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Montoro coloca la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades de la localidad

Montoro coloca la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades de la localidad.

Redacción Cordópolis

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Montoro ha dado este viernes un paso decisivo para hacer realidad una reivindicación histórica de las hermandades y cofradías de la localidad con la colocación de la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades montoreñas. El nuevo edificio se levantará en la calle Carpio, número 28, en el polígono Conde de Nebrón, y nace con la vocación de convertirse en un lugar de referencia para la conservación, protección y difusión del patrimonio cofrade de Montoro.

El proyecto, promovido por el Ayuntamiento de Montoro, contempla la construcción de un edificio especialmente diseñado para responder a las necesidades de las hermandades y cofradías de la localidad. El Ayuntamiento trabaja ya con el objetivo de que esta nueva infraestructura pueda estar en disposición para la próxima Semana Santa, haciendo realidad así una demanda histórica del tejido cofrade montoreño.

La alcaldesa de Montoro, Lola Amo, ha destacado la importancia de este momento para el municipio y para las numerosas generaciones que han mantenido viva la tradición cofrade: “Desde hace muchos años se viene hablando de contar en el municipio con un espacio de esta tipología y por fin se va a convertir en una realidad”.

Lola Amo ha subrayado que esta infraestructura permitirá “garantizar la conservación y el lucimiento de una de las tradiciones más arraigadas de nuestro municipio”, en referencia a una Semana Santa que trabaja para ser declarada de Interés Turístico Nacional.

Montoro coloca la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades de la localidad.

Un acto que reúne al mundo cofrade montoreño

La colocación de la primera piedra contó con una amplia representación del mundo cofrade y de la sociedad montoreña. En el acto participaron el presidente de la Agrupación de Cofradías, el párroco de San Bartolomé, los hermanos mayores y las juntas de gobierno de las hermandades y cofradías de pasión y gloria de Montoro, así como miembros de las bandas y agrupaciones musicales de la localidad, que acompañaron a la alcaldesa y a los miembros de la Corporación Municipal durante este momento.

El acto sirvió para poner de manifiesto el carácter colectivo de un proyecto que nace para dar respuesta a una demanda histórica de las hermandades y que pretende convertirse en un espacio común para el desarrollo, conservación y puesta en valor de su patrimonio.

Como testimonio de este momento, la Agrupación de Cofradías de Montoro depositó también en la urna un acta en la que queda recogido lo acontecido durante la jornada de colocación de la primera piedra, dejando constancia documental para las generaciones futuras de este momento histórico para el movimiento cofrade local.

Una cápsula del tiempo para la historia de Montoro

Uno de los momentos más simbólicos del acto fue la introducción de una urna que permanecerá para siempre en el edificio, como testimonio de este momento histórico para las hermandades y para el municipio.

En su interior, las hermandades de Montoro depositaron una medalla representativa de cada una de sus hermandades, como símbolo de la unión del movimiento cofrade y de la participación de todas ellas en este nuevo espacio.

La urna se completó con un pergamino que recoge la historia de la Semana Santa de Montoro, una copia del proyecto del futuro espacio cultural, periódicos correspondientes a la jornada de la primera piedra y diferentes libros dedicados a la historia de la Semana Santa montoreña.

También se introdujeron réplicas de las imágenes de los patronos de Montoro, San Bartolomé y la Virgen del Rosario, incorporando así a este testimonio del presente dos devociones profundamente vinculadas a la identidad religiosa e histórica de la localidad.

De esta manera, la urna se convierte en una auténtica cápsula del tiempo que permitirá conservar para las generaciones futuras una representación de la vida cofrade, cultural y social de Montoro en el momento en que comienza a hacerse realidad este proyecto.

Montoro coloca la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades de la localidad

Un edificio adaptado a las necesidades de las hermandades

El proyecto básico y de ejecución ha sido redactado por María Auxiliadora Portero Delgado, arquitecta municipal, y Rosario Espejo Carmona, ingeniero técnico industrial municipal.

Uno de los principales elementos arquitectónicos del proyecto es su capacidad para adaptarse al desnivel existente entre la calle Carpio y el nuevo vial peatonal oeste, con una diferencia aproximada de cuatro metros. El diseño aprovecha las características del terreno para generar una volumetría interior basada en un sistema de niveles escalonados.

Esta solución permite configurar una planta baja de doble altura, sin romper la escala visual del entorno y facilitando especialmente las labores de traslado y maniobra de los elementos de mayor envergadura de las hermandades. De esta forma, los pasos de palio y otros elementos procesionales podrán desplazarse por el edificio con seguridad y holgura.

El futuro espacio está concebido como una infraestructura capaz de responder a las necesidades de conservación, organización y actividad de las hermandades, al tiempo que ofrecerá un lugar adecuado para proteger y poner en valor un patrimonio que forma parte esencial de la identidad de Montoro.

Cinco siglos de historia cofrade

La importancia de esta nueva infraestructura se entiende también a partir de la extraordinaria trayectoria histórica del movimiento cofrade montoreño. La Semana Santa de Montoro constituye una de las manifestaciones religiosas y culturales de mayor arraigo de la localidad, fruto de una evolución histórica que se extiende durante casi cinco siglos.

