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El abanico de posibilidades deportivas en Córdoba es realmente amplio. Son miles y miles las personas que, de manera completamente altruista, dedican su esfuerzo, su tiempo y, en no pocos casos, su dinero al desarrollo de su pasión, en este caso, a través del deporte. Muchos de ellos, además, alejados de las disciplinas más masivas, deben pugnar por sobrevivir en un ambiente cargado de competencia. Son los deportes minoritarios que, de un modo u otro, tienen hueco igualmente en la ciudad y que también son parte imprescindible del progreso de la cantera cordobesa. En el caso de la esgrima, el Club Almedina es uno de los referentes en lo que a divisiones base se refiere.

La propia Real Academia de la Lengua define a la esgrima como ese “arte o deporte que consiste en el manejo de la espada, el sable o el florete para tocar al adversario y defenderse de sus ataques”. Una modalidad surgida de una práctica milenaria. De la histórica a la deportiva, y siempre con el cuerpo a cuerpo como cauce principal. Es más, la esgrima comienza a asentarse como deporte a finales del siglo XIX, cuando las armas blancas ya no se destinan a la defensa personal. En lo que a la ciudad respecta, la tradición original se remonta a finales del pasado siglo, aunque fue en la década pasada cuando vivió un punto de inflexión importante, principalmente en cuanto al desarrollo con la cantera se refiere.

Fue en el año 2014 cuando nació el Club Esgrima Almedina, con el propósito de ofrecer una nueva alternativa a los más pequeños para practicar dicha disciplina. Su origen tiene lugar tras la escisión de una parte de los componentes de otro club, en concreto, la cantera, dando paso a esta nueva entidad. “Se quedaron los mayores en un sitio y la cantera en otro”, recuerda Emilio Quintela, presidente y entrenador, quien, además, especifica que sus primeros pasos los dio en el colegio que da nombre al equipo, aunque solo uno año después ya se trasladaron al Colegio Virgen del Carmen, la que ha sido y es su casa desde entonces.

Él es uno de los que mejor conoce cómo ha sido la evolución del esgrima en la ciudad, y tal que así expone que “hubo mucha tradición en los 70, aunque ya en los 90 se perdió. A mí me pilló siendo joven y no tuve la ocasión, y luego ya empecé siendo mayor, ya no se trataba de ser un deportista de élite, sino de hacer otro papel en la esgrima”.

Y esa pasión que desprende el dirigente, y que trata de transmitir a todos y cada uno de sus alumnos, se palpa en el momento en el que pisas el suelo del colegio. Miradas al frente y movimientos al unísono de las directrices. Toca empezar otra jornada de trabajo, no sin mucho disfrute de por medio. Son las dos claves principales, en definitiva, para cumplir el objetivo del club, que no es otro que promover dicha práctica entre los más jóvenes. En este sentido, Quintela admite que el club “ha evolucionado mucho y bien”, destacando a su vez que, a día de hoy, lo que “está funcionando mejor es el equipo femenino de florete”, las cuales “están en unos niveles muy buenos”.

De hecho, cabe puntualizar que la entidad ha obtenido recientemente unos resultados históricos. Fue en la II Copa de Andalucía celebrada en Almería, en la que el Club Almedina copó las tres posiciones del podio en cadete y júnior de florete femenino, además de conseguir un segundo puesto en infantil en espada masculina. Por tanto, dominio claro a nivel autonómico.

“Ahora mismo nos encontramos en una magnífica posición, sobre todo a nivel andaluz”, expone Alberto Martínez, ayudante del maestro de artes, quien a su vez puntualiza que “a nivel nacional sí que estamos aún luchando un poco más, aunque nuestros deportistas están bien situados y, como se suele decir, gozan de buena salud”. Asimismo, Martínez destaca “la constancia” como gran virtud del conjunto cordobés, ya que “la esgrima es un deporte relativamente sencillo para todo aquel que empieza nuevo, entonces eso hace que la gente siga viniendo y practicando, y luego ese sentimiento de equipo en la gente que, aunque es un deporte individual, se acaba creando ese sentimiento”. 

Se acaba una nueva sesión y es hora de recoger las armas, las caretas y demás indumentaria. Un saludo entre todos sirve como despedida y como broche a un esfuerzo compartido, el de seguir peleando y disfrutando del deporte que te apasiona. Solo así se entiende su propia supervivencia en el tiempo. Del que quiere recoger del pasado para trabajar en el presente y triunfar en el futuro. En una disciplina en la que defensa y ataque se han hecho arte.

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