tenso.

R. Bueno. ¿Qué es lo que nos ha llevado a nosotros a hacer el planteamiento que tenemos con Cosmos? En primer lugar, nos encontramos con una empresa muy singular en esta ciudad, sobre todo en su relación con el vecindario. La compañía siempre ha actuado de una forma hermética. Incluso cuando generaba aquellos grandes problemas de alta contaminación, con el famoso polvo de cemento que aparecía en las terrazas de Santa Rosa, Fátima, Levante y Carlos III, se fueron plegando. A los archivos me remito y a las hemerotecas también. Se habló con la Junta de Andalucía para que esa industria no contaminara tanto, con los 14 colegios que tiene alrededor. Quiero decir que ha ido generando problemas de fácil solución con la mejora de la tecnología. Pero ahora, en momentos de crisis, el coque de petróleo ya no es tan barato. Las cementeras asiáticas lo utilizan y el coque de petróleo ya no es tan barato. Entonces, la Unión Europea decide que como energía alternativa se puedan construir incineradoras. Se les abre una puerta trasera, que es cambiar la boca del horno y en vez de echarle coque de petróleo se le meten todos los plásticos, residuos y productos tóxicos que generamos diariamente. Desde plásticos agrícolas a ruedas de vehículos, que llevan carga de azufre y metales, lodos de depuradoras... Pero no hemos caído en una cosa, y es que algunas incineradoras se quedan a la puerta de nuestros barrios o incluso dentro. El crecimiento económico ha dejado a la fábrica prácticamente abrazada. Tanto es así que antes de que esta empresa decidiera incinerar, con un nombre que tuvimos casi que acertarlo, porque le pusieron valorización de residuos...

El crecimiento económico ha dejado a la fábrica de Cosmos prácticamente abrazada a la ciudad

En el Plan General del 2003 y por demandas vecinales ya le pidieron quienes gobernaban en la ciudad, que era el PP, que se tuviera cuidado con el tipo de almacenamiento en el polígono de Chinales, que estaba a 20 metros y en ocasiones a 10 de las viviendas. Entonces, con una justa medida y con buen criterio se limitaron las actividades. Hubo una fase de desmantelamiento de las actividades que pudieran ser molestas e insalubres para el vecino. Y así lo fueron entendiendo los empresarios. Y allí nadie usó de escudo a los trabajadores cuando el plan dijo que la seguridad de las personas es lo primero. Los empresarios fueron trasladando ese tejido productivo a otras zonas de la ciudad. ¡Es que no hay que remontarse a los visigodos! Campsa, la central regional Oeste de distribución, estaba en el corazón de la Huerta de la Reina en los años ochenta. Con buen criterio se asignó y ubicó un suelo con esfuerzo municipal, autonómico y de la Diputación, con un parque industrial adecuado. Y se fueron sacando vaquerías, y aceiteras, y un tejido productivo que históricamente se había quedado en el centro de la ciudad. Solo hay que pasear por Ollerías y ver las chimeneas. Lo que queremos decirle a esta empresa, con cartas hasta certificadas que les hemos enviado, es que los trabajadores, con todos los respetos, no representan a la compañía. Lo que estamos diciendo es que no se use ese tipo de material para generar energía y que la empresa pase a una segunda actividad, que va a tener ayudas y subvenciones para ello. Le estamos dando una solución a las cementeras que se han quedado en el corazón del barrio. Ése es el malestar que le estamos trasladando a las administraciones. Esto se entiende o no se entiende.

Cosmos le ha faltado al respeto a esta ciudad

P. La contestación está siendo muy importante por parte de la empresa y los trabajadores.

R. La empresa le ha faltado al respeto a esta ciudad. Y está usando como escudos humanos a los trabajadores. Cuando llegó la crisis, esta empresa no tuvo contemplación y de 400 trabajadores se redujo el empleo a 39. Hemos reiterado el apoyo de los vecinos a estos trabajadores, siempre. Queremos garantía de que esta empresa tenga continuidad. Lo que no queremos es que incineren plásticos y demás. Le están pidiendo presupuestos a empresas, como por ejemplo Sadeco, para quemar basura. Ellos saben que cuando empiecen a quemar, si consiguen licencia, con la realidad de basura y residuos que hay en Córdoba no son capaces de alimentar la central. Esto ha generado una reflexión no solo en Córdoba: en Niebla y en Alcalá de Guadaira, ambos con gobiernos socialistas, le estamos diciendo a la Junta de Andalucía que autorizar este tipo de incineración hay que hacerlo con un control mucho más riguroso. Últimamente nos hemos enterado por los medios que una multinacional en Sagunto sufrió un incendio con un oscurantismo importante. El Ayuntamiento preguntó que qué se estaba quemando allí en ese momento. No queremos generar alarmismo, pero claro que en un accidente se escapan partículas. Ahí probablemente se abrió la puerta del cañón de alimentación y las chimeneas para sofocar el fuego de alguna forma, pero hubo escapes. ¿Y qué tipo de escapes? Pues dioxinas... Y eso afecta a las personas. Se escapa cadmio, azufre, metales y partículas que se instalan en el cuerpo. Estamos pidiendo estudios epidemiológicos de la zona para evitar riesgos. Creemos y estamos convencidos de que en esta mesa de diálogo hay buena disposición por parte de las administraciones para trasladar esta empresa y garantizar su futuro. No nos engañemos. Quiero que esta reflexión vaya hacia los trabajadores: quemando en la puerta de un barrio no vamos a tener futuro. La solución no es de hoy para mañana. No vamos a bajar la guardia. Se han hecho manifestaciónes, con presencia de vecinos en la puerta de la fábrica. Y vamos a seguir haciéndolo. Ahora vamos a ir todos los fines de semana a reunirnos con colectivos para explicar la postura. Ya se ha incorporado a la demanda un grupo fundamental que son los profesores de los colegios, y vamos a hablar de verdad de por qué eso no es bueno en la ciudad.

Quemando en la puerta de un barrio no vamos a tener futuro

P. ¿Alguna vez te han tentado para entrar en política?

R. Yo he sido invitado casi por todas las organizaciones políticas de la ciudad. Flaco favor le hacemos a una organización vecinal si la usamos como trampolín para entrar en política. Esto es legítimo y la política es una actividad muy respetable, pero realmente no es el mejor trampolín. Ya nos pasó. El movimiento ciudadano se quedó descabezado en los años ochenta con la entrada masiva en política. Si de algo tiene bueno la democracia es que va poniendo las cosas en su sitio. Cada organización tiene que jugar su papel. Si el nuestro es la participación ciudadana, la mayor contribución que podemos hacer a nuestra ciudad siempre es desde ese espacio. Desde aquí no entraría en política nunca.

Flaco favor le hacemos a una organización vecinal si la usamos como trampolín para entrar en política

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