Sus orígenes documentados se remontan al siglo XVI, momento de extraordinario desarrollo del movimiento cofrade en Andalucía. Una de sus primeras grandes referencias es la fundación, en 1554, de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, a la que seguirían durante la misma centuria la Cofradía del Santo Entierro y, ya en 1602, la Cofradía de Jesús Nazareno. Estas tres hermandades decanas sentaron las bases de buena parte de las celebraciones de la Pasión montoreña.

Con la llegada del Barroco, las procesiones adquirieron una mayor solemnidad y teatralidad. La calle se convirtió en un gran escenario religioso destinado a transmitir al pueblo los principales episodios de la Pasión de Cristo. Al cortejo procesional se incorporaron los soldados romanos, el Apostolado y diferentes representaciones o autos religiosos, entre los que destacaron el Descendimiento, el Prendimiento y el Sermón del Paso.

Algunos de estos elementos terminaron convirtiéndose en señas de identidad de la Semana Santa local y ayudan a explicar parte de su singular configuración actual.

Durante el siglo XIX se produjeron diferentes tensiones entre determinadas prácticas populares y las disposiciones emanadas del Obispado. Los intentos de controlar o prohibir algunas costumbres provocaron la transformación de los rituales e incluso la desaparición definitiva de algunos de ellos.

Especialmente singular fue la evolución experimentada a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando las hermandades montoreñas, incluidas las de gloria, adoptaron jurídicamente la forma de sociedades laicas, un fenómeno excepcional y, según la documentación conocida, único en el panorama cofrade nacional.

La Guerra Civil supuso una profunda ruptura. En 1936, buena parte del patrimonio acumulado durante siglos por las hermandades fue destruido. Finalizada la contienda, en 1939 comenzó una rápida reorganización del movimiento cofrade, iniciada por las hermandades de Jesús Nazareno y Santo Entierro, a las que seguiría la Vera Cruz.

En 1941 se reorganizaron también los tradicionales soldados romanos, recuperándose progresivamente uno de los elementos más característicos de la Semana Santa montoreña.

Las décadas siguientes conocieron una importante ampliación del panorama penitencial. Durante los años cuarenta se creó la Cofradía de Jesús en Jerusalén; en 1948, la Cofradía del Cristo de los Estudiantes; en 1951, la del Cristo de la Flagelación; en 1962, la del Cristo de las Penas; en 1966, la del Señor Resucitado, y finalmente, en 1991, se fundó la Cofradía del Cristo de la Humildad.

Montoro coloca la primera piedra del futuro espacio cultural destinado a las hermandades de la localidad.

Junto a las hermandades penitenciales, resulta imprescindible mencionar las cofradías de gloria, algunas de extraordinaria antigüedad. La más antigua de las actualmente existentes es la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, fundada en 1535. En fechas igualmente tempranas debieron encontrarse ya en funcionamiento las devociones organizadas en torno a Nuestra Señora de la Fuensanta y Nuestra Señora de la Cabeza.

Aunque muchas de las antiguas corporaciones desaparecieron con el transcurso de los siglos, Montoro conserva actualmente un amplio y diverso tejido religioso. Junto a las históricas hermandades permanecen o se han establecido la Cofradía de los Patronos, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de Fátima, San Fernando, Nuestra Señora del Rocío, Nuestra Señora de la Fuensanta y Nuestra Señora de la Cabeza, además de la celebración y organización del Corpus Christi.

Todo este recorrido permite comprender que las cofradías montoreñas son mucho más que una sucesión de procesiones. Constituyen el resultado de siglos de religiosidad, transformaciones sociales, pérdidas, recuperaciones y transmisión entre generaciones. Desde aquellas primeras fundaciones del siglo XVI hasta las hermandades actuales, Montoro ha construido alrededor de ellas una parte esencial de su memoria colectiva y de un patrimonio histórico e inmaterial que continúa vivo en sus calles.

Un espacio para conservar y proyectar el patrimonio

La colocación de la primera piedra supone el inicio de una infraestructura largamente demandada y permitirá a las hermandades disponer de un espacio acorde con la dimensión histórica, cultural y patrimonial de su actividad.

“Las cofradías montoreñas son mucho más que una sucesión de procesiones”, ha señalado la alcaldesa. “Son el resultado de siglos de religiosidad, de transformaciones sociales, de pérdidas y recuperaciones y, sobre todo, de una transmisión entre generaciones que ha permitido que este patrimonio continúe vivo”.

El Ayuntamiento de Montoro considera que el futuro edificio contribuirá a reforzar esa transmisión y a preservar un patrimonio que forma parte esencial de la memoria colectiva de la localidad, al tiempo que permitirá mejorar las condiciones para el desarrollo de las actividades de las hermandades.

La primera piedra colocada este pasado viernes simboliza, de este modo, el comienzo de un proyecto que mira al futuro sin olvidar una historia cofrade que hunde sus raíces en el siglo XVI y que continúa siendo una de las principales expresiones de la identidad cultural y social de Montoro.

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