No trates de entenderlo

Jugadores, técnicos y aficionados, en comunión | MADERO CUBERO

Otra tormenta. La enésima en los últimos días. Llueve de manera intensa. Acompaña un viento poco amistoso. Es la hora de comer. Desapacible es el domingo. Pero, como suele suceder, poco importa. Mucho menos en las circunstancias actuales. Un hombro requiere otro a su lado. Y éste uno más. Así hasta conformar una marea incontrolable. Más impetuosa y peligrosa que la que pueda provocar cualquier torrente de agua. El abrigo abrochado hasta la garganta, la bufanda anudada al cuello, gorro en la cabeza y paraguas enganchado al brazo. Comienza el camino de los valientes. El que termina en el templo hasta hace poco en ruinas y ahora de nuevo repleto de ilusiones. Aunque éstas sean tan humildes que duela recordarlo.

A las seis de la tarde, el caudal rompe la calma. Minutos antes, la lluvia vuelve a hacer acto de presencia. Es desagradable la tarde. Pero da igual. La hora señalada es la hora del latido hecho letra por Manuel Ruiz Queco. Miles de gargantas la entonan al unísono. Es un ritual. Es el reflejo de la pasión. Es la voz incontenible del corazón. La esperanza permite soñar, los sueños hacen volar. Y en el vuelo vibra El Arcángel. El estadio está a rebosar. Igual que en anteriores citas según la cifra oficial. Mucho más a la vista del que ocupa un asiento en la grada. Una nueva aventura está por arrancar.

Parece mentira, pero el Córdoba es antepenúltimo. Ve la permanencia a diez puntos antes de volver a rodar el balón. Sólo suma siete victorias en veintinueve partidos. Es la peor temporada en Segunda A que se recuerda por estos lares. Sin embargo, el estadio es al fin una caldera. Da la sensación de que el conjunto blanquiverde luchara por el ascenso. Nada más lejos de la realidad. La ansiedad crece entre tanto. Hasta que llega el gol. Sergi Guardiola, ¿quién si no? Con el corazón en el pecho acaba el encuentro. También con cánticos de apoyo a los guerreros califales. El infarto está más cerca. Qué más da. Cuando son los sentimientos son reales, resultan un tornado también. Bien pudiera advertirse al foráneo que ésta es la historia escrita desde las entrañas. Díganselo: no trates de entenderlo.

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