A salvo tras la tempestad

Los jugadores del Córdoba celebran un gol esta pretemporada | CHARO TOBAJAS/CÓRDOBA CF

Siete son los días, uno tras otro y si se incluye este domingo, que tiene por delante. Es el tiempo que le resta para comenzar otro desafío. El reto vuelve a ser complicado, tal y como sucediera cuando llamara por vez primera a Sandoval. El técnico madrileño es el elegido para dirigir la nave después de que casi dos meses antes fuera descartado. Una circunstancia ésta que bien sirve para resumir la rareza de la pretemporada que atrás queda de un Córdoba preparado para luchar tras sanar sus heridas. Vicisitudes sorteadas, si bien todavía faltan algunas por superar, el conjunto blanquiverde encara el inicio de la temporada 2018-19 con un leve optimismo. O al menos con sensaciones más positivas de lo que pudiera esperarse semanas atrás. Así es gracias a los últimos duelos estivales, que arrojan luz contra las sombras. La irrupción de canteranos en un conjunto con escasez de recursos y la solidez del equipo son las notas destacadas del período de preparación para la nueva campaña.

De todo ha tenido esta pretemporada para el cuadro califal, que ha vivido la renuncia de su entrenador antes de arrancar el campeonato. Unos días después de cumplirse su primer mes como preparador del Córdoba, Francisco Rodríguez decidió abandonar. Su dimisión en realidad no fue tal, ya que el club también entendió que lo mejor para todos era poner fin a la relación con el almeriense. Fue entonces cuando José Ramón Sandoval regresó a El Arcángel, el estadio en que a principios de junio celebró una gesta memorable: una salvación que la mayoría, en la ciudad y lejos de ella, creían era imposible. El de Humanes asumía la responsabilidad de devolver a su normal tránsito por el mar a un navío a la deriva. De entrada, ha logrado restituir la calma al vestuario y a la afición, que refuerza su fidelidad sabedora ya de que la temporada va a ser más compleja de lo deseado.

¿Quién iba a imaginar que el Córdoba no podría fichar? Probablemente nadie, pero el límite salarial impide aún realizar incorporaciones. Un problema visto no mucho tiempo atrás como un obstáculo imposible de saltar y hoy por hoy como otra oportunidad de demostrar la capacidad de superación que tienen la entidad califal y sus seguidores. Y todo es en virtud a una plantilla capaz de sobrevivir en pleno temporal. La misma que partió hacia Los Ángeles de San Rafael para arrancar una pretemporada que se ha sellado casi a golpe de improvisación pero de modo positivo dadas las circunstancias. Una segunda concentración en Montecastillo, en Jerez de la Frontera, surgió de pronto para continuar lejos de la canícula cordobesa. Fue la antesala de la tormenta mayor. Tras pasar por tierras gaditanas llegó la sacudida con el adiós de Francisco. Ahora, todo parece quedar en el olvido.

Las perspectivas son mejores gracias a aquello que llaman sensaciones. Lo que dicen siempre, dentro y fuera del campo, que es importante en período estival. El comienzo fue agradable, con un empate ante el Celta (1-1). Firmar tablas con un rival de superior categoría siempre es alentador. Entonces, el Córdoba comenzaba a buscar opciones en ataque debido a la ausencia de referencias significativas. Jovanovic fue el elegido y Jaime Romero se reivindicaba. Ya durante los días en Montecastillo, el cuadro califal venció al Sanluqueño en un partido sin lustre pero con resultado favorable (0-1). Si lo uno falla, la imagen, no está de más que lo otro, el marcador, sea bueno. Y viceversa. En La Línea de la Concepción se produjo el primer tropiezo y las nubes volvían: cayó el conjunto blanquiverde por 1-0.

