Miguel Amate, la fuente inagotable del Carnaval

Miguel Amate posando para CORDÓPOLIS en la fuente de la Piedra Escrita | ÁLVARO CARMONA

En tiempos en que la sinceridad es un bien escaso; en que apenas existe compromiso cierto; en que la palabra poco importa; en que la valentía es virtud olvidada... En estos tiempos de honestidad casi ausente es dramática la pérdida de aquellas personas que la defienden y convierten en su modo de vida. Quizá por este motivo sea más difícil el adiós a quien un día agarrara a la realidad de las solapas para nunca soltarla. Siempre desde los versos, como corresponde y tanto agradecen no pocos -o mejor dicho, muy muchos- que entendieran o aprendieran a querer el Carnaval gracias a él. En Córdoba está triste Don Carnal, ahora que vuelve a ser el protagonista, pero realmente rota una fiesta y su gente con el adiós de Miguel Amate Escudero. Porque entre suspiros se les escapa quien fuera, es y va a ser uno de sus mayores referentes.

“No hay nada más poderoso que el poder de la palabra”. Probablemente muchas otras afirmaciones le puedan describir mejor pero a buen seguro ninguna otra le definen tan a la perfección. La pronunció entre otras muchas en la entrevista N&B que unos años atrás, allá en 2016, ofreció a CORDÓPOLIS. Entonces como siempre, ante dos totales desconocidos -en lo periodístico y lo personal-, mostró el torso desnudo para decir lo que pensaba. Sin guardarse nada. Nunca fue de dejar pensamientos en el cajón y aún menos de enseñarlos sólo en parte. Miguel Amate era así. Directo pero elegante. Sutil a veces, menos compasivo otras. Poeta y músico. Artista y hombre. Sin componendas del más mínimo tipo: fue él, gustara o no. La aprobación ajena poco le importaba. Era suficiente con la propia y la de sus más queridos. En el Carnaval como en la vida.

Fue con sólo 17 años cuando Miguel Amate Escudero (Córdoba, 1962) se adentró en un mundo del que ya jamás quiso exiliarse. Y tuvo motivos más de una y dos veces para desear el viaje a ninguna parte pero lejos. Cómo despegarse de la palabra. Ya en su tramo final de adolescencia comenzó a caminar en el Carnaval. Contempló la mano tendida de otro grande como Pepe Martínez y la apretó. Con él anduvo en Cádiz, lugar que después hizo suyo, en 1981 con ‘Los dandis del Carnaval’ y en 1982 con ‘Títeres’. Su ciudad, esa Córdoba que siempre llevó impresa en el corazón, estaba huérfana de Concurso de Agrupaciones. En 1983 llegó la primera edición y dos años después salió su ‘Mascarada’, si bien fue ‘Fantasía cordobesa’ en 1986, la que quizá estableció su definitiva ligazón con un certamen del que, como puede verse, fue pionero.

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Corrían los tiempos de Montero, San Agustín y Campo de la Verdad; de Pablo Castilla o Antonio Navajas Pelos -padre-; de los veteranos y los jóvenes; del Carnaval propio como bandera. Eran los años en que los aficionados otorgaban su respeto a la fiesta en casa y no tanto fuera. Aquellos días, que ojalá no muy tarde vuelvan. Miguel Amate ya lograba un hueco como autor y director en la celebración de febrero. Su firma ganó prestigio con su pasión pero sobre todo con su habilidad para contar y cantar. Vinieron después ‘Regalando sensaciones’ (1987), ‘Luces de bohemia’ (1988), ‘Viendo la vida pasar’ (1989), ‘Tradición que aún deja huella’ (1990), ‘Samurai’ (1991), ‘Ilusión’ (1992), ‘Sin ti no sé lo que haría’ (1993), ‘Córdoba’ (1994), ‘Comedia’ (1995), ‘El pianillo la Coja’ (1996), ‘El remedio pa tus males’ (1998), ‘Corazón de plomo’ (1999)… Y encaró el nuevo siglo con idéntica pasión y energía. O quizá más.

Entre el XX y el XXI, ‘Los últimos bandoleros’ fueron al asalto del Gran Teatro Falla. “Mis nenes del año 2000 eran espectaculares: el Taleguilla, el Agüito o el Fleky. Se tiraban las horas cantando y un día me dijeron que querían ir a Cádiz y, como eran más listos que el hambre, me dejaron a mí la toma de la decisión. Pero les dije que estaban locos y que cómo íbamos a competir allí con lo fácil que lo teníamos en Córdoba porque lo dominábamos. Pero me dije: como no vayamos, dentro de diez años dirán que no fuimos a Cádiz porque Miguel no quiso. Así que les dije… ¿A mí me vais a vacilar? Vámonos a Cádiz”. Así relató Miguel Amate el inicio de la aventura en la Tacita de plata, que le reportó hasta 2011 una infinidad de aplausos pero también un buen puñado de disgustos. Lo contó en su N&B a CORDÓPOLIS de 2016. Aquella entrevista en que recordó… “Aquel año fue terrible. Lo que a mi gente y a mí pudieron decirnos no fue normal”. Hizo referencia a una corriente crítica que por momentos se tornó en amplia incomprensión hacia un grupo que terminó por convertirse en la admirada Comparsa de Córdoba, que además abrió el camino.