El panorama era oscuro, pero el golpe de timón del club permitió retomar el rumbo de momento. El equipo lo ha recuperado definitivamente, o eso hace indicar la realidad actual, de mayor tranquilidad, con la llegada de Sandoval. De la mano del madrileño el Córdoba se impuso al Recreativo (0-1) y al Marbella (0-2). En los dos encuentros la actuación global fue solvente. El desenlace para la extraña pretemporada no fue el deseado en cuanto al resultado, pero sí en relación a las sensaciones -otra vez-. Los califales cedieron ante el Málaga (1-0), uno de los gallitos de Segunda A la próxima campaña, en un duelo en el que sin embargo fue mejor en el cómputo general. Faltó el gol, y el triunfo.

Tras el tortuoso periplo veraniego, el Córdoba encara ya el cada vez más cercano inicio del campeonato de Liga con ilusión renovada. Reflejo quizá de la irrupción de jóvenes talentos de la cantera blanquiverde. Descartado por Francisco, Andrés Martín agradeció la confianza de Sandoval con dos partidos notables y dos goles -uno ante el Recreativo y otro ante el Marbella-. Que faltan delanteros con rol importante dentro de la categoría, pues al rescate vienen los chavales. El sevillano, a sus 19 años, llama a la puerta del primer equipo por mérito propio. Aunque su estreno se puede producir más tarde de lo previsto dada la sanción que arrastra desde el dramático encuentro entre el filial y el Mérida la anterior campaña. Su situación se debe conocer todavía en la semana entrante, después de que el club acudiera a la Federación para resolver su duda al respecto. Lo mismo sucede con Quiles -y con Marcos Lavín-.

El onubense es otro de los jugadores del B que, en su salto a la primera escuadra, va a gozar de oportunidades. Pero entre las promesas que apuntan a crecer durante el curso 2018-19 se encuentra mucho más Sebas Moyano, quien parece que por fin va a tener la recompensa a tanto esfuerzo. Y en su caso también a tanto padecimiento con la anterior propiedad. El canterano, y él lo es en el sentido más estricto de la palabra, fue de menos a más en la pretemporada, que cerró con una actuación sobresaliente y un gol. El de Villanueva del Duque brilló ante el Marbella, al que marcó para certificar la victoria califal. Su explosión y el descaro de Andrés Martín son bienvenidos en un Córdoba que, a pesar de todo, espera reforzar su delantera. Por otro lado, siempre es importante recordar la necesidad de dosificar el talento joven para no ajarlo de manera prematura. Lo sabe bien Sandoval, que hizo lo propio con Álvaro Aguado.

Sin embargo, el paso al frente de los chicos del filial no es el único apunte positivo que ha dejado la pretemporada. También está, y no es menos valioso, la imagen de orden y solidez del conjunto blanquiverde en la mayoría de sus encuentros. El mejor ejemplo de este hecho se halla precisamente en el último choque de preparación. El Córdoba superó en casi todas las facetas al Málaga. Aunque, todo sea dicho, el cuadro de la Costa del Sol se enfrentó a los califales con un once salpicado de teóricos suplentes. Con todo, el equipo ha echado la persiana al período estival con un balance de tres triunfos, un empate y dos derrotas y, mucho más reseñable, apenas tres goles en contra. Cierto es que sólo ha anotado cinco. Los números hablan por sí mismos, en la sobriedad defensiva está la clave.

Mientras no haya gol a favor, que tampoco Kieszek sea batido. Ésta es la premisa sobre la que trabaja el Córdoba, que desde la llegada de Sandoval ha recobrado poco a poco sus señas de identidad en el tramo final de la pasada campaña. La solidaridad es la base del mástil, las velas bien pueden considerarse la seriedad, la concentración y la libertad en ataque. El conjunto blanquiverde trata de componer un estilo claro y reconocible en el que todos defienden y también todos pueden mirar a la portería rival, siempre sin perder el equilibrio. A partir de ahí, busca su nuevo destino contra la lluvia de los contratiempos. Aún resta mucho por avanzar, pero al menos el cuadro califal está a salvo tras la tempestad. Que no es poco, visto lo visto, de cara al nuevo curso.

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