Y siguieron ‘Llegan los trotamundos’ (2001), ‘Alma en pena’ (2002), ‘La vieja banda’ (2004), ‘Los argentinos’ (2006), ‘Los tontos de la tinta’ (2007), ‘Los quintos’ (2008), ‘Los del más pallá’ (2009), ‘Los malaventurados’ (2010) o ‘Los molto contenti’ (2011). Eran los tiempos en que desde la Tacita de plata se atrevían a afirmar no pocos que la Comparsa de Córdoba “suena más a Cádiz que muchas de Cádiz”. En el Gran Teatro Falla preguntaban hasta hace sólo unas semanas qué era de esa agrupación, de su autor. Mientras, algunos de sus “nenes” se preparaban para un año más continuar con su trayectoria con nombres propios: los hermanos Rafa y José Manuel Aranda -dícese Taleguilla y Paty-, Manolo Ruiz o David Amaya Agüito -cordobeses de Cádiz igual que gaditanos de Córdoba- o Rafa Rojano. Pero el último conjunto, el italianini, supuso un punto y aparte para Miguel Amate, que oficialmente -y sólo oficialmente- escondió la pluma y la guitarra. Aunque nunca lo hizo. Le era imposible.

Su retiro, oficioso cabe insistir, acabó en 2016 una vez se separaron los caminos de la Comparsa de Córdoba. Regresó con la fuerza de su particular manantial y lo hizo en su tierra. La misma que tuvo oportunidad de disfrutar de ‘Piedra Escrita’, una auténtica autobiografía del autor y director. “Bendita la fuente de la Piedra Escrita / por tantos momentos que me ha regalao / bendita su agua y que cristalina / refrescó las noches de mis desamparos”. Sonaba a Córdoba, sonaba a Miguel Amate. Fue primer premio, que no logró repetir en 2017 con ‘La comparsa del loco’. Ésta fue la última autoría que oficialmente rubricó y defendió. Sólo dos años antes de que el Carnaval de su ciudad le hiciera justicia al convertirle en pregonero. En 2019 extasió en el Gran Teatro hecho poeta sin música -si bien la hubo, como es lógico- con un montaje que, con ayuda del actor y dramaturgo Juan Carlos Villanueva, difícilmente va a tener parangón.

Aquella tarde regaló su última presencia pública a gran escala. Entonces ya llevaba no pocos años de lucha contra un cáncer al que se enfrentó como a la vida y al Carnaval: a pecho descubierto. Con el amor de los suyos, sobre todo su inseparable Pepa, y la admiración a perpetuidad de todos los demás. Hasta que el viernes terminó su camino. Ahí junto a la Piedra Escrita, donde se entremezclan San Agustín, Santa Marina y San Lorenzo. Ahí donde nació, vivió y bebió inspiración para que otros también lo hicieran después. Porque Miguel Amate parte de esa fuente en que él se convirtió, inagotable, para los copleros de la ciudad y de otras. Porque Miguel Amate fue aquel Niño de la Piedra Escrita, por mucho que también el Loco. Porque Miguel Amate manó como el agua en forma de verso infinito. Ahí, de donde nunca quiso salir.

Nota. En la transición del 9 al 10 de febrero de 2018 la comparsa ‘La tartana’ cantó el pasodoble ‘Conozco dos generales’ en la final del Concurso de Agrupaciones. Escribió Pablo Castilla, pionero y otra figura fundamental, una letra memorable para el propio Miguel Amate y Paco Luque, otro nombre esencial. Sus dos rivales pero amigos, como ellos, le plantaban cara al cáncer. La madrugada del 5 de febrero de 2019, poco antes de comenzar la fiesta en Córdoba, falleció Luque. Días después llegó el Pregón. El viernes, 7 de febrero de 2020, se perdió a Miguel Amate. Macabro capricho del destino para el Carnaval de Córdoba, que despidió a dos de sus tres altos mandos casi sin darse cuenta y con el repertorio a punto de ser lanzado. Vaya por ellos y por quien les reconoció y reconoce.

https://www.youtube.com/watch?v=zBCIqNtxNJ8

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